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A la luz de la libertad

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 20/12/2018 07:01:18



Autor Bernardino Nilton Nascimento
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Traducción de Teresa
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Nosotros nacemos antes de empezar la vida física, y de la misma manera debemos aprender a nacer para una vida armoniosa con nuestro interior y con el prójimo. Ese nacimiento ocurre a cualquier hora, en cualquier lugar y en cualquier tiempo, podemos nacer a todo momento, la elección de esos renacimientos pertenece a cada cual.
Para vivir plenamente, la compasión tiene que estar presente en nuestros corazones.
Debemos buscar la nutrición de la Luz del Sol, de la Luz del Día y de la Divinidad. Esto se hace por el encuentro de nuestro "yo" interior con Dios. Hemos de tratar de crecer espiritualmente y asumir responsabilidades espirituales, y así, realizar la confesión interior para dar inicio al proceso constante de renacimiento para una vida mejor, meditando en busca del agujero negro que existe en cada uno de nosotros, es decir, "donde creemos no encontrar más que la nada, pero allí está el Todo".

Es preciso sanar las heridas interiores del pasado, trascender el dolor de la conciencia y arrojar de nosotros todo lo que el "yo" interior rechaza; hemos de persistir en poner en práctica la terquedad de la fe, de la certeza. Podemos y debemos hacer lo mejor para nosotros mismos, tal como para el prójimo. La verdad es todo aquello que nos gustaría oír, la verdad no debe ser puesta groseramente a la luz de la razón. Tu verdad no significa que sea la verdadera, o puede no ser la verdad del prójimo. "Analizando bien, cada cual tiene su verdad".
Has de vivir bajo un gobierno espiritual, proveído por las santidades espirituales, pero sin olvidar la parte material, ya que las victorias materiales van a ayudar a elevar tu espíritu y hacer más alegre tu encuentro con los ministerios gubernamentales de las leyes del Universo.
Dios hizo la naturaleza, pero quien ayuda a realizar los milagros, la magia de la vida, somos nosotros. Toda persona puede regenerarse, renovarse, reinventarse y renacer, aunque sea de las cenizas.

Cuando establecemos contacto con nuevas y divinas fuentes de energía, nuestra visión de vida se hace más amplia. "Nuestro amor por la naturaleza humana nos lleva más alto de lo que podemos imaginar". Tener una religión ya significa ser un poco egoístas, ¡creemos que sólo la nuestra salva el espíritu y proporciona una vida mejor! Podemos seguir una religión, pero no debemos competir con las otras. Nuestra religión es aquella que nos hace bien, esto no quiere decir que hará bien a otra persona. "Una de nuestras misiones es desear la felicidad del prójimo, allá donde esté y crea en lo que creyere".
En nuestra naturaleza humana nos han puesto un Ángel y un demonio. No somos definitivamente corruptos, no somos definitivamente crueles, no somos definitivamente materialistas, no somos definitivamente malos. No obstante, necesitamos de la asistencia divina para perfeccionar nuestra vida y recordar el origen de nuestra naturaleza.

No importa lo que haya ocurrido en el pasado, aún podemos encontrarnos con nuestro verdadero "yo", siempre que dejemos espacio para la nueva energía y el nuevo poder divino, debemos equilibrarnos y encontrar la tan deseada elevación espiritual y material. Una vez equilibrados, tranquilos, amorosos y alegres, estará abierta la ventana en nuestras vidas para la entrada permanente de la luz libertadora.
Pero yo soy un ser humano. ¡No soy tan bueno! No, sin duda. Ningún ser humano es lo bastante bueno. No obstante, hay ocultas reservas de la energía divina, disponibles para quien lo desee. Es para lo que renacemos a todo momento, para buscar la bondad, que en algún tiempo, en algún lugar, fue nuestra. La reencarnación no es más que el mapa del tesoro, la bondad, la búsqueda de la sanación interior y el reencuentro con la evolución.

El don de Dios que es dado libremente tiene vida. Esto provoca la pregunta: ¿por qué no aceptamos todos los milagros? La respuesta debe ser encontrada en el hecho de que cada uno de nosotros es único en toda naturaleza. Somos libres. Las flores no necesitan consultar la humedad antes de absorberla, pero tú eres libre y Dios no derribará puertas para imponer su voluntad en nuestro destino. Dios ruega por nosotros mostrando cuánto nos ama. Pero no hará uso de la fuerza, ni siquiera para salvarnos de nuestra propia preferencia miope por vidas mezquinas.
En la certeza de la presencia del poder Divino, debemos retomar nuestra personalidad para el "Yo soy libre", si bien la elección pertenece a cada uno de nosotros. "Cuando los vientos del Universo deciden soplar a favor, hasta nuestros errores salen bien".
BNN


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