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Cuando el amor “virtual” no se vuelve “real”...


Traducción de Iván Lavilla - ivanlavil@hotmail.com

Ya he recibido varios mensajes de lectores que me piden que escriba sobre “amor virtual”, de esos que un número cada vez mayor de personas vive por Internet, ya sea en salas de chat, ya sea a través del intercambio de mensajes.
Pero sólo ahora, no sé decir por qué, me sentí realmente inspirada para escribir sobre este “admirable mundo nuevo”...

Los medios son cada vez más sofisticados y prácticos. Los perfiles permiten cada vez más datos. Además de los antiguos – y casi pasados de moda (?) e-mails – ahora hay también Orkut, MSN, Skipe, cámara, entre otras herramientas que nos dan la nítida sensación de estar cada vez más cerca del otro, sea quien sea y esté donde esté...

No quiero caer en la tentación de decir que todo eso es excelente solamente cuando se trata de relaciones profesionales y hasta amistades; tal vez yo realmente esté siendo obstinada en no querer creer que el amor pueda invadir realmente la virtualidad, traspasar tiempo y espacio e inundar corazones que no se sabe dónde, ni cómo, ni cuándo... tal vez mañana, tal vez nunca... tal vez siempre, sin nunca haber sido...

Entonces, para no radicalizar, intentaré explicar mis razones, porque – confieso! – yo misma, en otra época, experimenté el hechizo de esta red virtual que logra rendir corazones en interminables esperas de un simple y absoluto mensaje...
Hoy, realmente tengo mis recaudos. Ya sé, podrás alegar: “pero yo conozco parejas que se conocieron por Internet y están juntos hasta hoy...”. Muy bien! Yo también conozco parejas, de verdad!
Sin embargo, las cuento con los dedos de una sola mano, mientras no me son suficientes los 20 que tengo para hablar de los casos que ya escuché sobre dolor, lágrimas, decepción, resentimientos, ansiedad, inseguridad, refuerzo de baja auto-estima, entre otros sentimientos que me hacen considerar arriesgado y demasiado inconsistente tal camino para el amor...

Sin contar que, definitivamente, apuesto mucho más en todo lo que no es posible a través de la pantalla de la computadora. Creo en la sutileza del encuentro, miradas, sonrisas, abrazos, palabras, un pálpito que tiene la suficiente fuerza para indicar una dirección, cosa que por Internet se hace de manera demasiado vaga, demasiado vulnerable, demasiado difusa.

A mi ver, toda la fragilidad de las relaciones virtuales, aunque estén plagadas de declaraciones y juramentos de amor, se debe a la facilidad que las personas tienen de ser quien no son, o quien les gustaría ser, pero no tienen el coraje ni se consideran capaces de tanto...
De ahí que las palabras sean digitadas, pero no tengan alma. Los sentimientos son descritos, pero no tienen profundidad. Los encuentros son idealizados, pero no tienen fuerza de realización, no tienen disponibilidad suficiente para suceder... porque están, sobre todo, imposibilitados por el miedo al rechazo, por las exageraciones cometidas sin ninguna noción, por las condiciones reales ignoradas en nombre de deseos fugaces y prohibidos...

Y así, quien está del otro lado, sumergido hasta el cuello en esta fantasía, se queda sin entender nada... Preguntándose qué fue lo que pasó, qué salió mal, cómo podría haber sido, vivido, sentido, compartido... sin nunca realmente haber oído ni siquiera la respiración agitada del otro en busca de un amor que pudiera ser real.
Y si pudiera dar un consejo, diría que los encuentros virtuales pueden ser excelentes comienzos, pero que no ocupen un lugar que no existe. Es preciso hacerlos reales cuanto antes, para que no se tornen repletos de expectativas que ni uno ni otro pueden soportar.

El amor en singular es platónico, presente que se guarda en el corazón como joya que se guarda en un cajón seguro, trabado, donde nadie lo ve. Si es amor no singular lo que busca, tal vez Internet sea el lugar ideal.

Sin embargo, si es amor en plural, vivido entre dos corazones lo que desea, este sólo es posible cuando hay encuentro. Que tal vez no sea hoy, pero que tiene que ser con día y hora marcados... para que no se pierda en la ilusión de la mente, tan desvariada en un constante ir y venir de pensamientos contradictorios y sospechosos, vacíos y, al mismo tiempo, tan repletos de sus propias dudas, tan sin mapas cuando se trata de reconocer los sentimientos.
El amor sigue por el camino del corazón y no por el de la virtualidad inexistente.


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Rosana Braga é Especialista em Relacionamento e Autoestima, Autora de 9 livros sobre o tema. Psicóloga e Coach. Busca através de seus artigos, ajudar pessoas a se sentirem verdadeiramente mais seguras e atraentes, além de mostrar que é possível viver relacionamentos maduros, saudáveis e prazerosos.
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