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Adquiere y comparte las buenas energías


Autor: Bernardino Nilton Nascimento - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Es cierto que todo esfuerzo que el ser humano haga para buscar su propio desarrollo y sus realizaciones se convierte en un acopio de iluminadas energías en su interior; con sus experiencias amorosas y personales, podrá distribuir esas y otras nuevas energías que irán surgiendo internamente durante su vida, de experiencias y perspectivas cada día mayores.

Incumbe a cada ser humano construir en su interior un aprovisionamiento de: bondad, compasión, caridad, el deseo de ver y hacer la felicidad del prójimo; eso son buenas energías, eso es amor.

Conocer nuestros límites y no invadir los de los demás debe ser una de nuestras prioridades, “los pájaros en bandada, revoloteando, no se chocan”, respetando sus límites y los de sus compañeros, incluso después de un inicio confuso, siguen sus caminos en perfecta armonía.

Así debería conducirse el ser humano: tenemos nuestras diferencias, tenemos nuestras dificultades, no obstante, respetar el espacio del otro es fundamental. Sólo una cosa debería, o debe sobrepasar las barreras uno del otro, las buenas energías. La principal energía personal se forma por medio de las vivencias, experiencias, conocimientos, renuncias, verdades, libertad, ética, amor a la humanidad, a la naturaleza y a la vida como un todo. Tales elementos constituyen la materia prima con la cual, partiendo de ahí, cada ser humano debe elaborar su mundo interior que abastece su corazón y acumula las buenas energías en su alma.

La realidad interna no es estática. Al analizar, separar, seleccionar y procesar aquel conjunto de elementos, el ser humano lo transmuta en energía sanadora, en sabiduría, en verdaderos milagros. Esa energía es lo que hace posible que el ser humano desarrolle una actuación diferenciada, que le da condiciones para intervenir en la vida a su alrededor.

No hace falta esperar a tener gran cantidad de energías acumuladas para luego compartirlas con el prójimo. Todo lo contrario, esa energía va aumentando según va siendo compartida: a disposición de uno mismo, en la búsqueda de nuevas vivencias y nuevos conocimientos; también disponible para otras personas, en la atención a sus carencias, y para la naturaleza, en su preservación y embellecimiento; ella va creciendo en nuestro interior, y cuanto más la distribuyamos, más lleno estará nuestro interior, nuestra alma.

Cuando cada uno de nosotros empecemos a invertir nuestra energía compartiendo, bajo criterios de pura bondad, entre los varios segmentos de la sociedad, haciéndola productiva y reproductiva, llegaremos a adquirir lo que se podría llamar “poder personal”. El poder personal se manifiesta en una conciencia más elevada, desde donde se vislumbra un escenario más amplio, una madurez en relación al mundo. Es energía en acción.

El acopio de energía, el poder personal, no es, pues, una característica aislada dentro de cada uno. Es fruto de la conjunción de todos los sentimientos e indicadores; porque el “poder personal” presupone ser objetivos al formular nuestras disciplinas y metas personales, conocerse y darse valor, donarse y valorar al prójimo, tener visión crítica y autocrítica de uno mismo, tener los pies en la tierra y pensamientos positivos, desarrollar interés humano, tener el valor de intervenir en los grupos, saber jugar, cultivar aficiones diversificadas, tener y expresar afectividad y asumir valores de equilibrio más elevado y duradero.

Compartir, pero no dominar, como el poder político, empresarial, económico, militar, religioso y otros. El poder personal no tiene por objetivo el dominio o la influencia sobre otras personas. Es, sobre todo, el poder sobre uno mismo, el dominio sobre los pensamientos, acciones y actitudes y el dominio del desear.

Tras un profundo análisis conoceremos nuestras habilidades, creatividad, experiencias, valores, límites, filosofías y otras muchas cualidades. Cada uno de nosotros va a percibir que tiene condiciones para compartir esa energía, ese patrimonio vital. Al proceder de acuerdo con ese compartir y mantener siempre la intención de hacerlo, difícilmente pasaremos desapercibidos a los ojos del prójimo.

Será natural, entonces, que cada cual, al notar la presencia de esa energía, de ese poder personal, también adquiera otros poderes, tales como: la sabiduría, el profetizar e inducir a otras personas a vivir una vida de compartir, con alegría, más libre, más confiada, con más fe, más compasión y más amor, aparte de ayudar a otras personas a formar y a adquirir más energía, y a compartirla también.

Un poder diferente, que no implica retirar a nadie las parcelas de dominio, posesión o autoridad. Una energía que, cuando compartida, sólo tiende a aumentar en favor de la sostenibilidad del ser humano y del planeta.

BNN


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