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¿Cómo será el mañana?


por Bernardino Nilton Nascimento - bn.nascimento@uol.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

El futuro es el espacio de tiempo que se inicia después del presente y no tiene un final definido. Es la condición utilizada en la disciplina clásica para nombrar a algo que está por venir. Es lo que todavía no sucedió, pero podrá, o no, suceder. En la realidad, la figura del futuro no existe. Lo que sí existe es un deseo pretencioso por nuestra parte de que las cosas sucedan tal como hemos planificado, incluso a sabiendas de que la única verdad absoluta es el presente.

Es más que natural ponernos a imaginar, o incluso a prever, cómo será el futuro. ¿Cómo será nuestro mañana? Es imposible saberlo de forma detallada. El mundo, nosotros mismos y nuestro día a día, o sea, todo, se encuentra en un estado de constante transformación, lo cual dificulta cualquier tentativa de acertar en lo que está por venir. Solo sabemos que hay un plan Divino en plena ejecución, que está afectando mucho a nuestra vida y haciendo cambios en nuestro cotidiano.

Mientras todo el mundo no esté alineado al plano de Dios, las incertidumbres, que son hermanas de los miedos, serán siempre responsables por nuestras inseguridades, incluso pese a todas las experiencias y resultados del pasado.

Pero ocurre que estamos siempre volviendo al mismo lugar y repitiendo los mismos errores. A menudo elegimos caminos peligrosos o creemos en sueños engañosos que pueden poner en riesgo nuestro mañana. Lo que tenemos que hacer es girar juntamente con la evolución, agarrándonos firmemente para no ser lanzados fuera de la ruta Divina. No podemos echar a perder el plan Divino. Éste ha comenzado y se encuentra en plena actividad. No hay vuelta atrás. Ahora bien, si incluso con todas las oportunidades, facilidades y claves ofrecidas, tú no te adaptas al plan Divino, tu día a día se te hará largo y tú, dominado por el miedo, más lejos estarás de percibir tu mañana.

Es posible formular una propiedad esencial que caracterice una conciencia que indique el futuro. Una propiedad que nos permita alargar ciertas representaciones y ciertos ideales futuros. En esta propiedad, la libertad no puede ser arrancada de nuestra conciencia, que deberá estar totalmente abierta y en frecuente estado de meditación para que podamos, frente a la verdad que la conciencia nos permite, vislumbrar mejor nuestro mañana, reduciendo nuestra incertidumbre, aunque sin los detalles de nuestras aspiraciones.

Las cartas, horóscopos, runas, y otros medios esotéricos procuran garantizar, para quienes creen en ellos, la certeza de lo que vendrá. Quizá sea más fácil hilvanar nuestra personalidad y poner el mañana bastante más adelante, en lo que podemos llamar futuro, con ciertas adivinaciones, que propiamente acertar con lo que va a suceder mañana.

Si hacemos un análisis, un estudio más profundo de la personalidad de cada uno, nos arriesgaríamos a llegar a decir qué podrá suceder en la trayectoria de alguien, por conocer su pasado y las consecuencias que éste le podrá acarrear, ya que las decisiones que haya tomado funcionan casi como una previsión de futuro. No podemos olvidar el viejo refrán: “dime qué has hecho en el pasado, y te diré cómo será tu futuro”. Es lo que podemos llamar futuro previsible.

No podemos sufrir por anticipación. Hemos de procurar ser auténticos y leales para con nosotros mismos y para con el prójimo en el presente. Procediendo así no necesitaremos temer el mañana. Daremos un gran paso al retirar los miedos, alejando los fantasmas y viviendo el hoy con toda dedicación y amor. De esa forma, la respuesta a la pregunta de cómo será nuestro mañana ya está prácticamente respondida.

Las profecías hechas no son más que pesquisas colectivas del pasado, incorporadas a lo que está ocurriendo. Nacen de la junción entre un profundo conocimiento de la humanidad y una buena dosis de intuición. Muy diferente de la adivinación.

El futuro previsible funciona como una fórmula matemática, en la cual, sumando pasado más intuición, se llegará al resultado esperado. Sin embargo, no podemos olvidar que el mundo es historia, y la esencia de la historia es irreversible. Esta imposibilidad de revertir tiene una razón especial y personal, y revertir situaciones momentáneas no es revertir la historia. ¡Quede esto bien claro! La historia es irreversible, y el mañana, de forma amplia, es imposible decir cómo será.

Un punto crítico de acomodación es que la vida gira sobre sí misma, de modo a tornarse capaz de previsiones y de invenciones, de imaginarse y de reinventarse. Ella se ha vuelto consciente en el inconsciente. Cuando vislumbramos una frontera, no podemos interrumpir el paso, mucho menos mirar atrás o jugar todos nuestros pensamientos para el futuro. Lo importante, en el plano personal de cada día, es trascender los miedos y los prejuicios, lo cual nos encaminará hacia un mañana más prometedor.

Es mucho mejor poder prever, con nuestras decisiones, un futuro posible, que permanecer tratando de conocer una verdad a menudo incierta, fallida y llena de falsas esperanzas.


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