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Psicoterapia Breve: Un Abordaje Ecléctico – Parte 4


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

4. Psicoterapia breve: las primeras consultas

La primera consulta en nuestra especialidad es la más importante de todas.
Inicialmente hemos de hacernos conocer sin que eso implique cualquier procedimiento exhibicionista. Hemos de ser como somos y ver cómo aquel determinado paciente reacciona a nuestra forma de ser. Está claro que cuando somos personas sinceras y razonables ocurrirán más simpatías que antipatías. Aún así, podrán suceder desaciertos, lo cual probablemente habrá de manifestarse en seguida, ya que el paciente no retornará. Hemos de hacernos confiables, dignos de las confidencias que escucharemos. Eso, como he dicho, se hace automáticamente. ¡Se hace fácilmente confiable quien es, de hecho, confiable!

Oír una historia de forma tranquila, sin dejar de emocionarse, pero al mismo tiempo sin sorprenderse demasiado, es un arte. La impersonalidad del terapeuta no es mi postura y en eso estoy plenamente de acuerdo con la psiquiatra norteamericana J. Halpern que escribió un interesante libro sobre la empatía. Es preciso tener dominio de las propias emociones, pues emocionarse implica vivir la historia que se está escuchando, exactamente cuando nos ocurre cuando vamos al cine. No obstante, es preciso de vez en cuando salir de la situación de empatía hacia un momento de reflexión y ponderación, comunicada o no al paciente, según lo consideremos necesario y oportuno. Jamás debemos proceder de modo que conlleve juicios de valor. El buen terapeuta no es un juez, pese a tener sus valores. Tiene que respetar el modo de ser del paciente.

Es preciso cuidado para no hacer observaciones precipitadas, aunque fuesen muy apropiadas, agudas y correctas. Muchos pacientes he perdido yo por haber sido demasiado “eficiente” en la primera entrevista, diciendo cosas que les sorprendieron hasta tal punto que jamás volvieron. Cuando reviso, con calma, esos procedimientos míos, observo que han estado a servicio de mi propia vanidad, de querer demostrar cómo era yo competente y rápido. Demasiado rápido para el gusto de determinados clientes. Rápido e ineficiente, ya que el paciente se ha marchado. Es preciso serenidad y paciencia, para hablar las cosas de forma adecuada y en el momento oportuno. Es evidente que no existe la menor posibilidad de que jamás nos equivoquemos. Sólo no se equivoca quien no hace. Por cierto, los críticos de la empatía como proceso a través del cual el terapeuta se envuelve y se emociona, dicen que tal procedimiento aumenta el número de errores debidos a una eventual implicación excesiva del profesional. Tal vez sea verdad. Sin embargo, pienso que se equivoca más aquel que, acobardado, prefiere el distanciamiento que impide el pleno contacto con el alma del paciente.

De todos modos, la primera consulta sirve para el mutuo conocimiento y también para que se construya un proyecto de trabajo. Para una mejor marcha de ese encuentro fundamental, lo interesante sería que pudiésemos disponer de un tiempo variable, y no fijado en 45-50 minutos. Lo ideal es que la primera consulta termine después de haber construido el plan de tratamiento. Si eso no fuese posible, lo haríamos en el próximo encuentro que, de hecho, será la continuación del primero. El proyecto deberá construirse de común acuerdo. Cuando se piensa en psicoterapia breve pensamos en algo así como 25-30 consultas, en general semanales. O sea, algo así como seis meses de tratamiento. Un proyecto definido de trabajo se hace indispensable, toda vez que la tendencia de un trabajo amplio y abierto como un abanico es a durar por mucho más tiempo.

El terapeuta establece los aspectos que le han parecido más relevantes de todo lo conversado y propone que se siga un determinado camino. Deberá escuchar lo que el paciente tiene para decir, si él considera adecuadas las observaciones que oyó, si de veras le parece que la problemática levantada por el terapeuta es la que más le incomoda. Es preciso siempre estar disponible para escuchar al paciente de igual para igual y no de la forma autoritaria que suele ser la postura de tantos malos terapeutas. No se trata de la imitación de la relación padre-hijo, sino de algo más nivelado, en que la única diferencia consiste en el hecho de que el terapeuta tiene más conocimiento y experiencia para lidiar con los temas en cuestión. El autoritarismo del terapeuta tiene que ver con la arrogancia intelectual que tienen muchos por creerse parte de un grupo de elegidos, los miembros de esta o de aquella “secta”. Nada es más deprimente que presenciar la altivez de quien parece que no tiene, no ha tenido, y jamás tendrá problemas semejantes a los de sus pacientes.

Muchas son las veces en que el relato del paciente muestra la existencia de más de un problema. Por ejemplo, un hombre puede tener una disfunción sexual y también problemas en la relación amorosa con su esposa. Puede tener la disfunción sexual, ser soltero y tener problemas de orden profesional, económico, estar frustrado en otros aspectos de la vida social, etc. Puede ser tímido o agresivo con las mujeres. Y así sucesivamente. Si tenemos que elegir un tema para trabajar, pienso que lo más razonable es tratar la disfunción sexual, toda vez que es posible que muchos de los otros problemas tengan directa o indirecta relación con ese. Y más, que la solución de ese problema venga acompañada de progresos espontáneos en otras áreas. Así, se conversa claramente con el paciente sobre el hecho de que exista más de una dificultad, de que hay que cerrar el abanico y enfocar uno sólo de los aspectos como el fundamental, porque si no el tiempo de duración de la terapia podría alargarse demasiado – y aun por encima, eso podría implicar pérdida de eficiencia y menor posibilidad de obtener algún resultado en cualquiera de las áreas de conflicto, e incluso en un trabajo a más largo plazo.

No siempre la resolución de aquel problema específico implica el final de la terapia. Es más, el término terapia breve significa más que nada la disposición práctica para buscar resultados. No es obligatorio que termine al llegar a la resolución del problema principal que trajo al paciente al trabajo psicoterapéutico. Muchos quedan tan encantados con el procedimiento terapéutico que se disponen a prácticas más largas. Estaríamos frente a un falso dilema, como sería el del análisis terminable o interminable. Pienso que es deber del terapeuta avisar al paciente de que los principales objetivos propuestos al principio han sido alcanzados y que, de allí en adelante, se está pasando de la fase de trabajo que había sido programada, para otra más genérica. Cabe al paciente decidir si quiere continuar a intercambiar vivencias con su terapeuta o si prefiere continuar sin ese tipo de intercambio. Cada caso es un caso y no nos corresponde decidir el destino de la otra persona. A fin de cuentas, somos meros consultores y no tenemos ningún tipo de poder o autoridad.No deseo alargarme aquí en la descripción del proceso de construcción de proyectos terapéuticos, porque éstos dependen de cada problema y también de cada tipo de paciente. Algunos son más verbales y gustan de reflexiones psicológicas y filosóficas amplias. Otros son más directos y prácticos y quieren ir en busca de resultados de forma más objetiva. Es importante respetar el modo de ser del paciente y no imponerles siempre el mismo procedimiento. Cuando menos en parte, es preciso bailar según la música. Tal vez algunos aspectos de lo que he escrito hasta aquí se hagan más claros a medida que los ejemplifiquemos por medio de algunos casos clínicos, aunque genéricos.
Ello significa que no hablaré de este o de aquel paciente en particular, sino de tipos genéricos construidos con base en mi experiencia con miles de personas.


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Flávio Gikovate é um eterno amigo e colaborador do STUM.
Foi médico psicoterapeuta, pioneiro da terapia sexual no Brasil.
Conheça o Instituto de Psicoterapia de São Paulo.
Faleceu em 13 de outubro de 2016, aos 73 anos em SP.
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