Desatendiendo tus emociones
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 20/12/2007 02:02:37
Traducción de Teresa - [email protected]
Existen cinco emociones básicas, auténticas, inherentes al ser humano: miedo, rabia, tristeza, alegría y afecto.
Sin embargo, debido al proceso educacional, tales emociones quedan castradas, reprimidas. Así, todo proceso educacional se basa en el binomio: permisión y prohibición.
Aprendemos a clasificar esas emociones como “buenas” o “malas”. Por ejemplo, en una familia está “permitido” (es importante resaltar aquí que es común que los miembros de esa familia no sean conscientes de esas permisiones y prohibiciones) sentir y expresar rabia con riñas constantes, discusiones y agresiones verbales y / o físicas. No obstante, está “prohibido” sentir y demostrar cualesquiera manifestaciones de afecto. Es muy raro (o inexistente) el intercambio de cariño, de aprecio y, mucho menos, de intimidad o confianza.
A causa de esa “prohibición”, hay una sequedad de afecto, una desconfianza en esa familia para ejercer la capacidad de amar. Por tanto, no queda espacio para la ternura, los sentimientos de calor y proximidad o incluso para discutir sus conflictos, anhelos y preocupaciones personales. Todos viven en un sopor mental y emocional y no se dan cuenta de que están anestesiados emocionalmente. Llevan una vida limitada, sin pasión ni compasión, despojada de encanto, espontaneidad y alegría.
Intimidad es esa libertad de ser lo que se es, sin “máscara”, sin “disfraz”. Es la expresión libre y placentera de lo que se piensa y siente, sin reservas ni salvedades. Cuando hay permisión para tener intimidad en una familia, hay confianza, amistad profunda entre padres, hijos, hermanos.
Al pasar por la Terapia Regresiva Evolutiva (T.R.E.) – abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado a través de mí por los espíritus del Astral, el paciente descubre que no por casualidad ha venido a reencarnar en una familia tóxica, agresiva, sino por afinidad kármica (rescate kármico) de todos los implicados.
Tampoco por casualidad declaró en cierta ocasión el gran médium Chico Xavier: “En las familias es donde suelen reunirse los desafectos del pasado”. El paciente adquiere conciencia, en esa terapia, a través de su mentor espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual), de que viene a esa familia para reconciliarse, para aprender a amar a sus enemigos de una vida pasada.
Como contrapartida, hay familias que tienen permiso para sentir afecto o alegría, pero tienen prohibido sentir y /o expresar rabia, tristeza y miedo.
“El hombre que es hombre no llora ni tiene miedo.”
“¡Pareces mantequilla derretida!”
“¡Para de llorar!”
Son las frases más frecuentes que muchos han oído en su familia.
En cierta ocasión atendí a un paciente cuyo apodo en su trabajo era “muchacho-propaganda”, pues estaba constantemente sonriendo (en realidad, la sonrisa era una “máscara”, un “disfraz” – falsa alegría – que él estampaba en su rostro para ocultar la rabia y la tristeza que no había podido sentir ni tampoco expresar en su infancia).
Cada vez que reñía con su hermano más joven, su madre le obligaba a reconciliarse con el hermano, mandando que lo abrazase y pusiese una sonrisa en su rostro. Así, le prohibía sentir y expresar esa rabia, sustituyéndola por un falso afecto (abrazándolo) y una falsa alegría (sonrisa en el rostro). En vez de decir a su hijo: “Mira, es natural que sientas rabia de tu hermano, pues él no ha querido devolver tu juguete (permisión para sentir), pero no era preciso agredirlo físicamente”; ella reprimía su rabia, haciéndole sentir emociones no sinceras – falso afecto y alegría.
De esta forma él aprendió a no entrar en contacto con la rabia y la tristeza. A causa de ello no percibía “los mensajes” de su propio cuerpo. No percibía cuando estaba tenso, relajado, con rabia, triste o alegre.
Estaba, por tanto, anestesiado emocionalmente. Cuerpo y alma estaban disociados y fragmentados, o sea, su cuerpo actuaba de una forma mientras que sus palabras decían lo contrario. Decía, por ejemplo, palabras llenas de rabia con una sonrisa en el rostro y no era consciente de ello. Con esto, acabó somatizando en su cuerpo una dolencia psicosomática – gastritis crónica.
En la T.R.E. a través de su mentor espiritual, fue orientado a fin de percibir en su cotidiano sus verdaderos sentimientos y expresarlos adecuadamente. Nunca más ha tenido gastritis.
Por tanto, comprender y expresar adecuadamente las emociones es la mejor forma de evitar una dolencia psicosomática que se caracteriza por quejas físicas recurrentes, pero sin causas detectables por exámenes clínicos.
El paciente mencionado se quejaba de intensos dolores de estómago, pero al someterse a una endoscopia no presentaba lesión alguna en ese órgano.
Al igual que él, según la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud), el 20% de la población del planeta manifiesta varios tipos de dolencias psicosomáticas por encontrar dificultades para lidiar con sus emociones. Además de gastritis, hay otras dolencias de origen emocional: disfunciones cardiovasculares (infarto, derrame, hipertensión); dolores crónicos (dolores de espalda, cefaleas, fibromialgia); síndrome de la fatiga crónica (cansancio constante); afecciones dermatológicas (caída del cabello, soriasis, herpes, vitíligo); dolencias endocrinas (diabetes tipo dos, hiper o hipotiroidismo); problemas gastrointestinales (diverticulitis, diarrea, estreñimiento, gastritis, síndrome del intestino irritable); problemas respiratorios (asma, rinitis alérgica); disfunciones inmunológicas – enfermedades auto-inmunes (lupus, artritis reumatoide, depresión inmune inespecífica).
Partiendo del presupuesto de que el ser humano es mente, cuerpo y espíritu, aparte de las dolencias psicoemocionales (psicosomáticas) existen además las dolencias espirituales, las enfermedades del alma, provocadas por los espíritus obsesores (seres desencarnados).
Estos seres desencarnados, aprovechándose de su condición de espíritus, por tanto, de su estado de invisibilidad, manipulan el campo energético del enfermo, creando varios síntomas físicos, tales como fiebres, inflamaciones, dolores y otros síntomas orgánicos sin causa específica, confundiendo el razonamiento clínico del médico y dificultando el tratamiento adecuado.
La obsesión espiritual, popularmente conocida como “encosto” (“arrimo), en su calidad de dolencia de origen espiritual, todavía no está reconocida por la medicina oficial; por tanto, no consta todavía en los compendios médicos. Sin embargo, es uno de los más antiguos flagelos de la humanidad.
En la Biblia (Mateo, 4:23-24) se refleja así: “Recorría Jesús toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, predicando el evangelio del reino y curando en su pueblo toda enfermedad y toda dolencia. Su fama se extendió por toda Siria, y le traían a todos los que padecían algún mal: a los atacados de diferentes enfermedades y dolores y a los endemoniados, lunáticos, paralíticos, y los curaba.”En mi práctica clínica, trabajando desde 1985 con la Terapia Regresiva Evolutiva (T.R.E.), el 95% de mis pacientes presentan como causa principal de sus problemas un factor externo (por influencia espiritual de los obsesores) y en el 5% la causa es puramente interna, psicológica.
Caso Clínico: Tumor en la tiroides
Mujer de 43 años, casada, dos hijos.
Acudió a mi consultorio a fin de comprender por qué había desarrollado un tumor (nódulo) en la tiroides. Pese a que era benigno, estaba creciendo y presionaba su garganta, causándole ahogo y falta de aire. Por las noches solía toser mucho y por ello se sentía angustiada. Su médico le informó de que si el nódulo creciese demasiado, tendría que extirparle la tiroides.
Deseaba entender también por qué tenía necesidad de resolver los problemas ajenos (no conseguía permanecer indiferente ante los problemas de otros y, en especial, de sus familiares y parientes).
Solía desempeñar el papel de salvadora (se sentía responsable por los problemas ajenos; de ahí la necesidad de resolverlos) no respetando sus propios límites; prefería perjudicarse (se sobrecargaba, pues ella era quien resolvía todos los problemas de sus hijos, marido, hermanos, etc.).
Pese a hacer todo por ellos, sus esfuerzos no eran reconocidos. Por el contrario, todos la trataban mal – no había compañerismo por parte del marido (era ríspido y malhumorado), y los hijos no demostraban gratitud, tratándola de forma grosera, fría, con exigencias.
De esta forma, se sentía angustiada, insatisfecha, pero no expresaba sus emociones, prefiriendo guardar todo para sí, sufriendo calladamente.
Al hacer regresión me relató:
“Siento un peso en la garganta, ahogo (la paciente tose mucho y respira jadeante).
Veo a mi marido y a mi madre (ella es fallecida).
Siento que mi madre y mi marido son seres que me angustian y han venido a mi vida para que yo aprenda a lidiar con mis emociones.
Veo ahora a mi mentor espiritual. Es hindú, lleva una ropa blanca y un turbante rojo en la cabeza. Dice que mi madre fue muy dura conmigo de pequeña, pero la vida nos bendice y ahora el intercambio de energía entre nosotras es de luz, de amparo. Dice además que mi madre me pide perdón (pausa).
Mi mentor espiritual me dice que necesito aceptar y entrar en contacto con la rabia que siento, pues no consigo aceptarla, niego, finjo ante mí misma no sentir esa rabia.
Dice que recelo expresarla a causa del miedo de ser rechazada, de agredir y de ser agredida.
Me está mostrando mi infancia. Antes era capaz de expresar la rabia con naturalidad, pero mi madre me reprimía diciendo: “¡Esta niña es mala!” y he ido creyendo que expresar la rabia es un sentimiento malo.
Me dice que tengo que aprender a administrar la rabia, pues bien administrada es útil en nuestra vida.
Aclara que la energía de la rabia es lo que nos impulsa a hacer cosas, a luchar, a superar los obstáculos naturales de la vida.
No obstante, dice que tengo que aprender a no entablar “combates verbales”, a no proceder impulsivamente, como muchas personas hacen.
Dice que cuando sentimos rabia no es preciso rebatirla en el mismo instante, pero que tampoco es necesario tragarla. Ella ha de ser observada y elaborada para ser transformada en energía útil. Y cuando se elabora, se digiere, y las personas crecen. Me ruega que cuando sienta rabia, me aísle, cierre los ojos, permanezca en silencio y me fije, que enfoque mi atención en ella y permita que ella se exprese en mi cuerpo. Que no aborte o quiera interrumpir las reacciones de mi cuerpo.
Si hay ganas de llorar, debo llorar, dejar que se extravasen mis emociones. Si hay ganas de gritar, debo gritar también. En fin, no controlar nada, dejar que mi cuerpo me conduzca. Así, la rabia se disipará, se trasmutará.
Mi mentor espiritual resalta que he de desarrollar la habilidad de observar las emociones sin enjuiciamiento.
Aclara que la observación sin enjuiciamiento es no juzgar ni clasificar las emociones en categorías “buenas” o “malas”.
Dice también que cultivo una creencia de que las personas buenas no “sienten rabia”. Dice que emoción es energía, y energía es energía, no la hay buena o mala. Pero cuando no se administra bien esa energía, cuando no la aceptamos, no la transmutamos o metabolizamos, esa energía permanece “estancada”, “se pudre”, y se somatiza, se convierte en un tumor. Por tanto me ruega que aprenda, a través de la observación interna sin enjuiciamiento, a entrar en contacto con mis emociones.
Esclarece que la tiroides es el órgano de la energía primordial que proviene directamente del alma. Me advierte de que las personas que se someten a la extirpación de ese órgano se desconectan de su vínculo de conexión interior. Me pone como ejemplo el caso de una amiga a quien le han extirpado la tiroides. Tras la operación quirúrgica se ha vuelto una persona seca, dura, ha perdido la conexión espiritual con su alma. Esclarece además que el tumor es un síntoma de un proceso psico-educacional, una enfermedad-advertencia, para que me acuerde de mis emociones y no las desatienda.”
- Pregúntale si además de la rabia has venido desatendiendo otras emociones – pido a la paciente.
“Dice que he venido descuidando también el afecto, la soledad (no me permito permanecer a solas) y la tristeza. Es por eso que mi alma se siente angustiada. Yo ‘desatiendo’ el contacto con esas emociones, enfocando los problemas de los otros, en el trabajo, en la responsabilidad, y me olvido de mí. Acabo somatizando en el cuerpo físico esas emociones reprimidas.
Dice además que soy muy controlada y controladora – quiero centralizarlo todo. Explica que la enfermedad de Alzheimer surge en personas que quieren controlarlo todo.
Dice que como me revisto del papel de salvadora, atraigo a personas que desempeñan los papeles de víctima (se sienten incapaces) y perseguidora (críticas condenadoras). Siendo así, es preciso que deje de meterme en esos papeles y asuma mi verdadera esencia. Además dice que solamente dejaré de desempeñar papeles cuando sienta las emociones y sea más auténtica.
Aclara que el papel de salvadora es típico de personas arrogantes, prepotentes, y que soltar esos papeles, no es cambiarlos (pausa).
Ahora me siento fluctuar, fuera de mi cuerpo. Noto mi cuerpo aumentado, parece que estoy creciendo (la paciente está experimentando la proyección astral, su espíritu está saliendo de su cuerpo físico).
Siento vértigo, estoy muy lejos. Él está llevándome fuera de la Tierra. ¡Cosa extraña! (Pausa). Me parece que estoy por encima de la Tierra, es un lugar muy alto. Veo a mi mentor espiritual juntamente conmigo, en ese lugar tan distante.
Dice que ha provocado en mí ese vértigo para que me acuerde del distanciamiento – de entrenar la observación a distancia. Lo ha hecho a propósito para romper un poco mi control, mi lado muy racional (pausa).
Veo ahora un bastón de cristal; él está cauterizando mi tiroides. Me aclara que esta es la última sesión (era la 4ª sesión) de nuestro tratamiento, pero que posteriormente (dice que seré intuida por él) habré de volver a la consulta de usted (refiriéndose a mí como terapeuta) para un nuevo trabajo, pero ya no por el dolor de una enfermedad.
Él está dando las gracias a usted por su lado humanístico, por apreciar no tanto el aspecto técnico o científico como los valores espirituales. Dice que esa es toda la diferencia de su trabajo hecho conmigo, conjuntamente con los seres espirituales.”
Quiero aclarar al lector, que la Terapia Regresiva Evolutiva (T.R.E.) – La Terapia del Mentor Espiritual busca aunar la ciencia psicológica con la espiritualidad.








in memoriam