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Alta sensibilidad y diálogo interno: ¡Ah, esas voces que nunca callan!



Autora Rosalira dos Santos
rosalira@amesuasensibilidade.com.br

Traducción de Teresa
teresa_0001@hotmail.com

Muy bien, yo sé que el diálogo interno (ya se considere positivo o negativo) no es exclusividad de las personas altamente sensibles (PAS). Todos nosotros tenemos estas voces en nuestra cabeza, que casi nunca se callan y están siempre comentando los acontecimientos de nuestra vida. Ocurre que en el caso de las PAS, la propia tendencia a procesar toda información en profundidad (que como ya sabemos constituye una de las cuatro características esenciales de los rasgos de la alta sensibilidad) puede hacer que este parloteo mental siga innumerables veces convirtiéndose en una verdadera tortura: “No consigo dejar de pensar en lo que sucedió.”; “Yo siempre acabo diciéndome las mismas cosas”, o “No dejo de culparme por este error”… Son frases que oigo con frecuencia en mis consultas de entrenamiento.
Pero, ¿qué viene a ser ese diálogo interno?

Diálogo interno es aquella conversación mental que todos mantenemos constantemente en nuestra cabeza, de manera silenciosa. Y no hay nada equivocado en ello, ya que el diálogo interno es una parte normal, importante y valiosa de nuestro procesamiento interior. Todos necesitamos reflexionar sobre nuestras vivencias, a fin de poder integrarlas en nuestra experiencia de vida. Lo que ocurre es que esta reflexión no es neutra y mucho menos objetiva, sino que está profundamente influenciada por factores subjetivos como nuestras experiencias pasadas, nuestras creencias, nuestra autoestima y así sucesivamente. Más aún, el diálogo interno no sólo está influenciado por nuestras actitudes mentales, sino que también ejerce su influencia sobre ellas, moldeando nuestra manera de mirar el mundo y a nosotros mismos. Por ello, el modo que tenemos de hablar con nosotros mismos decide, en gran parte, si vamos a tener una autoestima mayor o menor.
¿Te has dado cuenta de la importancia de observar con atención esta nuestra conversación mental? Para hacerlo, imagina tu diálogo interno como un transmisor de radio. ¿Qué tipo de ondas capta? Aquellas con las que más sintonizas, las que mejor corresponden a tu modo de ver el mundo. Ahí es donde las PAS empiezan a tener (grandes) problemas. Además de la profundidad de procesamiento de que antes hablé, hay otras características asociadas a ese rasgo que nos predisponen a un diálogo interno predominantemente negativo. Entre ellas yo destacaría:

* El perfeccionismo * La tendencia a juzgar a las otras personas según nuestros propios valores y con una definición – personal y a menudo bastante estricta – de lo que está “bien” y de lo que está “mal”
* La tendencia a compararnos con los demás y a considerarnos inferiores.

Combinadas, estas tendencias nos mantienen presos a un tipo de diálogo interno autocrítico que puede paralizarnos, además de originar mucha angustia y ansiedad. Si ya te has pillado repitiendo frases como: “Qué burro/a soy”, “Yo nunca aprendo” o bien “Todo lo hago siempre mal”, sabes exactamente de qué estoy hablando.
Ocurre que estos mensajes no son realmente “tuyos”. Aunque tú (o yo) los tengamos “instalados” en nuestra mente, son sólo patrones de pensamiento automatizados que hemos aprendido en algún momento de nuestra vida y que hasta hoy continúan ejerciendo su influencia sobre nuestro comportamiento. Cada uno de nosotros tiene su propio “estilo explicativo”, una manera de pensar que explica las causas de las cosas que suceden en nuestras vidas. Desarrollamos nuestro estilo o patrón de pensamiento durante la infancia y, a menos que se tomen medidas en el sentido de cambiarlo, él continuará actuando, de manera subyacente, a lo largo de nuestra vida. El patrón actúa como un prisma a través del cual nos explicamos a nosotros mismos por qué suceden las cosas, sean buenas o malas. Cada vez que alimentamos este tipo de pensamientos excesivamente autocríticos estamos diseñando una realidad coherente con ellos. Cuando no los identificamos como lo que son – patrones automatizados – y creemos en ellos como siendo nuestra “verdad”, estamos creando obstáculos que nos impiden realizar nuestro verdadero potencial y afectan a nuestra autoestima. Es la consabida profecía que se auto-realiza.
Además del impacto sobre nuestra autoestima y confianza, ese parloteo mental constante nos trae otros muchos perjuicios:

* Consume mucha energía – dejándonos agotados en el afán de pretender prever la vida en lugar de vivirla.
* Nos aleja del presente, llevándonos a vivir en el pasado – rememorando lo que no salió bien – o en el futuro – anticipando problemas.
* Dificulta la concentración – exigiendo más esfuerzo para realizar nuestras tareas y haciéndonos menos productivos.
* Crea un “ruido mental” constante en nuestra cabeza, lo que aumenta nuestro nivel de estrés.
* Construye una autoimagen disociada de la realidad, tanto en relación a nuestros talentos (que tienden a ser subestimados) cuanto a nuestras debilidades (que tendemos a supervalorar)
* Dificulta, y a veces, nos impide tomar decisiones.

¿Cómo salir de esta encerrona? ¿Es posible hacer callar esas voces?
Pienso que, al menos para nosotros, simples mortales, la respuesta es no. No es posible interrumpir nuestro diálogo interno y tampoco sé si sería deseable, ya que como dije, es por medio de él como procesamos e integramos las experiencias vividas. En mi opinión, se trata mucho más de permanecer atentos a la calidad de nuestras conversaciones mentales y de aprender a crear momentos de tranquilidad y claridad en nuestra mente.
Para ello:

1. Observa el contenido de tu diálogo interno – De modo general, no tenemos la costumbre de pararnos a prestar atención a nuestro diálogo y analizar su contenido. Si empezamos a hacer esta observación nos daremos cuenta de que en su mayor parte es negativo y tiene efectos dañosos en nuestro humor y disposición. Atención: No juzgues tus pensamientos, únicamente obsérvalos. Negativo o positivo en este contexto se refieren sólo a cómo estos pensamientos te hacen sentir: si te aportan placer o malestar emocional.
2. Anota los mensajes negativos o autocríticos – Tómate un día para estar atento/a a estos mensajes y anótalos. Identifica cómo hablas contigo mismo/a

(observa no sólo las palabras, sino además el tono en que se “dicen”). Fíjate en cómo esa “voz” tiende a convertir las situaciones en catástrofes.
3. Cuestiona el pensamiento – Cuando te pilles diciéndote algo del tipo “yo siempre lo hago todo mal”, párate y pregunta a ti mismo si eso es verdad. Está claro que a veces cometes errores. Pero ¿será verdad que siempre te equivocas? ¿Que nunca haces nada bien? Piensa en todas las cosas útiles que consigues hacer o que has hecho en el pasado.
4. Aprende a ser amable contigo mismo/a – Piensa lo siguiente: si hablases con las otras personas, con tus amigos, tal como hablas contigo en esa conversación interior ¿te quedaría algún amigo? Probablemente no, ¿verdad? Entonces ¿qué te lleva a darte a ti mismo/a un trato tan severo y poco respetuoso?

Trátate con más cariño y verás como empiezas a sentirte más satisfecho contigo y con tu vida.
5. Haz un “ayuno de críticas” - Crítica y autocrítica suelen andar juntas, visto que forman parte del mismo patrón juzgador. Quien se juzga de forma muy rigurosa tiende a hacer lo mismo en relación a los demás. Tómate un día para hacerte consciente de los juicios mentales que te formas respecto de las otras personas. Está claro que esos juicios todavía se producirán y cuando te pilles juzgando (y condenando) a los demás, sólo di esta palabra a ti mismo/a “cancela”. Con el tiempo, el patrón irá aflojando y te sentirás más tranquilo/a.
6. Aprende técnicas para tranquilizar la mente: Desconectar el parloteo constante de aquello que algunas tradiciones budistas llaman “la mente mono” no es tarea fácil para nosotros los occidentales. No obstante un pequeño esfuerzo en este sentido puede aportarnos una gran ganancia en tranquilidad y productividad. Una de las cosas que yo practico y recomiendo a mis clientes es repetir un mantra como forma de interrumpir la “carrera de los pensamientos”.

Hay otras muchas maneras de tranquilizar la mente hiperactiva: meditar, concentrarse en uno de los sentidos, cambiar la postura corporal, etc. Pesquisa, busca la forma que funcione mejor para ti y practícala.
7. Sal de la cabeza y vuelve para tu cuerpo: Practica algún ejercicio físico, de preferencia algo que te obligue a estar presente en tu cuerpo: danza, natación, yoga, artes marciales, etc. Cualquier actividad que te permita vivenciar la integración cuerpo-mente es un poderoso antídoto contra nuestra tendencia a perdernos dentro de nuestros pensamientos.
8. ¡Actúa! Actuar es lo que más profundamente desafía a las voces que viven dentro de tu cabeza. Si te decides a pagar para ver y te niegas a permanecer sentado/a lamentando lo que ha pasado o con miedo a lo que puede suceder, verás que poco a poco tu confianza en ti mismo va aumentando y tu diálogo interno empieza a modificarse. Como suelo decir a mis clientes, la vida es acción, y por reflexivas que seamos las PAS, no podemos vivirla dentro de nuestra mente.
Está claro que, como en cualquier proceso de cambio, alterar la calidad de tu diálogo interno no será algo que puedas hacer de la noche a la mañana. Es un maratón y no una carrera de 100 metros lisos. Por eso, sé benevolente contigo mismo/a y colócate en una actitud de “aprendiz de la vida”. Quizá sea interesante llevar un diario para ir registrando tus pensamientos autocríticos y escribiendo seguidamente un pensamiento más realista sobre ti y tus cualidades. Un pensamiento que apoye tu desarrollo como persona y te inspire a ser un poco mejor cada día. Y si deseas ayuda para lidiar con tu diálogo autocrítico, conoce mi trabajo de oaching
Quizá podamos trabajar juntos en ese tema.
Y si quieres saber más sobre el rasgo de la alta sensibilidad y aprender técnicas para lidiar con las características más difíciles, visita la Plataforma de la Udemy y asiste a las clases gratuitas de mi curso online "Alta sensibilidade e você: conheça e aprenda a lidar"


Besos y bendiciones.




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