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Callar o hablar: ¿Sabes lo que marca la diferencia? El valor de la validación


Traducción de Teresa - [email protected]

No son los traumas que sufrimos en la infancia
lo que nos hace emocionalmente enfermos,
sino la incapacidad de expresarlos

Alice Miller

Recuerda cuando, en una situación que te producía angustia, miedo, tristeza, y sin saber qué hacer, buscaste a alguien para hablar, querías desahogarte un poco, y así, organizar mejor tus pensamientos y sentimientos. Pero luego de empezar a contar lo que te aflige, la persona te juzga, dice que no debes sentirte como te sientes, que eso está mal. en fin, te hace sentir peor de lo que ya estabas, te callas, y percibes que no puedes contar con nadie, lo cual te hace cada vez más callado, guardando todo lo que sientes sólo para ti. Ahora imagina esa misma situación, pero con una diferencia: la persona te escucha atentamente, te acoge, muestra interés por tus sentimientos. Le cuentas cómo te sientes, consigues expresar cada vez mejor tus sentimientos, y al final te sientes mucho más aliviada; y aunque la persona no resuelva tu problema, el alivio será evidente.

¿Has tenido ya alguna de esas experiencias? ¿Has notado cómo la reacción de aquel a quien has buscado, en quien has confiado, puede cambiar tu propia reacción? ¿Serías capaz de identificar qué es lo que marca la diferencia? ¿Qué es lo que hace que tú hables o calles cuando buscas a alguien para compartir tus sentimientos?
Cuando alguien toma en serio lo que tú le cuentas y tus sentimientos, esto se llama VALIDACIÓN. ¡Y eso marca toda la diferencia!

Hoy, adulta, puede que tengas, o no, recursos o herramientas para lidiar con tal situación, ¿de acuerdo? Puedes marcharte, defenderte, argumentar. Pero imagina ahora eso cuando eras pequeña. por lo regular tus sentimientos no eran considerados, no eran validados. Y el niño difícilmente logrará defenderse, puesto que no tiene recursos para ello, viéndose completamente en soledad con todo lo que le resulta doloroso. No tener nuestros sentimientos validados desde la niñez nos hace aprender desde muy pronto a no considerar nuestros dolores y a no hablar de nuestro sufrimiento, que muchas veces ha empezado muy pronto.

¿Te acuerdas del famoso besito que cura? Por ejemplo, el niño cae, y uno de los padres puede decir: no ha sido nada, levántate enseguida, déjate de remilgos. El niño puede incluso levantarse, pero percibirá que sus sentimientos no fueron validados o respetados. Muy diferente será en la misma situación si uno de los padres le dice: déjame ver qué ha sido, te duele? ¿Cómo te sientes? ¡Te daré un besito y pronto te pasará! ¿Percibes la diferencia? Esta última actitud hará que el niño note que es importante, que sus sentimientos han sido considerados y tomados en serio. Y ¿qué cambia con esto? ¡Todo!

Aquel adulto que cuando acudimos a él no valida lo que sentimos, puede que de niño no haya tenido sus sentimientos validados. No lo ofrece, puesto que no lo aprendió, no lo recibió. Y más, cuando somos tratados así desde niños, aprendemos a no validar los sentimientos de las demás personas y a no validar tampoco los nuestros propios. ¿Te das cuenta de cómo esto se va repitiendo y dejando secuelas? Por ser algo aparentemente tan sencillo ni siquiera percibimos que deja marcas. ¡Pero desgraciadamente las deja!

¿Has leído la frase de Alice Miller (psicoanalista polaca, 1923-2010) citada al comienzo de este artículo? Ese es uno de los efectos: ¡nuestra incapacidad para expresar lo que sentimos! Y el no expresar nuestras emociones puede hacernos enfermar. Muchas pesquisas y mi experiencia en el consultorio muestran que ciertos síntomas dejan de existir cuando la persona expresa sus sentimientos, pero con una diferencia, con quien los VALIDE.

Tener la posibilidad de comunicar tus vivencias dolorosas a alguien que puede contar, que demuestre interés y comprensión hacia tu historia y valide tus dolores y tus sentimientos, ¡marca toda la diferencia! A esa persona que te acoge, que toma en serio tu historia, tus sentimientos y dolores, Alice Miller la llama testigo conocedor.

Procura observar si tú validas tus dolores y sentimientos, o bien los ignoras, como si no fuesen importantes. Observa también si validas el dolor de tus hijos o de aquellos con quienes convives.
Averigua si tus dolores fueron validados cuando eras pequeño, o si has sido tratada con indiferencia o desprecio, haciendo que no te sintieses importante. En caso de haber ocurrido esto, busca un testigo conocedor, por lo regular un psicólogo, a quien podrás contar tu historia y ser escuchada verdaderamente.


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zago
Rosemeire Zago é psicóloga clínica CRP 06/36.933-0, com abordagem junguiana e especialização em Psicossomática. Estudiosa de Alice Miller e Jung, aprofundou-se no ensaio: `A Psicologia do Arquétipo da Criança Interior´ - 1940.
A base de seu trabalho no atendimento individual de adultos é o resgate da autoestima e amor-próprio, com experiência no processo de reencontrar e cuidar da criança que foi vítima de abuso físico, psicológico e/ou sexual, e ainda hoje contamina a vida do adulto com suas dores.
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