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Acerca del Suicidio

por Wagner Borges
Publicado dia 22/10/2008 15:53:24 em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

Llena un vaso de agua por la mitad y muéstralo a dos personas: una dice que está medio lleno, y la otra dice que está medio vacío. Para la mayoría de la gente esto significa lo mismo, pero para la Ciencia Iniciática revela dos mentalidades, dos procesos psicológicos diferentes. Si te fijas en la plenitud, te sentirás repleto; si te fijas en lo vacío serás vaciado. Es una ley mágica: cuando un enfermo no piensa más que en su dolencia, su estado empeora, porque todo pensamiento negativo provoca desagregación. Que piense en la salud, y ese pensamiento lo curará.

Puede ser que te falten muchas cosas, pero si quieres que te falten todavía más, ¡fíjate en esa falta!... Piensa, antes, que tú eres heredero de una inmensa riqueza, y verás todas las mejoras que se seguirán. Por cierto, lo que falta a los humanos no es tanto el dinero, las casas, los coches, sino una filosofía luminosa y divina, capaz de hacerles salir de todas las flaquezas, de todas las dificultades.

Sí, es muy sencillo, extremadamente sencillo. Algunos, sea lo que fuere que se les presente, están acostumbrados a ver el lado bueno de las cosas y de las situaciones, mientras que otros sólo ven los inconvenientes. Bien entendido, unos y otros tienen razón, pero esta "razón" actúa, interiormente, de dos maneras distintas. Desde el punto de vista de la verdad, se puede decir que un vaso está medio lleno o medio vacío, eso no tiene ninguna importancia; pero la acción mágica es diferente. Y es precisamente esto lo esencial. Acostumbrándote a ver las faltas, las lagunas, los defectos, te vas haciendo cada vez más triste, desanimado, agrio. Es lo que pasa cuando alguien se detiene en lo que le falta. Que esas faltas existen, es evidente, ¡qué me vas a decir a mí!... Pero la cuestión no está en eso; la cuestión está en saber trabajar con lo que se posee, para que sea posible mejorar.

Para mostrar a algunos cuánto se equivocan y cuánto daño se hacen a sí mismos diciendo que les falta esto, que les falta aquello, y sobre todo dinero - ¡de la falta del dinero es de lo que todos se quejan más! - yo les diré: "Doy veinte millones; los doy de veras, te doy veinte millones, pero... tienes que darme tus ojos". ¡Oh!, ellos rehusarán, soltando gritos. "Y otros veinte millones más por tus oídos... veinte millones por tu nariz... veinte millones por tus brazos... y otros veinte millones más por tus piernas." ¡Oh la la! Va subiendo, llegamos a los billones. Pues bien, incluso ante esta suma, ellos rehusarán. En ese caso ¿por qué se sienten pobres? Ellos son ricos, sólo que no lo han visto. No lo han visto porque son idiotas, y los idiotas tienen siempre que sufrir, su cabeza tiene que madurar. No soy yo quien lo dice, es la Naturaleza.

La Naturaleza es implacable: puedes gritar, llorar, amenazar, que ella no cambia nada; eres tú quien se tiene que inclinar, obedecer, ponerte de acuerdo con ella. Sí, ella es implacable, irreducible. Dirás que ella es cruel... No, ella sólo piensa en hacer a los humanos inteligentes, bellos y, sobre todo, felices. Pero cuando ve que tienen la cabeza dura... ¿Qué quieres? Es preciso que esas cabezas maduren, y para eso emplea métodos que sólo ella conoce. Cuando la Naturaleza se empeña con alguien, ni siquiera le da explicaciones, dice simplemente: "Yo deseo tu bien y, como no hay otros medios para volverte sensato, soy obligada a servirme de estos." No se la puede censurar.

Acepta esta filosofía que te muestra que eres hijo de Dios, heredero de un tesoro que sólo espera el momento en que seas capaz de apoderarte de él. Lo que hace falta a los humanos es una filosofía, y no otra cosa cualquiera; ellos tienen todo en sí mismos y a su alrededor, y están siempre quejándose. Son cascarrabias - ¡es eso! - siempre cascarrabias, porque les falta una filosofía divina. Por eso es que, cuando veo a alguien encerrado en sí mismo, en sus propios problemas, tengo ganas de decirle: "Pero, mi pobre infeliz, ¿cómo puedes tú ver alguna cosa? Tú no sales, estás siempre encerrado en tu buhardilla. Pasea un poco, para poder ver tu heredad: todos esos bosques, esas montañas, esos lagos, esos ríos, esas estrellas... Llegarás a comprender que posees una inmensidad, que nada te falta."

Los humanos se parecen a aquel que había caído en un lago y gritaba: "¡Agua, agua, dadme agua!" Están inmersos en el océano de la luz cósmica, pero tienen tantos caparazones que esa luz no logra penetrar en ellos. He aquí el actual estado de muchas personas en el mundo: se sienten infelices, se quejan, quieren incluso suicidarse. No consiguen comprender que solamente ellas son las responsables por su estado. La Inteligencia Cósmica no tenía deseo alguno de reducirlas a ese extremo; han sido ellas quienes, al mostrarse tan obtusas, han llegado a esa situación; y se suprimen porque - dicen - ¡la vida no tiene sentido alguno! ¡En realidad, la vida encierra aún tantas posibilidades insospechadas!... ¡Es la mayor de las sandeces permanecer postrado en un rincón, infeliz, en el vacío, por ser incapaz de verlas!

Regresemos ahora a la imagen del vaso medio lleno y el vaso medio vacío. Está claro que, desde el punto de vista de la simple constatación, decirlo de una manera o de otra viene a ser lo mismo. Pero constatar las cosas no es aún la verdadera ciencia. La verdadera ciencia consiste en ver, en nuestra vida, las consecuencias de esta o aquella constatación. Cuando dices que un vaso está medio lleno, fijas tu pensamiento en la plenitud y te acostumbras, así, a ver el lado bueno de las cosas. E incluso cuando te deparas con un acontecimiento desagradable, en vez de llorar horas enteras para "regar el jardín", di para tus adentros: "¡Oh! Existen todavía algunas posibilidades, el Cielo tiene buenas intenciones respecto de mí, quiere que yo desarrolle cualidades que aún poseo. ¿Cuáles son?" Entonces busca... y, cuando las descubras, agradécele por haberte dado esa probación. Es una filosofía muy difícil de aceptar, pero es la mejor. A partir del instante en que empieces a aceptarla verdaderamente, nada más podrá volver a trabarte. Cualquiera que sea la situación que te esté ocurriendo, tú avanzarás, porque estás razonando bien.

Y ahora imagina que los humanos se portan muy mal contigo; durante toda tu vida, por más que hagas, pese a toda tu gentileza, dulzura y bondad, lloverán injusticias sobre ti. Entonces, al final, te parecerá todo tan cruel que te sublevarás contra el Señor e incluso podrás desear poner fin a la vida. ¡Espera!

Todavía queda un punto que no has comprendido bien: ¿por qué sigue el Cielo dándote esas probaciones, siempre las mismas?... Supón que en alguna otra encarnación has sido cruel para con ciertas criaturas. Para demostrarte cuánto daño les has hecho, son ellas ahora quienes, a su vez, te hacen sufrir, pero tú no comprendes que la culpa es tuya. Si así no se respetase - es una ley. Por consiguiente, aunque las "injusticias" por las que pasas sean clamorosas, debes quitarte de la cabeza esa idea de que son injusticias. Porque, en realidad, esas injusticias, visibles y reales, son la expresión de una justicia invisible. Por una razón o por otra, te mereces lo que te ocurre: o bien debes reforzarte y convertirte en un genio, un gigante, un coloso.

Lo que impide a los humanos evolucionar es el pensar que las dificultades o los infortunios son el resultado de una injusticia. Ellos piensan: "El destino es injusto, e incluso el Señor es injusto, yo merecía algo mejor." Y ¿cómo pueden ellos saber si merecían algo mejor? Ellos no se conocen, no conocen su pasado, ni su presente, mucho menos su futuro; por eso ¿cómo podrán pronunciarse? Incluso cuando, en un proceso, los jueces condenan a un inocente - ¡y cuántos errores judiciales han ocurrido a lo largo de la Historia! - en realidad hay siempre una justicia por detrás de esa injusticia. Puede suceder incluso con Santos, Iniciados y grandes Maestros: muchos han sido ahorcados, quemados, crucificados; aparentemente fue injusto, pero en realidad, no. Los Veinticuatro Ancianos o Señores del Karma son absolutamente justos - las probaciones por las que tales seres han pasado les habían sido enviadas para hacerles pagar una deuda, o bien para ayudarles a comprender algunas verdades que sin eso no hubiesen comprendido, o, incluso, para incitarlos a tornarse fuertes, poderosos, invencibles.

Algunas personas piensan que escapan a las dificultades poniendo fin a la vida. Verdaderamente, es todavía peor después, cuando se encuentren al otro lado, porque nadie tiene el derecho de partir antes del término; es una deserción que habrá de ser pagada dos veces, tres veces más cara. Allá arriba no hay sitio para aquellos que han querido desertar de la Tierra, allí no quieren recibirlos: habrán de sufrir tanto tiempo cuanto el que aún les restaba de vivir en la tierra.

La actitud de quien pone fin a su vida es extremadamente reprensible. En primer lugar, esas personas son ignorantes, porque no conocen la razón de las probaciones que tienen que soportar. Después, son orgullosas, porque juzgan saber mejor que los Veinticuatro Ancianos lo que merecen. Por último, son débiles, porque no soportan las dificultades. Demuestran, pues, ignorancia, orgullo y flaqueza. Y el mundo invisible está descontento de esos seres porque han abandonado su puesto.

Me dirás: "Pero algunos se han suicidado porque tenían un ideal extraordinario, que no habían logrado alcanzar. Al ver que no lo han conseguido, se han decepcionado tanto consigo mismos que acabaron con sus vidas." Pues bien: esto tampoco está permitido. Cuando se tiene un gran ideal, lo esencial es trabajar para realizarlo, sin fijar una fecha para su realización. Si no ha salido bien ha sido porque todavía no se poseían los elementos para lograr el triunfo; es propio del orgullo no querer admitir esto y suprimirse. ¡Se debería haber perseverado!

La mayoría de los humanos piensan que han venido a la Tierra para vivir en felicidad y realizar sus ambiciones. Pero no: han venido a la Tierra para pagar sus deudas, para instruirse y reforzarse. Por eso el Cielo no puede tener en estima a quien ha tomado la decisión de poner término a su vida, porque tales seres se colocan por encima del Señor de todos los destinos, y los sufrimientos que habrán de soportar a continuación son indescriptibles. He aquí otra de las grandes verdades de la Ciencia Iniciática.

Claro que se puede dar para el suicidio toda especie de explicaciones. Pero, sean cuales fueren los motivos por los cuales un hombre o una mujer se suicida, se puede decir que la verdadera razón es esta: se trata de una criatura que no sabe que el Creador ha puesto en ella posibilidades increíbles de triunfar en cualesquiera condiciones de vida: posibilidades de comunicar con los seres del mundo invisible, posibilidades de crear mediante el pensamiento y de lanzar esas creaciones a través del espacio… Ella no sabe que, incluso en la mayor soledad y en la mayor miseria, es posible no sentirse pobre ni sola, sino visitada, rodeada y señora de todos los tesoros; ¡pase lo que pase, ella tiene dentro de sí un mundo tan vasto y tan bello para sentirse feliz!

Hay seres a quienes ningún acontecimiento, ninguna situación quebranta, porque tienen un sistema filosófico al que se agarran. ¿Por qué se dice en los Evangelios que debemos construir nuestra casa sobre la roca? La roca es el espíritu, y el espíritu permanece inquebrantable en todas las circunstancias. El corazón, el intelecto o el cuerpo físico son vulnerables, pero el espíritu no.

Los humanos están muy mal instruidos; no saben lo que Dios ha puesto en ellos mismos y a la más pequeña decepción piensan que la única solución es el suicidio. ¿Qué quiere eso decir? ¿Qué son genios? ¿Que son seres tan excepcionales que no pueden soportar el mal en el mundo?... No, son pobres miserables privados de todo: de inteligencia, de amor, de fuerza; sólo su flaqueza los lleva a terminar así. Que haya habido en la Historia hombres y mujeres heroicos que han ofrecido la vida para salvar a un ejército, a una ciudad, a un pueblo, esto lo comprendo, es una cuestión diferente. Yo no me refiero a esos, sino a todos aquellos - principalmente los jóvenes - que se preparan para acabar lamentablemente, porque se sienten solos o incomprendidos.

Los jóvenes deben apercibirse de la riqueza de que disponen. Tienen imaginación, ¿no es verdad? Entonces ¿por qué no se sirven de ella? ¡Oh! claro, sí que se sirven de ella: cuando se trata de pensar en sus enamorados y de imaginar cómo los acarician, cómo los besan, la imaginación de los muchachos y muchachas no descansa. Pero ¿por qué utilizan únicamente en las elucubraciones sexuales esa preciosa facultad que el Creador les ha dado? ¿Por qué no han aprendido a utilizar la imaginación para pensar en todas las razones que pueden tener para sentirse felices y ricos gracias a todo lo que existe en el Cielo y en la Tierra y, principalmente, en sí mismos?

Hubo numerosos casos de suicidio en la Historia, pero pueden ser resumidos en tres categorías. Los que tienen como causa la falta de inteligencia, o la falta de corazón o bien la falta de voluntad. Si tienes una buena comprensión de las cosas, si sabes que existe un mundo divino poblado de seres espléndidos y que ese mundo divino ha impreso su marca en el mundo físico; si sabes que los sentimientos y los deseos son una potencia tal que, con perseverancia, se consigue siempre realizarlos… En fin, si logras educarte no para procurar satisfacer únicamente tu codicia, sino para considerar todas las dificultades como un medio de ejercer tu voluntad, entonces, ten la seguridad de que jamás te suicidarás. Ni siquiera la miseria, las privaciones, la enfermedad o la soledad lograrán vencerte. Tú saldrás triunfante.

Los jóvenes deben persuadirse al menos de una cosa: el mundo es vasto y ellos no están solos.
Lo que más lleva a las personas al suicidio es la falta de amor.
Cuando alguien ha perdido el amor, sólo desea morir; la vida no tiene sentido. La vida está ligada al amor. Esto es tan verdadero que, si estuvieses en los brazos de aquel o aquella a quien amas, querrías siempre vivir. Si suprimes el amor, te morirás. Muchas personas han suprimido el amor y ahora se preguntan a sí mismas por qué razón ya no tienen gusto por nada. Pues bien, es precisamente porque en ellas no hay amor.

Cuando veo a una joven con cierto aire travieso, canturreando, sé que acaba de estar con su enamorado, porque el amor es eso, es la alegría. Y si después la veo deprimida, sé que ha perdido al novio, porque no es difícil de descifrar. He aquí por qué yo insisto siempre en el amor. Pero no en ese amor que hoy está de moda y que, en realidad no es sino libertinaje, porque también ese amor, tal como la falta de amor, acaba por robar a los seres todas las razones de vivir.

Sí, del amor es de lo que se debe hablar constantemente, durante toda la vida, porque los humanos están todavía lejos de conocer el verdadero amor, ¡aquel que es capaz de remover montañas, de crear mundos!... En cuanto a mí, ya he encontrado el secreto: yo amo la Fraternidad, y como amo la Fraternidad, todas las cuestiones están resueltas. Sólo pienso en ella, y nada más existe en mi cabeza, ella da sentido a mi vida. Haz tú lo mismo y jamás tendrás el deseo de suicidarte.

Por Omraam Mikhaël Aïvanhov
(Texto extraído del libro "Respuestas a la Cuestión del Mal" - Omraam Mikhaël Aïvanhov - Ediciones Prosveta; Portugal - páginas 129-142).

- Nota de Wagner Borges: Omraam Mikhäel Aïvanhov (1900-1986): Maestro espiritualista búlgaro, que vivió la mayor parte de su vida en Francia, donde fundó la Fraternidad Blanca Universal - www.fbu.org (no confundir con la Fraternidad Blanca del Himalaya, de los maestros, que se sitúa en planos sutiles). Es uno de los mentores espirituales de los trabajos del IPPB. Más informaciones sobre su trabajo pueden encontrarse en nuestro Website - www.ippb.org.br - Basta entrar en la sección de búsqueda por palabras del web y hacer clic en su nombre. Ahí surgirán diversos textos suyos insertos en varias secciones del web; entonces no hay más que sumergirse en sus escritos y hartarse de leer textos excelentes y llenos de sabiduría espiritual y humana.



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Sobre o autor
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Wagner Borges é pesquisador, conferencista e instrutor de cursos de Projeciologia e autor dos livros Viagem Espiritual 1, 2 e 3 entre outros.
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