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¿Confiar sin hacernos daño?


Traducción de Teresa - [email protected]

Casi siempre creamos expectativas en nuestras relaciones personales, afectivas, familiares. Confiamos, creemos, apreciamos y muchas veces nos decepcionamos y nos hacemos daño. Creamos ilusiones respecto de aquellos a quienes conocemos y cuando éstos tienen comportamientos inesperados, el suelo de nuestra seguridad desaparece y nos sentimos amenazados. Cuando ocurre esto, muchas veces nos cuesta creer en los hechos, pese a que son reales y están ante nosotros. Como defensa para no sentir dolor, negamos, huimos, pero pronto vuelve el resentimiento para recordarnos que hemos sido engañados, traicionados.

Muchas veces, dependiendo del grado de nuestra implicación, acabamos por confundir la realidad con nuestras necesidades y miramos al otro tal como desearíamos que fuese y no como él se presenta. O sea, con mucha facilidad confundimos lo ideal con lo real. Claro que otras veces el otro hace de todo para que creamos que él es como un ángel, pero con el tiempo percibimos que estaba muy distante de serlo.

Los principales responsables por nuestras desilusiones somos nosotros mismos, pues idealizamos a la otra persona y, aunque inconscientemente, proyectamos en ella la responsabilidad de satisfacer nuestras necesidades. Así, perdemos la capacidad de discernir entre realidad y necesidad, así como la propia responsabilidad de suplirnos nuestras carencias.

Si nos fijamos mejor y volvemos un poco al pasado, quizá percibamos que hemos sido engañados, en realidad, por ignorar nuestra intuición, la voz interior, que casi siempre dice: “no va a salir bien, no confíes, no sigas adelante”. Ignoramos nuestros valores como si no fuese correcto confiar en nuestra propia voz. Y entonces nos engañamos y nos hacemos daño.

¿Quiere esto decir que no debemos creer en las personas? Debemos creer por encima de todo en nosotros mismos; muchos confían más en otras personas que en sí mismos y ese no es el mejor camino. Lo que debemos evitar es depositar en el otro todo nuestro referente de vida y valores, dejar de vivir la propia vida y vivir la vida del otro. No podemos perder nuestro referente interno, pues al mantener nuestras referencias, será más difícil que alguien nos decepcione hasta el punto de perdernos de nosotros mismos.

Algunas personas sufren demasiado, porque en verdad esperan demasiado, o cuando menos, esperan que el otro tenga respeto y valores semejantes a los suyos, lo cual no siempre sucede.
Confiar en alguien en los días de hoy es muy delicado. Si te consideras una víctima constante de personas así, ¿no será hora de pararte un poco y repensar sobre tus propios valores y la forma de conducir tu propia vida? ¿O entonces no confiar tanto? Puedes sufrir por haber sido engañado, pero sufrirás mucho más por haberte dejado engañar. De nada servirá rebelarte, pelearte con el mundo, considerar que no se debe volver a creer en el ser humano. Pero quizá sea importante para ti creer por encima de todo en ti mismo.

Recuerda que quien engaña al otro, en verdad, se está engañando y huyendo de sí mismo. O sea, quien “juega” con los sentimientos de alguien, quien hace daño al otro, está faltando al respeto, ante todo, a sí mismo, ocultándose detrás de máscaras por no ser capaz de soportar sus intensos conflictos internos. Parece que las personas así olvidan que con el tiempo las consecuencias pueden invertirse, y presentar el efecto bumerang: ida y vuelta. Están tan atentas a cómo herir o perjudicar al otro que ni siquiera logran percibir el daño que están causándose a sí mismas, ni se conceden la oportunidad de descubrir que pueden ser muy felices sin que sea preciso hacer daño a nadie.
En cualquier relación, independientemente del tiempo que ésta dure, podemos oír lo que nos dicen, comprender lo que piensan, o mejor, dicen pensar, pero difícilmente sabremos qué es lo que realmente sienten. Si incluso nuestros propios sentimientos escapan a nuestro control, imagina lo que siente el otro. Amistad, complicidad, ética, responsabilidad, comprometimiento, respeto, son valores hoy muy difíciles de encontrar.

Quizá por eso sea tan importante valorar a aquellos que nos son queridos, que muestran coherencia entre lo que sienten, hacen y hablan. Y más importante todavía, es valorar nuestra propia intuición, que muchas veces nos aconseja no seguir, aunque lo pasamos por alto y seguimos adelante, decepcionándonos más tarde, no solo con el otro, sino también con nosotros mismos. Por eso, observa más, habla menos y ten la seguridad de que para que alguien sea especial para ti y participe de tu vida, debe respetar al otro como a sí mismo, lo cual desgraciadamente pocos consiguen.
Por todo esto, ¡confía sobre todo en ti! Y como máximo en una hoja de papel en blanco, si deseas desahogarte. Y recuerda lo que escribió Jean Paul Sartre: “No importa lo que nos han hecho, lo que importa es lo que hacemos con lo que nos han hecho.”


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Rosemeire Zago é psicóloga clínica CRP 06/36.933-0, com abordagem junguiana e especialização em Psicossomática. Estudiosa de Alice Miller e Jung, aprofundou-se no ensaio: `A Psicologia do Arquétipo da Criança Interior´ - 1940.
A base de seu trabalho no atendimento individual de adultos é o resgate da autoestima e amor-próprio, com experiência no processo de reencontrar e cuidar da criança que foi vítima de abuso físico, psicológico e/ou sexual, e ainda hoje contamina a vida do adulto com suas dores.
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