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AMOR INCONDICIONAL


por Oliveira Fidelis Filho - oliveirafidelisfilho@gmail.com

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

"Pero quiero mostraros un camino sobremanera excelente. Si hablando lenguas de hombres y de ángeles no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe. Y si teniendo el don de profecía y conociendo todos misterios y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, si no tengo caridad, no soy nada. Y si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha." (I Corintios 13.1-3). Identificando el Amor incondicional.

1. En primer lugar es un "camino": "Un camino sobremanera excelente".
La declaración del Apóstol me hace recordar el "Noble Camino Óctuplo", enseñado por Buda, también conocido como "el camino de en medio" por basarse en la moderación y en la armonía; sin caer en extremos.

Se trata de un camino pavimentado a partir de "entendimiento correcto, pensamiento correcto, lenguaje correcto y acción correcta, modo de vida correcto, esfuerzo correcto, atención plena correcta y concentración correcta". Su objetivo es erradicar la codicia, el odio, la ilusión. El término "correcto", en el Noble Camino Óctuplo, denota plenitud y coherencia poseyendo el sentido de "perfecto" o "ideal".

En el "Camino Óctuplo" se hace necesario el "peaje" de la autodisciplina, del esfuerzo propio. Es una vía abierta y pavimentada por el propio caminante. Es el viaje de los "santos" en busca de la iluminación.

En el "camino sobremanera excelente", propuesto por Pablo, la iluminación rompe a partir de la divinidad que nos habita, en la medida en que se reconoce y permite a la esencia Crística expresarse en el cuerpo mental, emocional y físico. Lo cual, consiguientemente, desbordará en pensamientos, sentimientos, palabras y actos, inundados de amor, compasión, misericordia, benevolencia y gracia.

Hay personas que nacen y permanecen con el corazón limpio, con el alma liberta y expandida, y por tanto recorren el "camino sobremanera excelente" con levedad y naturalidad.

Hay también aquellos que en algún momento de la vida reconocen la necesidad de evolucionar espiritualmente, de expandir la conciencia, de liberar el alma de las garras del ego y, para ello, se imponen a sí mismos el reto de internarse por el elevado camino del auto-conocimiento, de la iluminación, del desapego, del amor incondicional.

Pasan a desbravar el camino elevado a partir de cuestionamientos y crisis que minan sus creencias y valores, dando oportunidad a profundas reflexiones, deconstrucciones y desapegos. Ceden ante los anhelos del alma en su creciente deseo de volver a la Casa.

También están aquellos que "pasan por la vida" totalmente ajenos a las apelaciones del alma, satisfechos con la superficialidad, hipnotizados por los valores materiales, fanáticos adoradores del ego, y no son más que "encarnaciones" perdidas.

En cada una de estas realidades existenciales hay una variedad de niveles y momentos que han de ser reconocidos y amorosamente respetados. ¡En lo que atañe a la evolución espiritual y a la expansión de la conciencia no somos iguales!

En el Maestro Jesús, el Amor incondicional se presentó en plenitud. De tal forma encarnó esta expresión de Vida que se sintió congruentemente autorizado a decir "Yo soy el Camino", o sea, en mí el camino se ha hecho. Del Maestro es, asimismo, el reto: "Sed perfectos, como perfecto es vuestro Padre Celestial". Tal perfección es refrendada en el Amor divino que "hace nacer el sol sobre malos y buenos".

En Jesús, más que técnicas, prácticas o rituales religiosos o espiritualistas, más que presupuestos ideológicos, filosóficos, teológicos o teosóficos, la Esencia Crística libre de todos los condicionamientos, de toda sombra, de todas las construcciones, ilusiones y proyecciones del ego es lo que se expresa. En él el Amor incondicional transfigura el hombre desfigurado en la medida en que da oportunidad a la plena expresión de la divinidad. En la dimensión Crística el hombre tiene ocasión de ser lo que verdaderamente es: Amor, Verdad, Vida.

Es "un camino sobremanera excelente", pues pone a disposición, para aquellos que lo recorren, la seguridad de la Paz, significativas vivencias y las más agradables recordaciones.

Quien se mueve por este camino lleva en su equipaje pensamientos, sentimientos, palabras y actos acondicionados en envases perfumados de benevolencia, compasión, misericordia, perdón y acogimiento. Esparce a su alrededor el buen perfume Crístico, deja tras de sí un rastro de Luz.

2. En segundo lugar, transforma las palabras en armoniosas melodías.
Si hablando lenguas de hombres y de ángeles no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

Sin Amor, las palabras, sean de la lengua que fueren, no son más que sonidos irritantes y agresivos.

El amor incondicional no puede ser definido por la brillantez de la oratoria, no obstante, es lo que reviste de brillo el discurso, la enseñanza, el diálogo, lo que presta sentimiento de acogida a cualquier lenguaje. El Amor incondicional hace que un idioma sea comprensible incluso para quien no lo conoce. Hace fluida la comunicación tanto para el intelectual como para el analfabeto. En su ausencia las palabras se vuelven estridentes y agresivas, en su presencia, dejan de ser necesarias.

3. En tercer lugar, define el real valor de quien se tiene por poseedor de una gran fe o conocedor de los misterios y de la ciencia. "Y si teniendo el don de profecía y conociendo todos misterios y toda la ciencia, y tanta fe que trasladase los montes, si no tengo caridad, no soy nada."

Sin Amor incondicional, lo que se dice sobre la divinidad, sobre la espiritualidad, sobre Dios, se convierte en una afrenta al propio Dios. Sin él, todo conocimiento, en el campo que fuere, así como las más extraordinarias exhibiciones de fe, no añaden ningún valor ni beneficio alguno a quien lo posee. Sin el Amor, toda espiritualidad, religiosidad, prácticas y ejercicios espirituales se vuelven estériles y aburridos. Sin Amor, la verdad, lejos de liberar, aprisiona y perjudica.

4. En cuarto lugar, sin Amor incondicional toda "buena obra" en nada beneficia a quien la realiza.
"Y si repartiere toda mi hacienda y entregare mi cuerpo al fuego, no teniendo caridad, nada me aprovecha."

Mucho en las "buenas obras" está movido por deseos de satisfacer al propio ego, de ser visto, aplaudido, reconocido. Por sentimiento de inferioridad, de culpa, por la propia necesidad de expiación, o bien con el objetivo de maquillar la propia imagen, de ser "políticamente correcto". En las motivaciones políticas y religiosas el objetivo es, casi siempre, el cambalache, el deseo de sacar provecho, de garantizarse "así en la tierra como en el cielo".El Amor incondicional adorna con expansión de conciencia y evolución espiritual al protagonista del silencio, de las palabras y de los actos. Hace resonar dentro del ser altruista la frecuencia divina, da ocasión a que reverbere la vibración Crística, colmando el alma de puro deleite. Al corazón enamorado del Amor Incondicional le está permitido degustar el genuino sabor de la donación expurgada de toda sombra. No se trata de hacer para Dios, es un hacer en Dios.


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