Alma Gemela: ¿Mito o Verdad?
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 11/08/2009 14:08:27
Traducción de Teresa - [email protected]
El tema Alma gemela, pese a haber sido abordado con frecuencia por los medios de comunicación en los últimos tiempos (ya ha sido tema de novela en la televisión, periódicos, revistas, libros, etc.), aún así, para muchos – principalmente para los más escépticos y racionales – puede parecer inverosímil, o incluso muy romántico, propio de los cuentos de hadas.
La dificultad también, de que muchos no acepten la premisa del alma gemela se produce por el hecho de que ese término es mal empleado y, por tanto mal comprendido, pues a primera vista, si nos atenemos literalmente a la letra, alma gemela da a entender que se trata de un espíritu duplicado, como un clon, por tanto, con los mismos deseos y la misma evolución espiritual. Ahora bien, sabemos bien que no se hace duplicación del ser humano, el cual es un destello divino, luz emanada del Creador. Siendo así, cada espíritu guarda su individualidad inviolable. Por eso, no hay dos huellas dactilares iguales, idénticas, en la naturaleza.
Cada ser humano es, por tanto, una piedra preciosa, un fenómeno singular, una aventura única, un milagro suficiente que no tiene que compararse con nadie, no siendo consigo mismo. De esta forma, la expresión Alma gemela es, en verdad, una metáfora (prefiero la expresión alma compañera para no dar margen a una interpretación equivocada) pues caracteriza una afinidad específica entre dos seres. O sea, el uno complementa al otro, guardando, sin embargo, su individualidad y viviendo incluso una evolución diferente. En mi caso, por ejemplo, mi alma gemela no está encarnada; está, por tanto, desencarnada y a un nivel de evolución espiritual superior al mío. Por eso es además mi mentora espiritual, ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual.
Siendo así, el alma gemela no es un espíritu idéntico, sino afín, ligado al otro por fuerte afinidad y simpatía; pero con cierta diferencia de evolución y de costumbres en sus caminos de ascensión.
Sin embargo, los lazos que unen a esas dos almas son tan fuertes y profundos que acaban superando todas las diferencias. Tú y tu alma gemela frecuentemente habéis venido juntos en varias encarnaciones, no solo como cónyuges, sino también en otros papeles sociales (padre e hijo, hermanos, amigos, etc.); de ahí ese vínculo fuerte y profundo que os une. Esto explica por qué muchas parejas, al conocerse en la vida presente, sienten una fuerte atracción y afinidad el uno por el otro. En muchos casos, la afinidad de la pareja es tan grande que basta que uno mire para que el otro sepa lo que quiere. No necesitan muchas palabras para comprenderse.
Explica también por qué una mujer se envuelve intensamente con un hombre mucho mayor o más joven que ella, de condición socio-económica y cultural opuesta, o incluso de raza, nacionalidad e idioma diferentes.
La afinidad y compenetración de la pareja son inexplicables a los ojos de una mente racional cartesiana, lógica, pues solamente los que conocen el lenguaje del alma son capaces de entender la profundidad del tema.
Quiero esclarecer al lector que el reconocimiento de su alma gemela puede producirse de varias formas. No obstante, en mi práctica clínica al conducir más de 7000 sesiones de regresión de memoria en mi consultorio, al pasar por la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual, Abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí – es común que los pacientes recuerden emocionados las varias existencias pasadas en que estuvieron juntos con su alma gemela. Es común también en esta terapia – a través del mentor espiritual del paciente – que se le revele dónde se encuentra su alma gemela, que puede estar encarnada o desencarnada en el Astral (es importante resaltar aquí que en esta terapia el mentor espiritual del paciente solo revela algo de su pasado o futuro si eso realmente supone una ayuda para él).
El infortunio amoroso de muchos hombres y mujeres puede ser explicado también por el hecho de aún no haber encontrado su alma gemela. Es lo que constato en los relatos de mis pacientes.
Caso Clínico:
No consigo constituir una familia.
Hombre de 35 años, soltero.
El paciente acudió a mi consulta y, en la entrevista de evaluación, así se describió:
Soy un hombre a quien le han salido bien las cosas. Sé lo que quiero y cuando quiero. Siempre he tenido una vida buena tanto en lo financiero como en lo familiar, pues vengo de una familia bien estructurada, mis padres me han transmitido valores morales y educacionales sólidos. No puedo quejarme de la vida. He viajado, he tenido oportunidad de conocer muchos lugares, culturas y personas interesantes. En cambio, pese a querer constituir una familia, no consigo relacionarme con mujeres de una forma verdadera, sincera. He tenido algunas relaciones incluso largas, pero no logro profundizar, ni entregarme verdaderamente. Desde crío siento una nostalgia, una aflicción, una agonía, un vacío sin motivo aparente, y siempre acabo rompiendo mis relaciones. No sé explicar de dónde vienen esos sentimientos. Es paradójica mi actitud con el sexo opuesto, pues quiero realmente tener una familia, hijos.
Tengo un sueño recurrente que me persigue también desde niño (los sueños repetitivos suelen ser reminiscencias de vidas pasadas). En el sueño siempre estoy paseando, montado en un caballo negro. Hay un río, aparece una muchacha, lleva un vestido blanco con lazos amarillos. Es morena, cabellos largos, oscuros. La chica me mira y sonríe.
En la sesión de regresión, el paciente me relató:
“Veo una casa grande, parece una hacienda de café. Hay mucha gente trabajando en la cosecha, en el secado y almacenaje del café. Soy un crío en esa vida pasada, tendré unos tres años. Estoy en brazos de una mujer, pero ella no es mi madre. En realidad es mi ama de cría. Vivo en esa hacienda hasta mis 12 años. No tengo mucho contacto con los empleados. Soy hijo único. Tras ese período, me marché a la ciudad para estudiar.Escribía siempre a mis padres, y acabé formándome. Nunca he tenido problemas, todo me venía fácil en esa vida pasada. Enamoré a muchas mujeres pero nunca quise asumir compromiso; por eso, cuando las cosas se ponían serias, terminaba.
Empezaron entonces las cobranzas: mis padres querían que me casara con una muchacha rica de la ciudad. Conocí entonces a Carolina, una chica rica y de buena familia. Pronto las familias se interesaron en tratar de fijar la boda. Yo no quería, pero tampoco quería apenar a mis padres, que todo me habían dado.
Recibo una carta, era de mi madre pidiendo que fuese a la hacienda con urgencia, pues mi padre estaba enfermo. Vuelvo a la hacienda tras vivir 15 años en la ciudad.
Nada había cambiado, parecía que el tiempo se había parado. Veo a mi madre, entro en el caserón. En el cuarto, veo a mi padre, acostado. Me pide que me siente junto a él y me dice: Hijo, nunca te he pedido nada en esta vida, pero hoy quiero hacerte una petición y no aceptaré un no como respuesta. Cásate con Carolina y llenad esta casa de hijos, pase lo que pasare.
Yo respondí: Está bien, padre; me casaré con ella, no te preocupes.
Él cerró los ojos y se fue. (Pausa).
Veo la escena de su funeral. Tras el entierro, le pido al capataz del cortijo que ensille el caballo, necesitaba tomar aire fresco, me sentía muy angustiado. Salí galopando, ya había incluso olvidado lo bueno que era sentir el viento en el rostro, el aroma del bosque. Ahora estoy cerca de un río... Es el mismo río de mis sueños de la vida actual. Mi corazón parece estallar, permanezco trémulo, en agonía. Bajo del caballo y cerca de allí veo una bella muchacha morena, de ojos grandes y expresivos, cabellos largos, ondulados. La reconozco, es la misma muchacha que aparece en mis sueños en la vida presente. Ella se acercó y, con sus manos delicadas y pequeñas, acarició mi rostro y dijo: ¡Mi vida! Nos hemos encontrado, has venido. Qué maravilloso es poder reencontrarte. (Pausa). En realidad esa joven es un ser espiritual... ella me ruega que me case con Carolina para que en la próxima encarnación podamos encontrarnos y estar juntos.
Me aclara que ese matrimonio forma parte de mi programa reencarnatorio de esa vida pasada, que se trata de un rescate kármico.
Tras haber dicho esto, se marchó. Hago entonces lo que ella me había pedido. Me caso con Carolina y tengo cuatro hijos. Siempre miro al cielo y con mucha añoranza busco la presencia de aquella muchacha. (Pausa).
Ahora me veo despidiéndome de mis hijos, de Carolina, muero todavía joven en esa vida pasada, pero siento un gran alivio y una esperanza de volver a verla. Para mi alegría ella viene a buscarme, me toma de la mano y me lleva. Me marcho sin miedo. Estoy en casa, en el plano espiritual, mi corazón está sereno, en paz.
Entonces, juntos, trazamos nuestro plan reencarnatorio, y como hay algunas pendencias, solo nos encontraremos en la vida terrena (vida actual) al cumplir ambos la edad de 36 años.
Veo una luz dorada aquí en el consultorio... Es un hombre, es mi mentor espiritual. Dice: Tu alma gemela ya se acerca, pronto será el momento de que os reencontréis.
Le digo a mi mentor espiritual que en este mes (agosto de 2008) cumplo los 36 años; él dice que lo sabe, y que cuando nos reencontremos, mi añoranza, el vacío, la aflicción y la angustia – que me acompañan desde pequeño – se acabarán.
Dice además: Calma, amigo mío. La reencontrarás en breve y ya no sentirás nostalgia.
Pasados algunos meses, tras el término de la terapia, el paciente me envió un e-mail muy feliz que decía: “Dr. Osvaldo, con inmensa alegría quiero compartir este momento maravilloso. Mi amada ha llegado. La he reconocido por la mirada, ella es muy linda. Un haz de luz como un tubo nos ligó. Ella dijo que cuando me vio, pensó: “Él será mi marido”. Ella también notó que mi mirada no le era extraña. Cuando le conté lo que había revivido en la regresión con usted, se puso a llorar muy emocionada. Estoy muy feliz, realmente tal como había dicho mi mentor, la soledad, el vacío, la añoranza, han dejado lugar a la alegría, pasión y quietud.
Dr. Osvaldo quiero agradecerle de corazón por su ayuda, y la invitación para nuestra boda pronto le llegará.
¡Un fuerte abrazo!








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