Deja que la vida siga su curso natural

Deja que la vida siga su curso natural

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 18/03/2009 14:17:45


Traducción de Teresa - [email protected]

¿Confías en la vida? ¿Te dejas conducir por ella?
¿O la ves como una enemiga, estás siempre a la espera de lo peor, pues no confías en ella?
Para muchos, ser optimista es esperar que siempre cosas buenas se produzcan en su vida, es ser una persona positiva, pensar positivamente.
Mi visión del optimismo es un poco diferente. Para mí una persona optimista es aquella que ve lo óptimo en todo, o sea, incluso ante acontecimientos dolorosos, aún así logra extraer una lección, un aprendizaje, no pierde la fe en la vida. En cambio el pesimista es lo inverso: aún frente a lo bello, a los acontecimientos positivos, consigue extraer, ver siempre lo negativo, lo ruin, despreciando el lado positivo de la vida. No está, por tanto, abierto, receptivo para sacar una lección, un aprendizaje en sus experiencias de vida.
Al abrir la ventana en un día soleado, cielo azul y límpido, al mirar un rosal en su jardín, el pesimista solo ve las espinas, no se permite ver la tonalidad de los colores, la suavidad de los pétalos, el encanto, la belleza de la naturaleza, el brillo de las estrellas, la luz de la luciérnaga, el cantar de los pájaros, el murmullo de la catarata, el agua límpida, pura, cristalina de la corriente de los ríos, el aroma de la tierra húmeda, el rocío de la mañana, la sonrisa de un niño.
Un amigo mío, pesimista, traducía su vida en una anécdota contando que al final del túnel veía una luz y, al acercarse a ella, para sorpresa suya, vio que en realidad eran los faros de un tren que venía a todo vapor en su dirección.

En la T.R.E. (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí, al conducir más de 5000 sesiones de regresión (en esta terapia es el mentor espiritual – ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual – quien conduce la sesión de regresión, y mi papel como terapeuta es procurar abrir el canal de comunicación para que el mentor de cada paciente pueda orientarlo mejor acerca de sus problemas y su resolución) he llegado a la conclusión de que la perfección existe en toda obra de la creación. O sea, todo sucede de la manera y en el momento propicio a fin de que sea lo mejor para nosotros.
Si algo nos parece que está mal es porque nos faltan los elementos necesarios para comprender las causas que han generado determinados acontecimientos en nuestra vida. En otras palabras, contemplamos la Vida a través de la rendija de una cerradura.

En esta terapia, con los mentores espirituales de los pacientes, he comprendido que sea lo que fuere que nos esté reservado para el futuro, estamos protegidos por la Vida y por amigos espirituales, aunque no podamos verlos en nuestro día-a-día. No obstante, para que puedan ayudarnos más es preciso conectarnos con ellos, procediendo de conformidad con una de las Leyes Universales – la Ley de la Afinidad – orando, meditando y cultivando el sentimiento de gratitud hacia nuestro Creador y hacia la Espiritualidad (mentor espiritual, amigos espirituales, parientes desencarnados, etc.).
Es preciso además que estemos atentos, con la antena puesta, humildes y flexibles para percibir los toques que ellos no dan y, con ello, modificar nuestra manera de ver y actuar.

En cierta ocasión, al final del tratamiento, la paciente me entregó un vaso con un esqueje de bambú diciendo que era regalo de su mentor espiritual.
Sorprendido y, al mismo tiempo, honrado con el obsequio, lo agradecí de corazón a la paciente. Después de que se hubo marchado, he podido comprender el toque que su mentor me había dado regalándome un esqueje de bambú. Esa planta es conocida por su resistencia, flexibilidad para amoldarse conforme a la fuerza del viento. Por doblegarse frente al viento, ella no se rompe. Por tanto, el recado que el mentor espiritual me dio a través de ese obsequio fue que yo necesitaba ser más flexible frente a la vida.

La flexibilidad es lo que diferencia la terquedad de la persistencia. La terquedad es persistir en los mismos errores y no detenerse a reflexionar sobre el por qué de no estar las cosas saliendo bien. Ser terco es, por ejemplo, usar la misma llave sin percibir que el meollo de la cerradura ha sido cambiado. Por otra parte, ser persistente es tener la flexibilidad de pararse a reflexionar cuando algo no sale bien. O sea, si todo cuanto se ha hecho hasta ahora no salió bien, hacer lo opuesto. Obviamente, una persona terca nunca suele admitir que lo sea, pero sí persistente, determinada, y con eso, no prueba a cambiar. Quiere controlar todo, no deja que la vida la conduzca por no confiar en ella, se resiste, quiere continuar en la mismidad. Con ello, tarde o temprano, cosechará la desilusión.

Caso Clínico:
Mujer de 58 años, separada.
Miedo al éxito.


Acudió a mi consultorio tratando de comprender por qué siempre estaba aplazando, no lograba soltar su creatividad en el trabajo como profesional autónoma y, con ello, permanecía estancada, bloqueada, pues tenía miedo al éxito. Cultivaba además la costumbre de guardar, de apilar las cosas que encontraba, consideraba que un día habría de utilizarlas.
El otro motivo que la trajo a mi consultorio era comprender el por qué de haber sido su madre autoritaria, posesiva y rígida con ella. En la infancia le tenía mucho miedo, porque era muy severa y le pegaba.

Cuando su madre fue internada en el hospital, su tía que la había criado le preguntó si deseaba verla, pero la paciente no quiso. Seguidamente vino a fallecer.
Al hacer regresión me relató: Veo personas sentadas en bancos estudiando, leyendo. Es un jardín bastante amplio, claro, muy bonito. Hombres y mujeres van vestidos de blanco, descalzos. Unos están leyendo, otros caminan, charlando. Hace sol, y está muy claro, parece ser en el plano espiritual.
Estoy en ese jardín también vestida de blanco, llevo una bata blanca (es la vestimenta habitual del Astral Superior).- Mira a ver si viene alguien a conversar contigo en ese lugar – Pido a la paciente.
Una mujer está acercándose a mí, pero no sé quién es.

- ¿Cómo es ella? – Pregunto a la paciente.
Lleva un vestido blanco, con falda de vuelo. Es una anciana, se detuvo a hablar conmigo. (Pausa).

- Escucha lo que te dice (la comunicación con los espíritus desencarnados siempre ocurre de forma intuitiva, en pensamiento).
Ella me abraza… Creo que es mi madre (cuando su madre falleció la paciente tenía 10 años y me dijo que no recordaba mucho su apariencia física).
Ella me abraza estrechamente, llora, pide perdón por como me ha tratado, por la rigidez, intolerancia; creía que estaba haciendo lo mejor.

- ¿Cómo te sientes? – Pregunto a la paciente.
Me siento aliviada, digo a mi madre que ya pasó y que no tiene nada por qué pedir perdón. Ella me dice que eso la hace feliz (pausa). Ahora está marchándose.

- ¿Cómo te sientes volviendo a ver a tu madre? – Pregunto a la paciente.
“Me siento feliz, aliviada y más tranquila”.

- Mira a ver si viene alguien más a charlar contigo en ese plano – Ruego a la paciente.
“Hay un hombre con barba, alto, de edad, delgado. Me muestra un libro, que está en sus manos. Dice que la sabiduría que está en ese libro está también dentro de mí, que no tengo más que buscarla dentro de mí misma. Dice además que voy por el buen camino”.

- Pregúntale quién es – Pido nuevamente a la paciente.
“Dice que es mi mentor espiritual, un puente hacia mi Yo Superior (alma, espíritu).
Revela que ya no tengo miedo al éxito, que ahora estoy lista para ejecutar las tareas que me he propuesto en el lado profesional, y que puedo contar siempre con la ayuda de él y de los amigos espirituales, que me guían por el camino que yo quiera recorrer. Pide que ponga en práctica el conocimiento que poseo, pues la puerta está abierta”.

- Pregunta a tu mentor espiritual si tiene algo para decirte sobre tu madre – Ruego a la paciente.
“Dice que está resuelto, el reencuentro entre nosotras solucionó nuestras cuestiones pendientes, pues hemos logrado perdonarnos.
Me ruega que muestre mi trabajo, que confíe en lo que hago porque si no lo muestro nadie podrá evaluar mi talento. Reafirma que las personas tienen que conocer mi trabajo. No sirve de nada permanecer escondida, producir las cosas solo para mí. Me ruega también que no esté acumulando, guardando objetos, cosas que ya no tienen utilidad, pues todo va a fluir a partir del momento en que yo suelte, deje circular, no lo guarde todo conmigo. Afirma que esto se refiere a todo en mi vida, no debo retener nada, he de liberar, producir, crear cosas nuevas. Dice que mi creatividad en el trabajo solo fluirá si suelto, si no sujeto las cosas producidas, he de dejarlas fluir siempre con desprendimiento, sin apego para que la Vida siga su curso natural.
Dice: “Sigue adelante haciendo las cosas correcta y adecuadamente. Procediendo así, obtendrás lo que deseas. ¡Confía en la Vida, suelta, despréndete!”

En la sesión siguiente (última), la paciente me dijo que había tenido una corazonada, una comprensión de que estaba repitiendo, reproduciendo en su vida, sin darse cuenta, la rigidez y el autoritarismo de su madre y, debido a esto, decidió poner en práctica, seguir las orientaciones de su mentor espiritual haciendo una limpieza general externa (se deshizo de todos los objetos, pertenencias que estaba apilando, que ya no servían, pues se dio cuenta de que ya no tenía sentido guardarlos) y, principalmente, una limpieza general interna, soltando sus miedos, cambiando de actitud en relación a sí misma y a la vida, confiando, entregando al Universo sus preocupaciones.

Percibió además que tras haber conversado con su mentor espiritual soltó un peso enorme de sus espaldas, su trabajo empezó a fluir, e incluso con relación a sus dos hijos (cuando se encontraban reñían mucho) se produjo una mejoría significativa, pues ya lograban conversar, dialogar, sin disputas.

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Shimoda
é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
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