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Como aprender a respetar nuestro Templo


por Mauro Kwitko - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Nuestra casa es nuestro cuerpo y nuestro cuerpo es nuestro Templo. La boca es la puerta principal del Templo, y debemos, entonces, cuidar de lo que entra en Él a través de ella.
¿Alguien puede imaginar abrir la puerta del Templo de nuestra Religión, sea una Iglesia, una Casa, un Centro, y poner cualquier cosa allí dentro? ¿No tenemos todos un cuidado, un respeto, al entrar en el Templo de nuestra Religión? Nos quitamos el sombrero o la visera, algunas veces nos quitamos los zapatos o las zapatillas deportivas, hacemos la señal de la cruz o manifestamos alguna otra actitud de respeto. ¿Por qué entonces echar cualquier cosa para dentro de nuestro cuerpo, si él es el Templo a través del cual se manifiesta nuestro Espíritu?

Gran parte de las personas no tienen el menor cuidado y respeto por su Templo corpóreo, y abren su puerta y comen cualquier cosa, beben cualquier cosa, fuman tabaco, toman bebidas alcohólicas, hacen uso de sustancias tóxicas, sin atender a lo que va a ocurrir cuando aquello penetre en el Templo. Imaginemos que nuestro cuerpo fuese transparente y pudiésemos ver lo que ocurre cuando ingerimos alimentos no saludables, alimentos perjudiciales, bebidas alcohólicas, y generalmente en gran cantidad, sin masticar, o bebiendo a tragos? Ciertamente quedaríamos horrorizados con lo que veríamos. Y cuando fumamos, si pudiésemos ver aquel humo corrosivo entrando por nuestros bronquios, llegando a los alvéolos de nuestros pulmones, pasando a la sangre, recorriendo todo nuestro organismo, apestando, contaminando, envenenando, destruyendo, difícilmente alguien continuaría fumando si asistiese a eso.

El interior de nuestro Templo que debería ser un sitio limpio y puro, desde que nacimos, con la excepción de la leche materna, empieza a ser contaminado y degradado con alimentos que no alimentan, con un criterio por lo regular basado en el color, en el aspecto, en el sabor y en el aroma y no como debería ser, basado en si es sano o no, si alimenta o no, si nutre o apenas satisface nuestros sentidos, nuestra comodidad y nuestra prisa.
Esa falta de cuidado y respeto con nuestro Templo corpóreo es lo que hace a muchas personas echar boca adentro las dos peores drogas existentes, de uso autorizado: el tabaco y la bebida alcohólica.
Y éstas, aparte de no traer ningún beneficio, no ser alimento, no proporcionarnos nada que contribuya a nuestra salud, son la puerta de entrada a las drogas llamadas ilícitas: la marihuana, la cocaína, el crack y tantas otras.

Todos cuantos no han aprendido a cuidar de su Templo y comen cualquier cosa, fuman, beben, toman lo que sea, abren la puerta y permiten que entre en su Templo lo que sea sin el menor respeto, y debemos fijarnos en la verdadera herejía que estamos cometiendo con la casa de nuestro Espíritu, y el atentado contra el principal proyecto en una encarnación: nuestra búsqueda de Purificación.
Todos queremos un país mejor, y eso es posible, siempre que empecemos a ver las cosas tal como deben ser vistas. El uso de drogas en el mundo entero, y principalmente aquí en Brasil, es tan solo un reflejo de lo que venimos haciendo desde hace siglos, creando una terrible e inhumana desigualdad social alimentada por la corrupción y los intereses personales, y con eso, la miseria, el hambre y la violencia a niveles cada vez más alarmantes, por una concepción de que la vida es para aprovecharla, aceptando como normal que muchos segmentos de los medios de comunicación difundan cualquier producto, independientemente del criterio de que sea benéfico o dañino, que una gran parte de las canciones en las radios y de las películas y series en las televisiones sean de origen norteamericano, imponiéndonos los valores y los ideales de aquel país, creando una cultura joven basada en el consumo y en el materialismo, cimentada en el egoísmo, en la superficialidad y en la competitividad, creando una concepción de que podemos comer cualquier cosa, nos alimente o no, y todos nosotros, descuidados, ingerimos cualquier alimento que satisfaga nuestro paladar o nuestro olfato, sin fijarnos en lo principal, que sería su valor nutritivo.

En este mundo de materialismo, de superficialidad, de vivir el día a día, de dominio de los medios de comunicación, de los cuales una gran parte atiende solamente a la captación de patrocinadores, sin que les importe la calidad de su producto, si es bueno para las personas o no, si es sano o no, si su mensaje es positivo o negativo, estamos todos inmersos. Y, en este mundo, aprendemos desde pequeños a comer cualquier cosa, recibimos el mensaje de que todas las fiestas deben ser celebradas con bebidas alcohólicas, muchos padres y madres y familiares son fumadores, muchos toman medicamentos psicotrópicos (principalmente ansiolíticos y antidepresivos), dando así un ejemplo a los hijos de que la bebida alcohólica, el tabaco y los medicamentos psicotrópicos, es algo, si no realmente bueno y recomendable, sí socialmente aceptable, cuyo uso está permitido, lo cual viene a ser magistralmente refrendado por los medios de comunicación, que divulgan las bebidas, el tabaco y los medicamentos, creando así la mística de que "eso se puede".Solo continuarán haciendo lo que nosotros les hemos enseñado, lo que las radios jóvenes les enseñan, lo que los canales de televisión enseñan, o sea, cómo ser irresponsable e inmediatista, cómo estar a la moda, cómo ser igual a los otros, que estudiar es una lata, lo guay es el botellón, que trabajar solo si fuese en algo que dé mucha pasta o bien, si se gana poco, que no se tenga que trabajar mucho, que ser joven es ser lanzado, como se muestra en la televisión y como gritan los presentadores de las radios jóvenes, que todo es una fiesta, la vida es para aprovecharla, que la juventud pasa rápido y entonces hay que aprovechar, y con la puerta abierta por la bebida alcohólica y por el tabaco y con todo ese incentivo a la locura y a la alienación, allá van nuestros jóvenes en busca de nuevas emociones, en la marihuana para "espiritualizarse", en la cocaína para "ligarse", en el crack para viajar más barato, en el LSD para "aumentar su amor", en el Ectasy para poder brincar toda la noche, en fin, ellos van simplemente a continuar, a su modo, haciendo lo que nosotros les hemos enseñado, solo que ahora ha ocurrido algo inesperado para nosotros: mientras bebían socialmente y fumaban de vez en cuando, y eso es lícito, a veces con cierta exageración, pero los padres y familiares también cometen las suyas, está bien, ¡pero drogas ilícitas, no!


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