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De la Psicografía al Psicotecleo


Traducción de Teresa - [email protected]

por Christina Nunes - [email protected]

Hace tiempo que vengo percibiendo algunas modificaciones. Con el hábito constante de teclear a lo largo de los años, mi caligrafía sale hoy de mala gana, más fea, menos fluente, si por ventura intento trabajar en artículos y libros echando mano del método antiguo, manuscrito - ¡cosa que, dicho sea de paso, recuerdo bien que me encantaba hacer, en los tiempos en que esta herramienta literaria más antigua era viable!

Los primeros libros que publiqué, en el transcurso de la última década, fueron todos recibidos al dictado de los autores espirituales mediante manuscrito. ¡Recuerdo que era un duro trabajo! Cuadernos y más cuadernos, la muñeca dolorida, había que hacer pausas más frecuentes para descanso; los errores, más pesados de corregir después; los textos frecuentemente quedaban emborronados en la revisión, o modificados por la fea marquita del corrector. Llevaba un tiempo enorme terminar, todavía mayor que el exigido hoy.

Pasado ese tiempo, muchas cosas cambiaron en las rutinas de nuestro día a día, y la informática ha dominado el mundo. Para todo.

Hoy, si fallase la informática en proporción más drástica, habría un caos global. Se pararían los bancos. Las industrias y empresas. ¡Las señales de tráfico, la red viaria metropolitana! Por no mencionar nuestro cotidiano, ya esclavizado a los adelantos de la tecnología - que, está bien, admitámoslo, facilitan maravillosamente nuestras vidas, pero, por otra parte, desde este punto de vista, ¡nos la complican!

En tal contexto entonces, y como no podría dejar de ser, se ha modificado también la forma de trabajar en colaboración con nuestros autores de las dimensiones espirituales, que, con toda seguridad, antes incluso de que nos adecuásemos a los progresos de la modernidad, ya deberían conocer, desde hacía mucho, en los lugares más avanzados de las esferas invisibles, recursos probablemente aún más perfeccionados. De modo que, poco a poco, sin darse cuenta, y ciertamente bajo inspiración de ellos, los médiums se dispusieron a transportar, con naturalidad, su herramienta de intermediación mediúmnica a los editores de texto de los computadores y portátiles actuales, ¡sin dificultad alguna de adaptación!

He podido relatar alguna vez este episodio impresionante, ocurrido ya al recibir la primera obra, la que presentaba la vida en la antigüedad romana del autor de mis libros, el espíritu Cayo Fabio Quinto. Era por el año 2003, y, entusiasmada, había decidido emprender el trabajo literario en el Movimiento Espírita de modo oficial, habiendo sido inducida por el dedicado mentor a que dejase de lado la inhibición para buscar editoras, y exhibiese, en busca de opinión, las obras ya listas en manuscrito, a conocidos y familiares que ya trabajaban con la mediumnidad en Centros Espíritas de Río de Janeiro - en este caso, ​​O Pretoriano, y Sob o Poder da Águia.

En el caso de O Pretoriano, y cuando me acercaba exactamente a la mitad del trabajo de transcripción y revisión del texto para teclearlo en el editor de Word, de pronto, para mi pánico, ¡el computador se colgaba! ¡No avanzaba de ninguna manera! Tecleaba, golpeaba las teclas, desconectaba la máquina, ¡nada! ¡Aparentemente, el editor se negaba, adoptando voluntad propia, a seguir adelante! Y en este punto fue cuando acudí a un técnico de informática muy capacitado quien, aparte de competente, siendo honrado, me telefoneó al trabajo en el transcurso de una tarde, teniendo mi máquina en su taller, para hacer un comentario muy extraño, si consideramos que partía de un técnico.

Se confesó aturdido. Dijo que lo que sucedía con mi editor, desde el punto de vista de la informática, no tenía la menor lógica, de suerte que incluso ya había consultado a sus colegas, ¡habiendo oído de ellos la misma opinión! De hecho, había reinstalado más de una vez los programas necesarios. ¡Todo cuanto había intentado, no daba resultado! Y, después de explicarlo, para sorpresa mía, comentó haber notado que se trataba de una psicografía, sugiriéndome, con amabilidad, y denotando gran claridad de espíritu, que yo debería consultar a alguien de ese entorno, para pedirle opinión sobre lo que estaba ocurriendo.

Al final de la conversación, como añadidura, ofreció la alternativa que - ¡hoy lo sé! - fue inspirada ciertamente por los propios mentores que me asistían en el trabajo: que yo intentase también modificar el texto, pues advirtió que, del trecho donde quedaba congelado hacia arriba, todo funcionaba perfectamente. Opinaba que quizá algo de la transcripción mediúmnica no estaba siendo aceptado por el autor de la historia.

Recuerdo que aquel día volví a casa inmersa en un estado de confusa estupefacción. Me tardaba la devolución de la máquina para intentar la sugerencia que el técnico me había dado. Releería el texto hasta la frase problemática, comprobando si había alguna errata crítica, algo discrepante en el contenido, que no había salido como era debido durante el dictado del autor espiritual. Y, una vez el computador en mis manos, quedé encantada al comprobar cómo, tan pronto hube leído el capítulo, me deparé con el absurdo contextual - algo así como si el autor pretendiese decir que no se debe practicar un homicidio, debido a las graves implicaciones espirituales, ¡pero que la construcción mal hecha de la frase hacía significar exactamente lo contrario!

¡Pero el mayor encanto fue, a continuación, ver el efecto mágico producido en la máquina, cuando al final reformulé el texto en una construcción correcta, acorde con el contenido pretendido por el mentor!

¡Todo se desbloqueó! ¡Y proseguí en la transcripción del manuscrito, aliviada y feliz con la muestra ofrecida por la Espiritualidad asistente, del alcance de su interferencia en aquella nueva modalidad de trabajo, cuando había algún fallo en la transmisión mediúmnica! ¡Pueden, por tanto, bloquear los editores! ¡Modificar, interrumpir mecanismos, borrar, teclear espontáneamente - aprendí desde entonces, y a lo largo de los años, ante renovados episodios igualmente fascinantes, que pese a todo, ya no me asombraban tanto como me ocurrió en aquel primer caso!

Aún hace poco tiempo otro suceso, algo jocoso, me ocurrió, denotando una de esas interferencias, esta divertida, del autor de nuestras obras. Tecleaba ágilmente un trecho de artículo, cuando, de súbito, la máquina se para en seco y me aparece una ventanita, censurando: "¡Vas demasiado aprisa al teclear!!" Y, ante el incidente insólito, me detuve, atónita, aunque se me insinuase a la mente aturdida un pensamiento un poco contrariado: Pero ¿esto qué es? - Pensé - Una máquina, ¿reprendiéndome? ¡Nadie se merece eso, yo tecleo a la velocidad que me da la gana!"¡De eso nada!"- debía estar diciéndome mi mentor, riendo mucho de mi perplejidad -"¡Pues cuando tecleas así al vuelo, tienes mucha posibilidad de equivocarte, o de transcribir mal algo que te dicto! ¡No lo vuelvas a hacer, no debes intentar acompañar, en la colaboración mediúmnica, la velocidad del pensamiento, que es nuestro lenguaje en esta modalidad específica de trabajo, pues no vas a conseguirlo, y aún te vas a equivocar! ¡Intenta hacerlo con más calma!"

Para tranquilidad de conciencia, aún consulté respecto de lo ocurrido al mismo técnico eximio antes mencionado, en busca de la posibilidad de un motivo técnico. Quizá algún dispositivo moderno del propio editor, que, aunque de modo extraño, estuviese fiscalizando nuestra velocidad al teclear, pero su respuesta a mi correo llegó rápida, objetiva y corta: "¡Nunca he oído tal cosa! ¡Eso no existe en informática, y menos aún en tu editor!"

¡He aquí, por tanto, amigos lectores, narrado sucintamente en este artículo, el modo en cómo actúa, en el intervalo de algunas décadas hasta los días de hoy, la Espiritualidad participante en la transmisión de libros, mensajes y artículos para esclarecimiento del lector reencarnado, acompañando la evolución de los recursos técnicos que han venido a beneficiar también esta área de actividades en favor de cuantos hacemos prácticas en el aprendizaje material!


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