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Aprendiendo a Silenciar la Mente


Autora: Maria Helena Albuquerque - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

En este mundo conturbado y lleno de conflictos abrumadores imaginaos agobiados en ese enmarañado de reacciones físicas, suprarreales, debilitados y sin saber cómo recurrir a ciertos procedimientos transpersonales para libraros de las energías tenebrosas del día a día de este Planeta Azul.
Según los estudiosos y practicantes de la meditación curativa es importante elegir un sitio secreto para intentar aquietar nuestra alma. En fin, reconciliarnos con nuestro Yo Divino para recomenzar las batallas del amanecer cósmico. Ello porque, según el punto de vista de los maestros budistas, es sabiduría iluminada elegir un horario al final del día para recogernos en completitud del entorno que nos debilita, al menos durante unos treinta minutos. Una actuación vital para visitar a nuestro 'niño herido', revivir con maestría y de modo contemplativo, las experiencias de nuestra sacralidad interior.
Con esto queda comprendido que un acto meditativo hecho de modo mecánico es erróneo, pues cualquier ser humano que posea los cinco sentidos, pero que esté desprovisto de un mental expandido, no logra comprender las señales del Universo mientras aspira a silenciar la mente.
Luego, es preciso entrenar esa travesía en busca de la “iluminación”, porque el acto de Meditar y o de Ejercitar esos procesos Transpersonales significa en integridad una verdadera travesía en busca del autoconocimiento e incluso corresponde a un salir del 'sí mismo' para entrar en el mundo sensorial y perseguir el vacío que es nuestro Ser. Varios científicos Holísticos y Transpersonales suelen puntualizar que Ejercitar el silencio es la personificación de la meditación. Ello porque mientras intentamos entrar en esa sintonía en postura de loto, nos sumergimos en el valle del silencio y alteramos nuestra percepción en el entorno de nosotros mismos para cambiar el foco de las palabras en dirección al silencio.
Y en esa sintonía, iremos atravesando todos los valles de este planeta azul en compañía de Mantras sagrados y o de esos acordes de la Llama Violeta, que así se resumen: “Yo soy. Yo soy. Yo soy. Yo puedo. Yo soy una Llama Violeta. Yo Soy la energía que Dios quiere”.

En la filosofía budista, el arte de la meditación tiene varios matices para templar de modo divino nuestra alma con todas las miríadas, pues aprender a relajar la mente, relajar el cuerpo y desarrollar el poder de concentración personal forma parte de las herramientas de los Talleres del Alma, en la Transpersonalidad y en el Más Allá de la Materialidad. Con esas herramientas básicas se comprende que el ser humano queda armonizado consigo mismo y con el Universo; mientras tanto, sella su campo electromagnético disponible frente a las energías densas que bloquean sus conexiones mente-materia y en tiempo de realidad psicofísico y conexiones mente-materia en el espacio y en el tiempo. De hecho, para el Monje Kelsang Gyatso es a través de la meditación como logramos recorrer los caminos de la transformación; pero para tanto es preciso despertarnos para esa sintonía ejercitándola día tras día, pues sólo así nos convertiremos en el Buda que Dios desea; aquella persona enteramente libre de todas las obstrucciones mentales para interaccionar con nuestros pares con sabiduría y maestría.

En la Psicoterapia Transpersonal y Holística está puntualizado que las meditaciones se hacen presentes como una de las herramientas básicas para la “terapia de estrés”, para combatir las energías densas que agreden los cuerpos físicos y sutiles; la meditación es de hecho la forma preventiva para fortalecer el ego, acciona la señal de alerta contra los estados de enfermedad. Ello porque cuando solemos meditar con regularidad, estamos más atentos a los eventos reales y suprarreales del entorno. Estamos despiertos y atentos a nuestras formas-pensamiento e incluso conscientes de nuestras conexiones mente-materia, de nuestra realidad psicofísica, de nuestra individuación, y bastante más fuertes frente a las energías tenebrosas en el espacio y en el tiempo.
Y así se expresa Daniel Goleman en relación a nuestra inteligencia emocional, parafraseando a los científicos del siglo pasado: “Freud, por ejemplo, veía la 'neurosis universal del hombre'. Buda constató que todas las personas mundanas son perturbadas. Si bien las constataciones sean semejantes, las respuestas son diferentes. Freud procuró, mediante el análisis, ayudar a sus pacientes a enfrentar, entender y reconciliarse con esa 'trágica' condición de vida.
Buda procuró, a través de la meditación, erradicar las fuentes del sufrimiento con una reorientación radical de la percepción”.

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