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¡Cuidado: zona de peligro!


por Flávio Bastos - [email protected]

​Traducción de Teresa - [email protected]

​“No todo lo que se enfrenta puede ser modificado, pero nada puede ser modificado hasta que sea enfrentado”. (Albert Einstein)​

En el sentido de la proporcionalidad, es probable que el hombre jamás haya pasado por un período de su historia que caracteriza el poder asociado a la riqueza material como una obsesión para un número incalculable de personas, que hacen de todo para alcanzar objetivos compatibles con el egocentrismo que predomina en el mundo actual.

Situaciones que impresionarían a “Fausto y al diablo” por el nivel de desfachatez, bellaquería y violencia implícita o explícita para alcanzar la meta de hacerse ricos y poderosos a cualquier precio.

Por otra parte, disfrazado de modelo, tendencia o modismo, el consumo desenfrenado dicta las reglas de comportamiento social, donde el esnobismo y la superficialidad marcan presencia con sus valores vacíos de contenido esencial para la vida.

El éxito personal y material se convierte en manía que independe de valores humanos para ser alcanzado. Y en esa dirección, el lado sombra de la tecnología contribuye en la realización de golpes aplicados contra el patrimonio público y privado.

Mundialmente, miles, quizá millones de personas son diariamente damnificadas por golpistas virtuales, que se enriquecen a costa de la ingenuidad ajena. Otros, con sofisticados mecanismos, se “especializan” en el engaño para obtener ventajas personales o grupales cuando están en el poder.

Vivimos una época en que la destrucción de lo humano expone a la pérdida de valores que podrían contribuir positivamente en la educación infantil, un área que presenta un empobrecimiento continuo de referencias compatibles con las necesidades de los pequeños.

En esta dirección, el hombre se aleja de su naturaleza y pierde la sintonía con su esencia, pues se deja corromper por mecanismos conscientes e inconscientes que engendran energías psíquico-espirituales favorables a todo orden de desequilibrios del cuerpo, de la mente y del espíritu.

Son procesos obsesivos que aprisionan a muchos individuos en sí mismos, sin que ocurra un acontecimiento nuevo que logre liberarlos de las invisibles ataduras creadas por la ilusión y fundamentadas en la alienación existencial. Se convierten en una especie de zombis que persiguen un ideal vacío de esencia, repleto de superficialidad y difícil de abandonar, porque sus objetivos son alimentados por unas energías que son afines a la intencionalidad de sus actos.

Obstinados y ajenos a lo que no les interesa, no perciben que caminan en zona de peligro, que emite una señal de alerta no captada por sus anestesiadas conciencias. Y, de esta forma, alejado de su luminosa esencia y cada vez más cerca de la autodestrucción, camina el hombre entre las sombras de su inconsciencia y hacia un futuro cuya cosecha va sembrando con las opciones que elige.

Por tanto, el desequilibrio natural, que incluye al hombre como principal agente del proceso, refleja de qué modo estamos “vendiendo el alma” a cambio de sensaciones fugaces donde la codicia, la vanidad y el poder representan la síntesis de intereses que giran en torno a lo egoico.

Estamos perdiendo la visión de lo profundo ligado a la naturalidad y sencillez del vivir. Estamos desconectándonos de la Madre-Tierra y penetrando en un terreno con un camino minado de incertidumbres. Andamos a ciegas, construyendo un laberinto para las futuras generaciones de humanos.

Pese a todo, todavía es tiempo de pararnos y mirar dónde estamos pisando. De oír y ver las señales emitidas por la naturaleza a que pertenecemos. Una toma de conciencia que parte de lo individual y alcanza a lo colectivo en favor del bien común.

Todavía es tiempo de percibir la gravedad del momento que atravesamos y comprender que la Nueva Era llega con su energía restauradora – preparando la base terrena para un mundo de regeneración espiritual –, que estimula, desde ahora, al ser inteligente a transformar realidades a partir de sí mismo.

Párate, observa, evalúa, y si fuese necesario, cambia el rumbo de tu vida en busca del alimento imprescindible para una existencia en plena paz de espíritu: la sencillez. Energía que restaura fuerzas y regenera los cuerpos sutiles afectados por la acción de sentimientos dañinos para la salud integral del individuo.

No vivimos aislados, somos coautores, interdependientes y co-responsables por todo lo que sucede, bueno o malo, con el otro y con nuestro planeta. La nueva energía que empieza a envolver la Tierra se convierte en una aliada para aquel que esté dispuesto a transformar su propia realidad, libertándose de procesos que provocan la ceguera existencial.

Sobre la crisis, escribió Albert Einstein: “No pretendemos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede ocurrir a personas y países, porque trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis donde nacen los inventos, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis supera a sí mismo sin quedar superado”.


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