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Cuando elegimos un camino tenemos que ser persistentes


Autor Bernardino Nilton Nascimento - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Ningún ser humano alcanzará la cumbre de la evolución sin conocer la libertad y la compasión. Cuando cada uno sienta la magia de perfeccionarse a sí mismo, con el corazón colmado de compasión y los pensamientos libres de ideologías y deseando de corazón la felicidad del prójimo, los eslabones de la libertad y de los buenos deseos estarán completos y tu evolución humana iniciará un nuevo ciclo, saldrá de la inteligencia para la sabiduría.

Muchos de nosotros llegamos a la vida práctica con un sentimiento mágico de actitudes confortables para el ser humano. No han sido raros los seres que se han dedicado y dedican su vida a nuestra libertad y nuestra evolución. Esas personas deben ser consideradas excepcionales. Las más de las veces han conseguido su elevación y libertad total a costa de muchos esfuerzos, mucha compasión y un infinito amor por la humanidad.

La tendencia de quien empieza a encontrar los caminos que llevan al éxito es considerar que las primeras victorias, aunque insignificantes, sirven como llave mágica, que les abrirá las puertas de la gloria.

En general, no obstante, lo que sucede es que ese primer éxito inicial tiene una repercusión mucho menor y menos consistente de lo que se podría imaginar. Si caes en la equivocación de convencerte de que, luego de los primeros brillantes objetivos alcanzados ya puedes reducir el ritmo de trabajo y "acomodarte", muy pronto te certificarás de lo contrario. Las primeras victorias son muy interesantes y estimulan mucho, siempre que se considere que están construyendo los primeros peldaños de una larga escalera que es preciso subir, antes de llegar a una situación estable, definitiva. No sólo me refiero a la parte financiera, sino a la que lleva al triunfo para siempre: "el carácter".

Es preciso que antes de poner tu mirada en el éxito profesional, no olvides que las victorias estarán fatalmente mezcladas con cierto porcentaje de pequeñas derrotas, de fracasos que, si bien transitorios, son a veces bastante desagradables.

Si no estás preparado para esas eventuales situaciones y piensas ingenuamente que tus éxitos vendrán en una serie ininterrumpida, podrías desanimarte de modo definitivo y lamentable ya en los primeros tropiezos a que tengas que enfrentarte.

Al encaminar tu vida profesional has de estar preparado psicológicamente, a fin de no venirte arriba, no entusiasmarte demasiado con los primeros éxitos que vayas obteniendo, ni desanimarte con los contratiempos que surjan en tus objetivos. Recuerda siempre que la vida es lucha continua, y si desistes en medio del camino, deberás recomenzar la andadura, también larga y penosa, en cualesquiera otras actividades.

Conviene, asimismo, advertir que esos desistimientos, esas capitulaciones cobardes, prematuras, pueden venir cuando ya habías franqueado los obstáculos más difíciles y estabas a punto de cosechar los deseados frutos de tus esfuerzos.

Las ideas no son tan fáciles de poner en práctica como dicen aquellos que están fuera de la situación. Todo se vuelve fácil cuando contemplamos al prójimo como un robot; los remedios de la vida son distintos para cada uno de nosotros, pues somos diferentes, cada cual arrastra su fardo singular y esos fardos difieren al miligramo; tal como somos todos desiguales, así también lo son los remedios de la vida: lo que sirve para uno puede no servir para otro, lo que fue bien para uno puede ir mal con otro, y así sucesivamente.

Podemos pensar igual, pero los dolores no son todos iguales, lo mismo que las alegrías tampoco lo son; cada uno tiene sus sentimientos, cuya envergadura nadie conoce verdaderamente.
Sin embargo, lo cierto es que debemos ser perseverantes, honrados, educados, bondadosos y desear siempre la felicidad del prójimo.

Hablando de la persistencia, me vino a la memoria una historia antigua que leí no recuerdo en qué libro, pero que ha quedado grabada en mi mente como una de mis filosofías de vida.

Una vez dos grandes tenistas se encontraron en una final de campeonato, un gran partido, con el recinto a rebosar; ambos eran muy parecidos en su forma de jugar, ambos tenían asimismo algo en común, y era una gran resistencia física, en que cada cual apostaba para ganar el partido y el campeonato. Pero el caso es que el día del partido hacía un calor inmenso y un sol ardiente, abrasador.

Cada juego era ardua y largamente disputado y los sets se sucedían de manera interminable, bien a favor de uno, bien a favor del otro. Por ese motivo, tras más de dos horas de partido, el cansancio empezó a hacer mella en el tenista que no era el preferido de la afición, pues el juego se disputaba en cuadro del adversario.

Pero ambos continuaban encantando al público por el empeño y la fuerza de voluntad que ponían en vencer; sin embargo el desánimo empezó a abatir al preferido de la afición y todos ya notaban su enorme esfuerzo para continuar el partido. Así llegó el momento en que, pese a ser un gran deportista de temple, estaba a punto de rendirse, ya que el calor y el cansancio se apoderaban de su mente, y su cuerpo ya casi no obedecía a sus comandos. El público ya notaba que él no resistiría mucho más tiempo, visto que sus jugadas no tenían la fuerza necesaria para lanzar la pelota a los rincones finales del cuadro. Cuando se volvió de espaldas para proveerse de bolas, pensó rápidamente en desistir, pero cuál no sería su sorpresa cuando, al volverse para hacerlo, con asombro y alegría verificó que su oponente, vencido literalmente por la extrema fatiga, se confesaba imposibilitado para continuar el partido.

Sé pues, perseverante, y tendrás en el partido de la vida todo el control; y recuerda que tus eventuales adversarios son, como tú, criaturas de carne y hueso y nadie es invencible. Sólo esto será lo bastante para que no renuncies a tus objetivos; aunque recibas cientos de "no", habrá uno que te encamine a la victoria, al éxito, aunque te cueste mucho; has de buscar tus límites y no desistir ante los primeros reveses, como tampoco debes celebrar demasiado las primeras victorias; el partido de la vida no se acaba, y con una actitud errónea podrías echarlo todo a perder.

Tenemos, en todo el mundo, falsos héroes que después de estar venciendo y ser aclamados por el pueblo, se sienten tan avergonzados que acaban por suicidarse; otros no pueden salir a la calle, pues ese mismo pueblo que un día les aplaude, otro día puede condenarlos.

Pero también están los verdaderos líderes, los verdaderos héroes, aquellos que aun después de la muerte continúan teniendo miles de seguidores. Podemos ser modestos y dejar buenos ejemplos solamente para los que nos rodean; esto ya nos hace héroes en nuestro partido de la vida.


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