Acoso Espiritual

Acoso Espiritual

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 01/02/2010 15:10:34


Traducción de Teresa - [email protected]

“En lo que concierne al problema de las obsesiones espirituales, el paciente es, también, el agente de la propia curación”.
((Grilhões Partidos, Manoel Philomeno de Miranda)


Para la mayoría de las personas, el acoso espiritual, como enfermedad del alma es algo bastante lejano, distante de su realidad. Pero ¿por qué?
Porque el acoso espiritual suele ser tan sutil hasta el punto de que no es percibido por el acosado. Aprovechándose de su estado de invisibilidad, el ser obsesor desencarnado (desafecto del paciente, hoy su verdugo, en verdad fue víctima del paciente en el pasado, pues fue perjudicado por éste) es movido al odio y deseo de venganza, y se sirve de todos los recursos posibles e inimaginables a ojos de un encarnado, para perjudicar, incluso quitando la vida, al paciente.

Por tanto, el acoso espiritual ocasiona serios daños psíquicos, espirituales y orgánicos al acosado. Surgen, así, disfunciones variadas, difíciles de diagnosticar con precisión por los médicos, que se reflejan en el cuerpo físico, evolucionando con fiebres, inflamaciones dolores y otros síntomas físicos, confundiendo el razonamiento del clínico, y con ello, dificultando un tratamiento eficaz.

El acoso espiritual puede además llevar al paciente a la locura (esquizofrenia), a la epilepsia, a vicios en general, o incluso al suicidio. Sin duda alguna, el acoso espiritual, como enfermedad del alma, es uno de los grandes flagelos de la humanidad y se remonta a remotas fechas.
En la Biblia, el Nuevo Testamento menciona esa enfermedad del alma: “Recorría Jesús toda Galilea enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del reino y curando toda clase de dolencias y enfermedades entre el pueblo. Y su fama corría por toda Siria; le traían, entonces, a todos los enfermos acometidos de varias enfermedades y tormentos: endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y Él los curaba.” (Mateo, 4:23-24)

Los lectores asiduos de mis artículos pueden constatar los innumerables casos que atiendo en mi consultorio, en los cuales la causa de los problemas de los pacientes es, en su mayoría, de origen espiritual, es decir, hay una interferencia espiritual obsesora que los produce o los agrava.
En mi experiencia clínica, al conducir más de 7000 sesiones de regresión, a través de la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, en el 95% de los casos atendidos, si la causa espiritual (acoso espiritual) no constituye el factor determinante del problema del paciente, es, sin duda alguna, un factor agravante, y tan solo en el 5% la causa es puramente psicológica, sin que haya, por tanto, ninguna interferencia espiritual obsesora en la génesis de su problema.
Por tanto, ese porcentaje altísimo del 95% en mi estadística, de interferencia obsesora que genera los problemas de mis pacientes, merece que el acoso espiritual, como dolencia del alma, sea estudiado por los profesionales del área de la salud (médicos, psiquiatras y psicólogos) de forma seria y profunda, a fin de poder mejorar la calidad de vida del enfermo.
Aunque desde 1998 la Organización Mundial de la Salud (OMS) ya reconozca oficialmente esa enfermedad del alma, que ha pasado a ser denominada en Medicina como posesión y estado de trance e inserida en su Código Internacional de Dolencias (CID 10, ítem F.44.3 – Estado de trance y posesión), lamentablemente lo que se percibe en la práctica es que en los consultorios, hospitales y ambulatorios, muchos profesionales todavía ignoran o descalifican la existencia de esa grave enfermedad del alma, ya sea por desconocimiento (no llevan en consideración la diferencia entre una disfunción mediúmnica y una disfunción física y/o psiquiátrica propiamente dicha), o incluso por prejuicios, por incredulidad, fruto de su formación académica organicista, materialista, que contempla al ser humano tan solo desde el punto de vista biológico, psicológico y social, y desconsidera el aspecto espiritual del paciente.

Además de estos factores, el acoso espiritual es también una de las dolencias más difíciles de tratar debido a su sutileza – ya mencionada al comienzo de este texto – hasta el punto de no ser percibido por la mayoría de los médicos y pacientes.
En mi práctica clínica, si el paciente presenta: - humor muy inestable, o sea, cambia súbitamente de humor con frecuencia, sin causa que lo justifique;
- siente constantemente escalofríos, estremecimientos, o incluso adormecimiento en algunas partes de su cuerpo, opresión en la cabeza;
- miedo a dormir en la oscuridad, insomnio;
- insatisfacción constante, llanto fácil, irritabilidad sin causa aparente,
- pensamientos negativos, deseos de morir;
- siente temores, no duerme bien, pesadillas constantes, vida bloqueada, problemas físicos, y cuando va al médico y hace todas las pruebas necesarias, no se encuentra ninguna causa orgánica.
Si todo o algo de todo esto le está ocurriendo al paciente (obviamente es preciso tener en consideración que cada caso es un caso, como se dice en la jerga médica, pues no siempre ese cuadro clínico representa un acoso espiritual), son fuertes indicios de que el mismo puede estar siendo acosado espiritualmente.

Caso Clínico:
Oniomanía (Compulsión por comprar)
Mujer de 25 años, soltera


La paciente acudió a mi consultorio tratando de comprender por qué era una consumidora compulsiva (padecía de oniomanía, que es un trastorno psíquico, una compulsión o vicio por comprar excesivamente, y de forma innecesaria).
Estaba perdiendo el control y la noción de sus gastos hasta el punto de contraer deudas enormes. Debido a esto, había tenido que pedir un préstamo bancario y vender su coche para pagar una parte del importe de sus deudas.

Después de comprar compulsivamente, le venía el arrepentimiento y los deseos de matarse. A causa también de esa compulsión, estaba perdiendo a su familia y a su novio. Para ayudarse, las tarjetas de crédito y chequeras las dejaba en poder de su novio.
Ese trastorno compulsivo se manifestó o desencadenó tras entrar en una crisis depresiva profunda por sentirse muy sola (se había mudado a otra ciudad para estudiar, y a causa de ello sentía mucha soledad por estar lejos de su familia). Según la paciente, la depresión se agravó después de tomar antidepresivos. Se sentía muy deprimida, tenía pensamientos suicidas, desesperanza, principalmente durante las crisis de llanto. Su humor oscilaba, se irritaba y se enojaba con los seres queridos.Se encontraba muy sola, aun teniendo una buena familia y un novio comprensivo y cariñoso. Permanecía rumiando, se culpaba y no se perdonaba su compulsión por comprar y el haber contraído deuda tan importante. Sin motivo que lo justificase, se sentía también muy insegura en relación a su novio, dudando de si él realmente la amaba.
Por fin, no conseguía terminar lo que empezaba, dejaba las cosas a medias, no las concluía tras haberlas comenzado. Al hacer regresión, habiendo pasado por una sesión, la paciente me relató: “Sentí un peso cuando levanté las palmas de las manos para rezar (en esa terapia, es común que yo haga oración juntamente con el paciente antes de iniciar la relajación); siento que es una energía ruin, que está impidiéndome rezar... Me parece que es un ser desencarnado obsesor”.
- Pregunta a ese ser espiritual qué siente él por ti – Pido a la paciente.
“Noto que él siente mucho odio contra mí”. (Pausa).

- Pregunta qué le has hecho en el pasado – Pido nuevamente a la paciente.
“Él me contesta: ‘Tú has destruido mi vida de todas las formas, me has quitado cuanto tenía’.
Yo lo veo enteramente oscuro, como en medio del humo, y se mueve muy rápido hacia todos los lados, se deshace y se junta nuevamente, acercándose a mí (la paciente estaba describiendo el periespíritu – cuerpo espiritual – de ese ser, que es fluídico y, por lo tanto se parece al humo)”.

- Pregunta a ese ser espiritual de qué forma lo has perjudicado en la vida pasada.
“Tú me has avergonzado, me has difamado, has despreciado mi amor por ti. Me has quitado todo lo que tenía, principalmente mi novia, diciendo falsedades sobre mí para quedarte con ella. Me has quitado la razón de vivir, de estar vivo, de tener deseos de vivir. Quiero que sufras, que tengas días de tristeza como yo los tuve. Quiero quitarte la vida con días de tristeza”.
- Pregunta a ese ser espiritual qué vínculo había entre vosotros en esa existencia pasada.
“Éramos hermanos, tú eras el mayor. Además de quitarme a la persona que más amaba, me has abandonado en el momento en que más te necesitaba. Mi amor por ti como hermano era muy grande; por eso hasta pasé por alto el hecho de haberme abandonado. Pero después de mi desencarne, he descubierto todo lo que has hecho conmigo, principalmente quitándome la novia, contándole un montón de mentiras sobre mí. He fallecido abandonado, solo, sin nadie a mi lado; acabé por morirme de vejez en días de tristeza y amargura.”

- ¿Deseas decirle algo a tu hermano de esa vida pasada? – Digo a la paciente.
“Quiero pedirle perdón (la paciente habla llorando), que me perdone por todas las cosas malas que le hice, las difamaciones, la vergüenza que pasó, el haberle quitado a la persona a quien más amaba. Le pido que me perdone, y que encuentre la luz. (Pausa).
Él me dice que no quiere perdonarme, que no va a perdonarme, y que va a continuar haciendo de todo para que yo sienta tristeza, soledad, tal como le ha ocurrido a él en la vida pasada (aquí responde el por qué siente la paciente la soledad, la tristeza, incluso rodeada de su familia y novio)”.

- Pregúntale si vosotros teníais padres – Ruego a la paciente.
“Ellos murieron en un accidente de avión. Tú me prometiste tras la muerte de ellos que nunca me abandonarías, pues quedamos los dos solos. Me prometiste que siempre me protegerías, pero no lo cumpliste. Además, te marchaste dejándome en casa solo y llevándote toda la herencia que nuestros padres nos dejaron.”

- Pido a la paciente que le diga al ser obsesor, su hermano de esa vida pasada, que cuando menos ella puede orar por él para ayudarlo a reparar sus errores a fin de que pueda salir de las tinieblas y seguir el camino de la luz. (Pausa).
“Él dice que acepta mi oración, pero que nunca he orado por él ni por nadie. Pero afirma que si oro por él, ya no me influirá más para que esté triste, y se irá”.
Al final de esa sesión, entregué a la paciente la oración del perdón y le rogué que orase con todo fervor y pureza de su corazón.
En la sesión siguiente (3ª y última), la paciente me relató:
“Mi hermano dice que está recibiendo mis oraciones, mi arrepentimiento y mi amor. Dice que ya no siente odio contra mí”.

- Pregunta a tu mentor espiritual si tiene algo para decirte.
“Él me dice: ‘Tú has pedido perdón y has sido perdonada. Este es el primer paso que das en el camino de la vida. Vas por el buen camino y estás siendo curada por tu fe y fortalecida con amor y paz. Tus problemas están siendo retirados de ti ahora, pues has sido capaz de pedir perdón y de perdonarte. Tú y tu hermano habéis sido perdonados por todo, entonces sigue tu vida. Tienes una gran misión, la de ayudar a las personas aconsejando e iluminando sus pensamientos. Ayuda a quien venga a hablar contigo y así nunca quedarás desamparada por mí ni por los espíritus celestiales. No estás sola, me tienes a mí, no lo olvides.
Jamás pienses que estás sola, la soledad también está siendo retirada de ti y, en su lugar, pongo el amor y la compasión para que los uses con otras personas. De ahora en adelante vas a brillar más de lo que puedes imaginar, pues tú eres capaz. Confía en tu capacidad, toda tu inseguridad también te la retiro y, en lugar de ella, coloco la seguridad en ti misma, en tu trabajo, en los estudios, y en todo cuanto llegues a hacer.
También tendrás seguridad en el amor; en fin, todo cuanto quieras. Basta confiar en ti misma. Tus sueños se cumplirán y tu vida se estabilizará. Tu sueño de constituir una familia se realizará’. (Pausa).

- Pregunta cuál es el nombre de tu mentor espiritual – Pido a la paciente.
“Dice que se llama Asdulem. Dice que me ama mucho, y que en adelante siempre que lo desee podré hablar con él, pues los canales han quedado abiertos a través de esta terapia.
Afirma además: ‘Yo te he guiado hasta este consultorio (en la mayoría de los casos es el mentor espiritual del paciente quien le intuye para que venga a esta terapia) a fin de que comprendieses todo lo que estaba sucediendo en tu vida, para que lo vieses y para demostrarte que nada en tus problemas era tuyo, sino que éstos eran provocados por tu hermano de la vida pasada. Has venido también a este tratamiento para reconciliarte con él, pedir perdón y perdonarte por los errores cometidos.

Estás recibiendo en esta terapia una gran cura, por eso te he guiado hasta aquí. El trabajo realizado ha sido muy bueno, pero ahora el tratamiento ha de continuar a través de ti misma, y seguiré guiándote. Tendrás todo mi amparo. En relación a la terapia, ya se ha terminado; por tanto, ya no necesitarás volver al Dr. Osvaldo’.

Veo ahora un punto de luz blanco, bien iluminado. Él está despidiéndose... y se va.”
Tras la sesión, la paciente me dijo que se sentía muy bien, aligerada, y que ya no notaba aquel arrepentimiento ni la culpa que la atormentaban bastante por haber contraído toda aquella deuda, fruto de su compulsión por comprar. Se sentía realmente curada.

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Shimoda
é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
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