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Constelaciones Familiares y Sistémicas


Autora: Maísa Intelisano
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Traducción de Teresa
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Nuevo punto de vista sobre las relaciones humanas

¿Qué son constelaciones familiares?
Se trata de un método de ayuda basado en los descubrimientos del alemán Bert Hellinger, que se sirve de personas neutras para representar a miembros de la familia o del grupo social del cliente.

Hellinger descubrió que hay tres fuerzas que actúan como leyes en todos los grupos o sistemas: la jerarquía (establecida por el orden de llegada), la pertenencia (establecida por el vínculo) y el equilibrio (establecido por el dar y el tomar/recibir), que él denominó Órdenes del Amor. Cuando esas leyes son violadas en una familia o grupo, surgen compensaciones que actúan en otros miembros, a menudo en miembros que siquiera habían nacido cuando el problema sucedió. Gracias a la representación, el cliente puede percibir esas violaciones y hacia dónde fluye su amor, y cómo esas leyes pueden ser nuevamente respetadas. De esa forma, él puede divisar el próximo paso para una manera más leve de conducirse en la vida, solucionando la cuestión que lo incomoda.

A decir verdad, es muy sencillo: las constelaciones nos aclaran, de forma PRÁCTICA, cómo hacer que las relaciones humanas sean más leves y, principalmente, cómo hacer para que eso ocurra. Basándose en esos descubrimientos descritos, Hellinger desarrolló un método de ayuda extremadamente original, sintético, "directo al punto", que nos permite percibir, en poquísimo tiempo, qué es lo que sucede por detrás de los trastornos de comportamiento y conflictos en un grupo de personas, ya sea en una familia (la mayor parte de los casos - de ahí el nombre de constelaciones familiares) o en una empresa, por ejemplo.

¿Por qué el nombre "constelaciones"?
El nombre original del trabajo desarrollado por Bert Hellinger en alemán es Familienaufstellung y significa, en traducción literal, "posicionamiento familiar". El verbo stellen, que en alemán significa colocar o posicionar, fue traducido al inglés como constellate, que significa formar o agrupar, traducción totalmente apropiada. Como el primer libro en portugués fue traducido a partir del inglés, constellate fue traducido como constelaciones y esa técnica adquirió el nombre de "constelações familiares" en portugués. El término "constelación", sin embargo, nada tiene que ver con estrellas, astrología, esoterismo o similares, significando únicamente una representación en que los elementos de un grupo son posicionados en una determinada configuración de relaciones.

Este abordaje ¿tiene relación con alguna religión, misticismo o esoterismo?
No. Este abordaje no está vinculado a ninguna religión o credo. Tampoco presupone la necesidad de que el cliente crea en nada de antemano. Es un abordaje fenomenológico, basado en la observación empírica y en la percepción de los fenómenos que ocurren con los propios clientes y sus representantes. Conceptos como "alma" y "espíritu", en el trabajo de Hellinger, tienen significados empíricos propios que nada tienen que ver con los conceptos que esas palabras reciben en la jerga habitual. Quien quiera que mezcle ese abordaje con religión, misticismo o esoterismo, no está siguiendo la metodología conforme a lo que él ha creado.

¿Qué no son las constelaciones familiares?
No son una sustitución para tratamientos médicos convencionales, ofrecidos por las profesiones de la salud reglamentadas. No son una religión o creencia mística, ni tienen conexiones con religiones, creencias esotéricas o ideologías de cualquier tipo. Considerando los principios descubiertos por Hellinger como naturales y universales, podemos notar su acción en todas las culturas y sabidurías seculares de todo el mundo y observarlos en el dinamismo natural de las relaciones humanas aquí y ahora, independientemente del conocimiento que se tenga sobre las personas implicadas. Las constelaciones no son una panacea y no están contra ningún otro método de trabajo. Todo lo contrario. Están ahí para sumar, ofreciendo una nueva perspectiva para la situaciones en que los abordajes tradicionales quizá ya no tengan nada que añadir.

¿En qué pueden ayudar las constelaciones?
Hay algunos contextos posibles en que las constelaciones pueden ayudar:
. En la relación de pareja;
. En la dificultad de conseguir una relación duradera;
. En los fallos sucesivos de una persona en sus proyectos profesionales;
. En las enfermedades, especialmente las de fondo psicosomático y las hereditarias;
. En los conflictos entre padres e hijos;
. En la dependencia prolongada de los hijos en relación a los padres, sin lograr adelantar;
. En el abuso de drogas lícitas e ilícitas;
. En los conflictos entre hermanos;
. En cuestiones relativas a herencias o sucesión;
. En el comportamiento de auto-boicot o auto-sabotaje;
. En el cambio de una costumbre o comportamiento repetitivo;
. En la búsqueda de mejor desempeño en el trabajo.

Quiero leer algo sobre este abordaje, ¿dónde lo puedo encontrar?
Tenemos hoy dos editoras que ofrecen los trabajos de Hellinger y otros autores sobre constelaciones familiares en portugués: la Editora Cultrix y la editora Atman.

¿Qué es mejor: participar como oyente o representante, o constelar?
Eso depende de la necesidad individual de cada participante. Si la persona ya tiene una necesidad o un tema personal importante y definido que desea solucionar, entonces la indicación es que participe para constelar. En otros casos, como el de alguien que ya participó antes y desea saber más sobre ese trabajo, o alguien que aún no tiene un tema definido, o incluso alguien que sólo desee conocer la técnica antes de traer un tema, sugerimos que participe como oyente.

Las órdenes del amor
Todos tenemos una consciencia personal, que podemos sentir "leve" o "pesada". Sentimos esa consciencia analizando y evaluando nuestros actos. Muchos creen, inclusive, que esa consciencia es el juez de lo que está "bien" o "mal" en nuestra vida. Hellinger se dio cuenta, no obstante, de que esa es una equivocación muy común, pues nuestra consciencia personal nada tiene que ver con lo que está "bien" o "mal". Ella se guía por otros principios, que pueden o no estar ligados a lo que moralmente se considera "bien" o "mal".

Pero Hellinger observó también que esos mismos principios actúan más allá de la consciencia personal leve y pesada. Notó que, en las familias, ocurre algo extraño: ciertos destinos trágicos o difíciles parecen repetirse de generación en generación. Al observar esto y trabajar con familias y clientes durante muchos años, él terminó percibiendo que las personas de una familia son como dedos de una mano: se mueven bajo la acción de una consciencia común que los lleva a proceder de una forma que mantiene esos tres principios válidos también para el grupo y no sólo para el individuo.

Ese descubrimiento ha descortinado todo un universo de percepciones sobre la naturaleza de nuestras relaciones familiares y, por extensión, sobre todos los demás grupos a que cada ser humano está ligado, y Hellinger, entonces, describió tres principios básicos que rigen las relaciones humanas, a saber:
. el principio vinculante, que establece la pertenencia a un grupo;
. el principio de jerarquía u orden de llegada dentro de un grupo;
. y el principio de equilibrio en los intercambios, entre el dar y el recibir.

La pertenencia es generada solamente por el vínculo. "Quien pertenece, pertenece. Quien no pertenece, no pertenece". Y lo que sea que venga después de ese punto final no deshace el vínculo.
Un vínculo puede ser creado por lazos de sangre o por lazos de destino. En el primer caso, están padres, hijos, hermanos, hermanastros, tíos, hermanastros de nuestros padres, abuelos, bisabuelos, etc.

En el segundo caso, tenemos las parejas actuales y anteriores, no importando el motivo de haberse terminado la relación. O las personas que añaden algo al sistema, como alguien que deja una herencia, y con ello facilita mucho la vida de una familia, haciendo que esa persona pertenezca, entonces, al sistema de esa familia, debiendo recibir un lugar de amor y respeto dentro de ella.

El orden es establecido por la jerarquía en el tiempo. "Quien llegó primero, llegó primero. Quien llegó después, llegó después". Y nada que venga después de este punto final altera el orden.

Un equívoco que se observa cuando hablamos de ese orden es confundirlo con el orden jerárquico militar, en el cual se presupone obediencia ciega a las órdenes superiores. No es este el caso. Ese orden no presupone obediencia automática, sino precedencia y respeto. Pese a ello, la postura con la cual se "desobedece" esa ley dicta los efectos de la desobediencia. O sea, desobedecer con el sentimiento de que se puede hacer "mejor" que aquellos que han venido antes tiene un efecto. Desobedecer con la postura de hacer algo "diferente" - no mejor - al servicio de aquello que sigue adelante y de manera aún más leve, tiene otro efecto.

Los efectos de ese orden se muestran por la observación, tanto de lo que ocurre cuando el mismo es mantenido, como de lo que ocurre cuando se rompe:

. Cuando el orden es mantenido, los que vienen después no se meten en los asuntos, sentimientos, culpas, hechos y faltas de los que vinieron antes. Respetan lo que se ha hecho, exactamente tal como se ha hecho, sin recriminaciones y sin la pretensión de que, en las mismas condiciones, lo hubieran hecho mejor que sus antepasados. Están agradecidos por el simple hecho de estar vivos y saben que, sea como fuere, ellos mismos están cosechando los frutos de los actos de aquellos que vinieron antes que ellos.

. Cuando el orden se rompe, los que vienen después consideran que pueden actuar como si fuesen mejores que los que vinieron antes, como si, frente a las situaciones vividas por sus antepasados, fuesen capaces de tomar decisiones y actitudes "mejores" y "más acertadas", o como si pudiesen "corregir" el pasado, interfiriendo en los asuntos de los antecesores. Esto lo hacen, generalmente, con amor y en la esperanza de que pueden "ayudar" a los anteriores, compartiendo con ellos su destino, infortunio, culpa, desventaja, dificultades, dolores, etc. El efecto es que los que vinieron después asumen sobre sí cosas que no son capaces de administrar, pues no son los autores de aquello que ocurrió y desean modificar. El resultado de tal tentativa es el fracaso y/o la enfermedad, que, por lo regular, se caracterizan por el agotamiento de los recursos materiales y emocionales para continuar actuando contra el orden.

El equilibrio es restablecido por el dar y el recibir, y actúa solamente entre iguales, cuando no hay jerarquía u orden en la relación, como en las relaciones de pareja o entre amigos.
"Cuando el orden entra, el equilibrio sale". El equilibrio sólo actúa cuando no está en vigor el principio de orden.
La necesidad del equilibrio es fácilmente percibida en las relaciones. Quien recibe algo de alguien se siente impelido a dar algo de vuelta. De ese modo, cuando una persona recibe algo bueno, que acrecienta al amor y a la relación, hay una tendencia a devolver "un poquito más", reforzando el intercambio y aportando un efecto positivo.

Pero cuando la persona es herida o recibe algo ruin, que resta al amor o a la relación, siente la conciencia leve, mientras que el ofensor siente la conciencia pesada, desequilibrando la relación. En un caso así, para que el equilibrio quede restablecido, es preciso que aquel que ha sido herido realice una compensación negativa, haciendo al otro algo que le cause daño, pero "un poquito menos" de daño.

Vale resaltar que esa "vuelta" no es una venganza, sino un verdadero ajuste de cuentas, en el cual ambos quedan nuevamente al mismo nivel y pueden retomar los intercambios. Esto se hace por amor, porque el otro es importante, y la relación con él es valorada.

Dada la "vuelta" y restablecido el equilibrio en aquello que acrecienta al amor y a la relación, ambos deben olvidar lo que ha pasado y permitirse comenzar de nuevo sin volver al pasado a cada instante, para que el pasado sea pasado, y no presente.

A esos tres principios Hellinger les dio el nombre de Órdenes del Amor, toda vez que están motivados por el amor profundo entre descendientes y antepasados. Y sus observaciones han abierto asimismo las puertas a aquello que, a menudo, permite la solución en los desórdenes: un amor más amplio y más consciente, que sobrepasa los límites restrictos de la consciencia personal. Y en ese ámbito se desenvuelven las constelaciones familiares, buscando restaurar la armonía entre los Órdenes del Amor dentro de cada grupo familiar o sistema. Esto hace posible comprender, entonces, el comportamiento de cada miembro, así como las posibles salidas para la expresión de su amor.

Amor que enferma y amor que sana
Como nuestra consciencia personal nos liga a nuestra familia, ésta desempeña un papel fundamental en nuestro amor.

Es frecuente observar, en los niños, un amor especial, profundo e ilimitado en su entrega, y, al mismo tiempo, autocentrado y ciego a las consecuencias. Ese amor cree en el sacrificio personal como modo de proteger a las personas amadas, aunque eso, en realidad, no sea más que una idea mágica que nada tiene que ver con la realidad de los hechos observados. A ese amor Hellinger lo denominó "amor ciego", percibiendo que en él reside la base de todas las tragedias - de ahí la expresión "amor que enferma".
Ese amor se insurge contra el orden establecido, contra la realidad tal como se presenta, e incluso contra la muerte. Espera suplantarlo todo con su fuerza. Y por eso falla.

En oposición a él, observamos otro amor, más amplio y abarcador en su visión, y también más comedido y humilde en sus actos. Hellinger lo denominó "amor que sabe" o "amor que ve". Ese amor fluye juntamente con el orden y se detiene frente a los hechos que es imposible modificar, renunciando a actuar más allá de lo que permiten las condiciones. Ese amor también mantiene al otro, al ser amado, y al amor que emana de él en su campo de visión. Es humilde, comedido y respetuoso. Y por ello alcanza, realiza, y puede sanar.

Ayudar con lo mínimo
Muchos de aquellos que buscan y ofrecen ayuda piensan en ella de forma que el ayudante es "grande" y el ayudado es "pequeño". De esa manera, el ayudante es colocado como si supiese lo que es mejor para el ayudado. Y muchas veces el ayudante se encarga de cuidar al ayudado hasta que éste "quede bien". Eso, en realidad, crea una dependencia entre el ayudado y el ayudante, transfiriendo al ayudante la responsabilidad por el cambio y por el resultado con el ayudado.
Ese tipo de ayuda "prende" a ambos, ayudante y ayudado, el uno al otro, y a los dos en relación a la vida. Y acaba también, eventualmente, achicando la dignidad del ayudado.

Está claro que es un camino de ayuda válido, que tiene su lugar, por ejemplo, entre un cirujano y su paciente. Pero ese ayudar tiene límites. Es especialmente limitado cuando aquello que necesita ser modificado es algo que depende mucho más, o exclusivamente, de la actitud del ayudado. En tal caso, esa forma de ayudar tiene poco efecto, o poco contribuye.

El abordaje sistémico-fenomenológico de Hellinger ayuda desde otra perspectiva. En ella, el ayudante y el ayudado están al mismo nivel. Y el ayudante, inclusive, llega al sistema del ayudado en último lugar, ayudando justamente por saber menos, y no más. Como no está preso a los presupuestos del ayudado, el ayudante lo auxilia a ver aquello que está fuera de su campo habitual de visión. Y, una vez que el ayudado ve, nada más es necesario y el ayudante se retira.
Eso es ayudar con lo mínimo, uno de los conceptos esenciales de este trabajo.


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