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Demasiado sensible


por Andrea Pavlovitsch - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Hoy quiero hablar con los médiums. Sí, esos seres humanos encarnados que tienen la difícil misión de soportar un sentido más en sus vidas. Personas como yo, pozos de sensibilidad a flor de piel, que han de luchar contra muchas más cosas de lo que cree nuestra vana filosofía. No, ser médium, desgraciadamente, no solo tiene la parte estupenda. Brasil está lleno de médiums. Unos que lo saben y otros que no tienen ni idea. Los centros psiquiátricos están llenos de médiums que no lo saben. Los centros de umbanda, candomblé, kardecistas, descubren por lo menos uno al día. Ello porque Brasil es el granero para la nueva espiritualidad. No es que no haya personas así en otros lugares del planeta, pero por aquí tenemos la condición de reconocernos, saber lo que es eso y ayudarnos.

Y, sí, la primera persona a quien tiene un médium que ayudar es a sí mismo.

Imagina que vas caminando por un campo minado, con cientos de balas de todos los calibres que vienen de todas partes, dentro de una guerra. Entonces, este es el médium en su día a día. Una ensalada de energía, una profusión de ataques, de pensamientos, de inconsciente colectivo y tú con un par de antenas parabólicas captándolo todo y a todos a tu alrededor. ¡Es fácil incluso volverse loco!

Hace días, en medio del carnaval, soñé que estaba en un campo, una piscina, no lo entendía bien. Sabía que aquello estaba muy, muy lejos. En la piscina y en el campo estaban todos muertos, veía miles de cuerpos desnudos desperdigados y yo no podía pisar allí porque estaba todo contaminado. Veía también los animales muertos, casas derrumbadas, una destrucción total. Unos días más tarde vino el terremoto de Japón, el tsunami y la contaminación radiactiva.
Y qué mal he estado estos días. Antes incluso de saber lo ocurrido, sentía una angustia horrible. Tuve que salir de un restaurante donde cenaba con unos amigos, para llorar por algo que yo no tenía idea de qué era. Depresión, debo estar deprimida, pensé. Pero tras 10 minutos la sensación había pasado por completo.

Esto que digo es para demostrar qué difícil es la vida del médium. A la gente le parece que es un don, pero no es únicamente eso. Es un extra que hemos recibido para aprender algunas cosas sobre la vida. Los médiums no consiguen sentir las cosas de la misma manera que los demás. Nuestros dolores son más profundos, somos sensibles, incluso físicamente. Los médiums son más susceptibles ante enfermedades como la depresión y el pánico, la bipolaridad e incluso la esquizofrenia. Tenemos un cuerpo físico que lo siente todo, desde estremecimientos hasta unos dolores de barriga horribles, todo porque estamos limpiando un local y ni siquiera nos enteramos. Lo notamos más cuando alguien malintencionado anda cerca, si bien, muchas veces, ni siquiera sabemos si aquella voz es nuestra o de arrimos, que se apoderan de pequeñas rendijas que a veces liberamos. El alcohol es un veneno porque abre puertas que no queremos ni ver.

Sí, podemos ayudar a muchas personas. Sí, podemos aprender a usar nuestro don y controlar todo esto, sin sentirnos tan susceptibles a las energías de la vida. Usarlo o no es elección nuestra, pero no tenemos opción cuando necesitamos aprender a lidiar, en nuestro día a día, con tanta energía de perturbación junta.

Entonces, tal como ya me han dicho muchas personas, tenemos que aprender a desarrollar eso. Y por desarrollar no se entienda únicamente estar en un centro, dando pases, porque solo eso no lo resuelve. Los médiums tienen una obligación aún mayor de cuidar muy bien de sí mismos, de estar en constante equilibrio. Incluso el mayor médium del Brasil, que eligió trabajar exclusivamente por los demás, murió enfermo y muy debilitado. No es necesario eso, pero sí que sepamos cuidar de nuestro espíritu y de nuestro cuerpo, que tengamos gran parte del día para concentrarnos en nosotros mismos, o no seremos capaces de ayudar a nadie.

Vengo de una familia de médiums, de una abuela saludadora, portuguesa, y extremadamente sensible, y de una bisabuela que hacía brujerías. Y sé que este karma familiar me ha sido dado para mi aprendizaje. Trabajo muchas energías para poder mantener mi equilibrio, y no siempre esto es posible. Y tengo que aprender a aceptar mejor todo esto y dejar de ser tan escéptica en determinadas cuestiones. Mi cuerpo y mi alma han sido construidos para la mediumnidad, entonces, he de hacer uso de todo eso. Y estoy segura de que muchas personas me están leyendo, llenas de problemas parecidos, y ni siquiera saben el por qué. Presta atención a ti mismo, a las energías del Universo, para poder vivir bien y servir mejor a tus propósitos.

Consejo de médium. Para los médiums del Brasil.

P.D.: ¡Si tú eres médium y has conseguido un equilibrio estupendo, acepto sugerencias!


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