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Con libertad...


Traducción de Teresa - [email protected]

El otro día escribí sobre un sueño de una amiga, y decía: No sé qué hacer. A lo largo de los siguientes días, muchas personas se acercaban a mí con esa frase, después de contarme situaciones en las cuales ya lo habían intentado todo.

Cuando decimos que no sabemos qué hacer, es porque ya lo hemos intentado todo con nuestros recursos racionales, y casi siempre ese intentarlo todo a menudo envuelve una expectativa de que el otro cambie… o de que cambie la situación… Pero como tanto se ha dicho desde hace tanto tiempo… nada cambia si no cambias tú.

Esperar a que el otro cambie y se adapte a las expectativas que tenemos respecto de él es una especie de muerte de nuestros sueños… si eso no implica un trabajo profundo de liberación de algo que hay en nosotros que nos hace atraer esa clase de problemas…

De nada sirve huir de las situaciones si llevamos la causa dentro de nosotros… no hay modo de huir o escondernos de nosotros mismos…
Estar lamentándonos por lo que hace el otro, que nunca se adapta a lo que esperamos, o que nos hace sufrir… solo nos lleva a un callejón sin salida en el cual acabaremos diciendo aquella frase: no sé qué hacer…

Por tanto… manos a la obra… esa frase es siempre una señal para decirnos que es buen momento para empezar a hacer algo que realmente funcione… algo para liberar en ti lo que te hace atraer siempre el mismo tipo de situaciones…

Nosotros no lo sabemos… pero la Divinidad en cada uno lo sabe…
Y hay muchas maneras de trabajar para acceder a la fuente e ir más allá de las soluciones del ego… cada uno tiene sintonía con alguna cosa… con una manera de hacer las cosas…

Estoy en esa sintonía con el Ho’oponopono, en este momento… pero siempre estoy abierta hacia lo nuevo… y siento que éste ya se está manifestando, y me da señales de algo…

Hoy consigo hacer el Ho’oponopono sin mucho estrés, sin mucha preocupación de estar haciéndolo bien o no… porque hacerlo bien es hacerlo con el corazón…
Con el tiempo la Divinidad pasa a guiarte y tú mismo te vas encontrando dentro de la práctica… encontrando tu manera y aprendiendo a confiar en la Inspiración Divina.

No solo en el Ho’oponopono, sino en cualquier otra cosa, pienso que debemos sentirnos libres para hacer lo que manda nuestro corazón.

Si tú te sientes bien así y obtienes resultados… esto es lo que importa.

Ya lo hice de varias maneras desde el comienzo, y siempre ha funcionado…
Considero que la Divinidad en cada uno sabe lo que necesitamos… y pienso que estamos en un tiempo en el cual esa conexión con la Divinidad va a producirse de una forma cada vez más directa, que ya no necesitará pasar por peticiones… ni por repeticiones… Tuve un sueño que me lo indicó así claramente… Pero si aún sentimos que ese es el camino por donde la cosa va a funcionar… todo está bien…
Lo importante es seguir al corazón y permitir que el otro también siga al suyo…

Tengo una amiga que es la persona que conozco en la cual los frutos del Ho’oponopono son más visibles, porque han cambiado su vida de forma muy nítida… en lo relativo a su empleo… a su casa… y después a la jubilación… todo discurrió mejor de lo que ella esperaba… y eso lo conseguía solamente diciendo ¡Lo siento mucho! ¡Te Amo!... frente a los problemas…

Hoy también, la mayor parte de las veces, ya me sorprendo solamente repitiendo bajito… ¡Te Amo!!!

Sé que cuando empezamos nos sentimos más seguros haciéndolo todo correctamente, según lo que encontramos… y lo que encontramos no siempre es igual, lo que para mí es un signo de que debemos filtrarlo todo con el corazón e ir observando si las cosas están funcionando… y si tú te sientes bien haciéndolo de esta o de aquella manera…

Así es como hice con el Ho’oponopono y como lo sigo haciendo… Y lo que me parece interesante, en ese caso específico, es que siempre ha funcionado… siempre he obtenido resultados sorprendentes con el Ho’oponopono… ¡por eso le agradezco tanto!

Las muchas reglas de lo que es acertado o equivocado también están basadas en memorias; y si lo pensamos más profundamente… incluso el considerar que tenemos memorias equivocadas que limpiar… también es una creencia… y me parece que el propio Ho’oponopono nos llevará a ese punto… de un día cerrar la puerta al pasado y abrirla al presente, sin que nada más nos ate por allá…

Entiendo que todas esas herramientas son para facilitar el contacto con nuestra parte Que Sabe… Y si conseguimos establecer ese contacto, eso es lo que vale…

He sabido de casos de personas que se han curado por la Fe… otras con el Ho’oponopono… otras solo repitiendo Mantras Tibetanos… y por hablar de mantras, hay una historieta que me encanta y la comparto con vosotros…Verdadero Sonido de la Verdad
Un antiguo relato nos cuenta un problema similar. Un devoto practicante de la meditación, después de años concentrado en un mantra en particular, había conquistado la percepción suficiente para empezar a enseñar. La humildad del estudiante estaba lejos de ser perfecta, pero los maestros en el monasterio no se preocupaban por eso.
Tras algunos años enseñando con éxito, dejaron al practicante con la certidumbre de que ya no necesitaba aprender con nadie más; pero él, al oír hablar de un famoso ermitaño que vivía en las cercanías, vio que la oportunidad era muy atractiva como para dejarla pasar.
El ermitaño vivía solo en una isla en medio de un lago, y siendo así, el practicante contrató a un hombre con un barco para atravesar hasta la isla. El practicante fue muy respetuoso con el viejo ermitaño. Después de tomar un té con hierbas, le preguntó al ermitaño sobre sus prácticas espirituales. El viejo le dijo que no tenía ninguna práctica espiritual, a excepción de un mantra que repetía todo el tiempo para sí mismo. El practicante estaba extasiado: el ermitaño utilizaba el mismo mantra: ¡pero cuando el ermitaño pronunció el mantra en voz alta, el practicante quedó aterrado!
“¿Qué ha pasado?” preguntó el ermitaño.
“No sé qué decir. ¡Me temo que has desperdiciado toda tu vida! ¡Estás pronunciando el mantra de forma incorrecta!”
“¡Oh, eso es terrible! ¿Cómo debería decirlo?”
El practicante le dio la pronunciación correcta, y el viejo ermitaño quedó muy agradecido, rogándole lo dejase a solas para poder empezar inmediatamente con la práctica. En la travesía de vuelta, el practicante, ahora obviamente un maestro completo, se puso a reflexionar sobre el triste destino del viejo ermitaño.
“Tuvo mucha suerte de que yo hubiese venido. Por lo menos tendrá algo de tiempo para practicarlo correctamente antes de morir”. En ese instante, el practicante notó que el barquero estaba mirando pasmado, y se volvió a tiempo de ver al ermitaño de pie, respetuosamente, sobre el agua al lado del barco.
“Con permiso, por favor. Siento molestarte, pero se me ha vuelto a olvidar la pronunciación correcta. Por favor ¿podrías repetírmela?”
“Obviamente no te hace falta”, tartamudeó el practicante, pero el viejo insistió en su educado ruego hasta que el practicante demostró piedad y se lo dijo nuevamente. El viejo ermitaño se puso a decir el mantra muy cuidadosamente, despacio y repetidamente, mientras caminaba sobre la superficie del agua, de vuelta a la isla.


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