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¡Cuando el corazón llama!


por Irineu Deliberalli - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Hay momentos en la vida en que sentimos algo por dentro decir que nos falta algo. Cuando esto sucede, normalmente nos encontramos ante dos caminos: una profunda ansiedad, mezclada con angustia y descontento o una sensación interior de que algo necesita ser colmado en nuestro pecho.
En esos momentos, puedes tener la seguridad de que es el corazón que nos llama.

Pero ¿por qué el corazón nos llama?
Para que se entienda este llamado, es bueno que comprendamos que nuestro corazón, que bombea nuestra sangre en pulsaciones de 50 a 120 latidos por minuto, es tan solo la fachada de aquello que es más sagrado en cada uno de nosotros los vivientes de la experiencia en la vida física: Nuestra Alma, también llamada Yo Superior, Súper Consciente, Supra Consciente o Cuerpo Crístico. En el corazón se manifiesta la Chispa Divina de cada ser humano, por eso él es la sede del alma. Y el Alma es el cuerpo que nuestro Espíritu Divino e inmortal, hecho a imagen y semejanza del Padre/Madre divinos, usa para entrar en contacto con nosotros, aquí en esta dimensión terrestre.
Todos los mensajes que recibimos de la divinidad vienen a través del corazón.
Entonces, al llamarnos, él está intentando hacernos recordar los compromisos asumidos con nuestra búsqueda de iluminación y cura personal, además del necesario crecimiento para que podamos alcanzar los programas preestablecidos en la dimensión etérica, elaborados antes de que regresásemos a la vida física.

Reparto mi tiempo profesional en cerca de 20% para cursos de Chamanismo o Reiki y el 80% para el consultorio de Psicología, en atención psicoterápica o chamánica, con personas que acuden a mí a fin de lograr la resolución de conflictos o liberación de los traumas que hacen enferma su existencia.
En este día a día de mi trabajo, voy aprendiendo, con cada paciente que me visita, que sus historias en cierto modo forman parte también de la mía, como también de la de aquellos que ya han acudido a mí o acudirán.

La historia humana es única, es la historia de todos nosotros, subdividida en innumerables facetas o matices. Todos nosotros, raza humana, escribimos una única historia, porque somos todos uno. Cada uno de nosotros es una célula del Gran Todo, viviendo funciones diferentes en el presente momento, pero la experiencia es para todos y en la rueda de la vida, donde todo gira a cada ciclo; volvemos aquí diversas y repetidas veces, para dar continuidad a un proyecto de Alma.

Bajo la orientación de nuestro Espíritu Perfecto, que es tan solo energía divina, nuestro cuerpo del Alma establece un proyecto de aprendizaje para cada uno de nosotros y cada cierto tiempo este proyecto es revisado para que no nos desviemos del camino elegido.
Ocurre que el ciclo cósmico de 26 mil años termina en 2.012 y hasta entonces tendremos que dar cuenta de todos los proyectos iniciados y no terminados, y ahí es cuando viene nuestra Alma, a través de su canal – el corazón – a llamarnos para cumplir aquello que con anterioridad se había pactado.
Todos nosotros hemos dejado abiertos, sin solucionarlos, varios archivos del pasado y ahora tenemos muy poco tiempo para terminar la tarea.
A mi juicio, basado en la propia vivencia personal y profesional, todos nosotros estamos llamados a encontrar nuestro camino de en medio, como dijo el maestro Buda.

Las personas se sienten perdidas; los contenidos archivados en el cuerpo emocional y aún no comprendidos, aceptados y curados, salen a la superficie con enorme frecuencia, quitando la paz y la tranquilidad a la mayoría de las personas en este momento de transición.
Hay un fuerte llamado de nuestro corazón, quizá no un llamado, sino un gran grito de alerta diciendo: Despierta, vuélvete hacia mí, escucha lo que tengo para decirte, recuerda nuestro compromiso de vivir en armonía, el pacto que hicimos de que vinieses en determinada época para manifestar lo divino en ti.
Yo soy tu corazón, tu ser divino, tu camino de en medio, aquel que alerta, para que asumas tu real poder en la luz. La luz que hay dentro de mí, la propia luz de la cual quizá hayas huido, para encantarte con el falso brillo de las apariencias del ego y del poder.

Estoy dentro de ti, casi clamando por tu atención, para que me des una oportunidad de mostrarte el camino de tu alegría, de tu felicidad, del bien vivir. No hay nada equivocado contigo, solo que has de aceptarte tal como eres. Lo que has vivido hasta ahora han sido experiencias de la dualidad, pues este era el plan de Dios.
Las experiencias de vivir la sombra y la exacerbación de los sentidos ya han terminado. Ahora es el momento de la armonía. Es el momento de que tu luz acoja a tu sombra y juntas caminen, lado a lado, para despertar aquello que está dentro, en tu centro, en tu portal divino, que es la Conciencia Crística.

El corazón nos llama, porque lo hemos olvidado. Llama a nuestra puerta, a través de diversas crisis de personalidad, intentando decirnos: sal de la mente, pues la mente es la región donde se aloja nuestra personalidad, y en ella hay un gran archivo de cosas enfermas necesitadas de cura.
Temores, culpa, soledad, depresión, ansiedad, sumisión, tristeza y otras muchas.
El corazón nos llama porque quiere que nos curemos, pues cuando aprendemos a entrar en contacto con él, su propia Luz acoge y ayuda a sanar estos dolores emocionales intensos que son repetidos en nuestras diversas vidas aquí en el planeta.
En nuestra mente está el “tener” y en nuestro corazón está el “ser”.

He tenido la felicidad de encontrar, en mi camino de ser humano y psicólogo, el Chamanismo, y a través de algunas prácticas chamánicas muy sencillas, aprender a entrar en contacto con este espacio interior sagrado.
Semanalmente llevamos a cabo una Rueda de Cura pública, los jueves a las 20 horas, y toda orientación que recibimos de los Seres que dirigen este trabajo es para llevar a cada participante a entrar en contacto con el ser divino que está dentro del corazón.
Nuestro corazón tiene una luz dorada deslumbrante, que es la luz del propio Cristo personal; y a esta luz se tiene acceso cuando paramos la mente, dejamos el pensamiento de lado y abrimos la maravillosa puerta rosa-dorada de nuestro ser divino.En ese momento abrimos un abanico enorme de posibilidades de comprensión de nuestra realidad y de nuestra misión en el planeta, que empieza siempre con nosotros.
Su tu corazón te está llamando, ciertamente es el momento de aprender a escucharlo.
Si hay inquietud e intranquilidad en tu vida, puedes tener la seguridad de que hay algo muy importante dentro de tu mente que tienes que liberar.
Esta liberación solo se procesa teniendo acceso a tu corazón, y debe ser este el motivo por el cual está llamando a la puerta de tu personalidad, llamándote para la cura en la conciencia divina. No tardes tanto en atender a su petición. Tu tardanza es la prolongación de tu sufrimiento y tu corazón te llama para tu real, pero ya no quiere verte sufrir.
Él llama para la cura, para el viaje final de tu vida en esta dimensión, pero solo si sabes escuchar sus apelaciones de cambio y sus gritos explícitos, al decirnos: “Ven para mi amor”.


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