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6 Elementos que tienen que estar presentes en una relación afectiva


Autor ROBERTO DANTAS
psicoterapeuta@outlook.com.br

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

La forma en cómo se ha organizado la sociedad contemporánea a lo largo de las últimas décadas, ha favorecido por una parte la expresión de las diferencias entre las personas, pero por otra ha aumentado la importancia y el foco de las personas en sí mismas, dando lugar así a una especie de narcisismo.

Estando cada persona enfocada en sí misma y guardando su individualidad como su mayor patrimonio, tiene que preservarla a toda costa y así, a la vista de alguna amenaza, el individuo lucha con todas sus fuerzas para protegerla.

En cualquier relación es imprescindible la donación, la libertad, el respeto, la seguridad para la expresión de su individualidad. Pero estando en primer lugar la individualidad narcisista, cuando hay diferencias personales en una relación, la tendencia es a desistir para proteger su individualidad, pues ésta no puede ser amenazada en forma alguna. Así se produce el aumento de divorcios y de las relaciones no estables, estilos de relación que son vistos como avanzados, progresistas, modernos; y al ser estimulados por la sociedad, también se les atribuye mayor calidad, pero desde el punto de vista afectivo y psíquico, vemos que no es exactamente así.

Esta indiferencia en cuanto a la importancia de una relación sólida, sea familiar, profesional o entre amigos, está cada vez más presente. Un proyecto de relación estable y sólida se mira como una relación en la cual falta la libertad, y por tanto como algo sin importancia, fruto de una sociedad conservadora. Pero en las relaciones afectivas entre dos, siendo una relación en la cual dos personas están muy cercanas afectivamente y por tanto más expuestas la una a la otra, acaba siendo la más afectada.

“En otras palabras, la forma de vivir de hoy hace cada vez más difícil llevar adelante un proyecto de vida entre dos, mantener una relación.”

Siendo la expresión de la individualidad el punto más importante de la vida en la sociedad actual, se deja en un segundo plano la importancia de una vida compartida. Ésta incluso puede llegar a producirse, pero se mostrará frágil cuando surjan las primeras diferencias o algún posible momento en que uno tenga que ceder en favor de la relación, lo cual sería mirado como bloqueo a la expresión de su libertad, de su individualidad y así, fatalmente, el “contrato afectivo” entre ambos tenderá romperse y el compromiso afectivo quedará deshecho.

Siendo así, cada vez son más raras las relaciones duraderas, y peor aún, éstas ya nacen frágiles, pues ya cuentan con la posibilidad de llegar al fin. Como si fuese inconcebible vivir la vida entera con una misma persona, y ahí las frases como “si no sale bien, te separas” trasparecen consciente o inconscientemente.

Pienso que existe, en el ser humano, una vocación para una relación estable, pues todos nosotros la anhelamos en el fondo del alma, incluso aquellos que afirman que no. Digo esto porque he notado a lo largo de los años en mis consultas clínicas, que incluso alguien que entra en una relación ya con la idea de que no será para siempre, y estando seguro de que llegará a relacionarse con varias personas a lo largo de la vida, sufre cuando se produce una separación.

O sea, la persona desea una relación estable, segura, pero ésta siempre corre hacia el fracaso, ya que es un acto conservador, retrógrado, ciertamente una influencia externa que tiene más fuerza que el individuo.

Sabemos que, desde el punto de vista afectivo e incluso psicológico, todo ser humano necesita de otro para vivir, y en este sentido la relación y el vínculo afectivo deben ser tales que proporcionen, a ambos, un contexto seguro para expresar sus individualidades y afectividades, con seguridad, libertad y respeto.

A continuación enumero seis elementos básicos de una relación estable, inspirados en la teoría del vínculo del psicoanalista y psiquiatra argentino Pichon-Reviére:

1. Compartir objetivos comunes – Es preciso que haya espacio para los sueños y planes de ambos, o sea, que uno respete las necesidades del otro y se cree un ambiente de incentivo. También es importante comprender que vivir en pareja no significa apagarse en cuanto individuo, por el contrario, una relación afectiva es un lugar de crecimiento y desarrollo personal, de experiencias que no podrían ser vivenciadas de otra forma y funcionan como un trabajo de cincelado en nosotros mismos. Entonces, vivir en pareja sugiere estar en un proyecto común con la otra persona, este proyecto es la propia relación, que necesita ser cuidada, y por ambos…

2. Apertura a las necesidades afectivas fundamentales del otro – Como he dicho en el párrafo anterior, la relación es un proyecto entre dos, tal como un hijo, creado y mantenido por la pareja, por ello es importante que esto se tenga muy claro y también un deseo real de comprender al otro, no sólo sus puntos de vista, su comportamiento, sino además sus motivaciones, su personalidad, un profundo conocimiento y respeto hacia el otro. Es preciso sentir curiosidad sobre el otro y comprender que están ambos en un objetivo común, que no es el final de la jornada sino el propio camino.

3. Presencia integral en la relación – No digo únicamente la presencia física, sino en otras palabras, la afectiva, o sea, estar presente pero con la mente en otro lugar es una conducta poco respetuosa y también irresponsable, pues cuando firmamos un “contrato” de vida en pareja, desde el punto de vista subjetivo asumimos el compromiso de compartir momentos con el otro, compañeros de un viaje que es la propia vida. No olvidando también que la presencia afectiva también engloba la presencia corporal en el sentido de la sexualidad, que forma parte de la expresión de la afectividad en el contexto de la vida en pareja.

4. Preservar y cuidar el propio vínculo – O sea, el vínculo necesita ser cultivado como una planta, riego, cuidados, arado y abonado de la tierra, para que florezca y dé frutos. Con la relación ocurre lo mismo, necesita cuidados, cultivo por medio del afecto, de la convivencia positiva y con ellos la salud emocional, a través del intercambio de afectos.

5. Comunicación constante – Que es la forma en cómo intercambiamos afectos, aparte del físico, o sea, la comunicación, tanto verbal como no verbal, es punto fundamental en cualquier relación. Así, la pareja debe mantener diálogo abierto, franco, con respeto y valoración del otro. ¿Por qué no motivar a tu pareja, en lugar de criticarla a todas horas?

6. Apertura a los cambios – Todos estamos en constante transformación, ya no somos exactamente la misma persona que fuimos hace diez años. Así, debemos tener en mente que estamos creando una vida en pareja y por eso, si tenemos el compromiso y el deseo de que ésta sea perenne, hemos de mantenernos abiertos a los cambios del otro y a los nuestros propios, que serán inevitables, pues cuando las diferencias lleguen a surgir (y con toda seguridad surgirán) podremos transmutarlas, transformando las realidades, juntos.

Estos son sólo seis de los puntos que han de ser priorizados en una relación sólida y constructiva; en siguientes artículos hablaré de otros.



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