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Cuando nos distanciamos de nosotros mismos

por Bel Cesar
Cuando nos distanciamos de nosotros mismos
Publicado dia 25/09/2008 12:34:55 em STUM WORLD

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Traducción de Teresa - [email protected]

El mundo está demasiado ruidoso. En la ciudad hay siempre un nuevo edificio en construcción, una calle que está en obras, el sonido alto de un coche sin tubo de escape o el arranque de una moto. En las tiendas, la música “bate-estaca” se asemeja a la de las fiestas Heavy que impiden el sueño de quien quiere dormir en el campo durante el fin de semana. La regla parece ser aguantar y esperar a que pase. Y así vamos acostumbrándonos a los sonidos desagradables con la misma naturalidad con que respiramos el aire seco y lleno de polución de la ciudad. “Aguanta un poco más, esto pasa pronto”, nos decimos a todo instante…

Cuando ya no queremos ver, cerramos los ojos. Pero ¿qué podemos hacer cuando ya no queremos oír? ¿Buscar algo agradable para concentrarnos en ello? Hay quien sabe “desconectarse” de lo que no quiere oír, pero eso no garantiza que su sistema nervioso quede a salvo de una sobrecarga de estímulos.

Es verdad que podemos atribuir al mundo nuestras cualidades internas si lo miramos con “buenos ojos”, al igual que podemos recibir del mundo buenos mensajes si tenemos “buena escucha”. En este sentido, podríamos decir que, por medio de los ojos, exteriorizamos nuestro mundo interior, y con los oídos recibimos los atributos del mundo exterior. Pero lo que realmente importa es que este intercambio constante, entre estímulos y atribuciones, sea saludable, nutritivo, fluido. Cosa que, hemos de convenir, es cada vez más difícil que ocurra… Al fin y al cabo, ¿cómo podría suceder si el ruido ambiental de la ciudad moderna viene aumentando en cerca de medio decibelio al año?

La ciencia médica ya ha establecido que escuchar continuamente sonidos por encima de los 85 decibelios causa daños a la audición. El sonido de motos y coches alcanza en general los 80 decibelios. Un camión de recogida de basura, 142…

En la tentativa de soportar la presión externa nos encogemos, tal como hacemos instintivamente cuando queremos protegernos al ser agredidos. Por consiguiente nos retraemos interiormente: buscamos ahorrar todo y cualquier esfuerzo extra que aumente nuestro estrés. De esta forma, sin que lo percibamos, nos encerramos, tanto para fuera como por dentro.

Impedidos de relajar y de expresarnos libremente, perdemos el sentido de la unidad interior y gradualmente nos distanciamos de nuestros propios sentimientos. A medida que nos acostumbramos a distanciarnos de nosotros mismos, pasamos igualmente a alejarnos de nuestras emociones positivas, como sentirnos inspirados, creativos, entusiasmados para descubrir y envolvernos con el mundo a nuestro alrededor. Conforme nuestra energía se congela, pasamos a actuar como robots, mecánicamente. Podemos mantenernos eficientes productivamente, pero a un coste energético muy alto. Nos quedamos deprimidos o simplemente sin gracia.

Cantar la tristeza, danzar la alegría, pintar las angustias, siempre ha sido para el ser humano un modo de recuperar el sentimiento de entereza y pertenencia, tan necesarios para la salud psicofísica y espiritual. Es un placer contemplar a aquellos que consiguen expresar creativamente sus sentimientos. Pero aunque no tengamos el don del arte, podemos buscar el silencio para conectarnos interiormente. Sin embargo, ¿por qué será el silencio cada vez más difícil de encontrar?

Murray Shafer, en su libro La afinación del mundo (Ed. Unesp) nos da una buena indicación: “El hombre gusta de producir sonidos para recordar que no está solo. Desde ese punto de vista, el silencio total es el rechazo de la personalidad humana. El hombre teme a la ausencia de sonido del mismo modo que teme a la ausencia de vida.” No obstante, ¡cuánta vitalidad recuperamos cuando encontramos silencio suficiente para volver a escucharnos!

Así como Murray Shafer concluye en su libro: “Si tenemos esperanzas de mejorar el proyecto acústico mundial, esto sólo ocurrirá tras el redescubrimiento del silencio como estado positivo en nuestra vida. Silenciar el ruido de la mente: tal es la primera tarea – después, todo lo demás vendrá a su tiempo.”


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Sobre o autor
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Bel Cesar é psicóloga, pratica a psicoterapia sob a perspectiva do Budismo Tibetano desde 1990. Dedica-se ao tratamento do estresse traumático com os métodos de S.E.® - Somatic Experiencing (Experiência Somática) e de EMDR (Dessensibilização e Reprocessamento através de Movimentos Oculares). Desde 1991, dedica-se ao acompanhamento daqueles que enfrentam a morte. É também autora dos livros `Viagem Interior ao Tibete´ e `Morrer não se improvisa´, `O livro das Emoções´, `Mania de Sofrer´, `O sutil desequilíbrio do estresse´ em parceria com o psiquiatra Dr. Sergio Klepacz e `O Grande Amor - um objetivo de vida´ em parceria com Lama Michel Rinpoche. Todos editados pela Editora Gaia.
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