Desavenencia familiar
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 07/09/2010 12:39:03
Traducción de Teresa - [email protected]
“En las familias es donde suelen reunirse los enemigos del pasado”.
Chico Xavier
El líder de movimientos de la década de 60 y Premio Nobel de la Paz que buscaba el respeto a los derechos de los negros y el fin de la discriminación y segregación racial en los EUA, Martin Luther King, decía: “Hemos aprendido a volar como los pájaros, a nadar como los peces, pero no hemos aprendido aún a convivir como hermanos; el amor es la única fuerza capaz de transformar a un enemigo en un amigo”.
Sus palabras nos sirven a todos de reflexión, pues hemos alcanzado grandes adelantos tecnológicos, científicos y materiales; sin embargo, eso no ha ocurrido en la misma proporción en la convivencia pacífica entre los seres humanos, principalmente en el hogar, dentro de las familias.
A mi entender, entre todas las formas de relacionarse, la familiar es la más importante. Pero ¿por qué?
Porque en la vida todo pasa: empleo, poder, prestigio, status, dinero, pero lo que permanece contigo es tu familia, principalmente en los momentos difíciles de la vida o incluso en la vejez. ¿Dónde renuevas tus energías antes de ir al trabajo o en los momentos de esparcimiento? ¿Cuál es tu Puerto seguro? ¿A quién recurres cuando te pones enfermo o estás en crisis? Es fundamental, por tanto, asegurar un ambiente familiar agradable y sano.
Sin embargo, lamentablemente, lo que observo con mis pacientes y en los noticieros, son abundantes reportajes que contienen desavenencias familiares que, muchas veces, acaban en tragedias, en asesinatos.
¿Por qué hay familias que se llevan muy bien, mientras que otras siempre andan en pie de guerra, verdadero barril de pólvora, listo para estallar a cualquier momento?
Muchos consideran que la familia es el resultado de un mero encuentro fortuito, en el cual sus miembros están juntos por casualidad. Creen, por lo tanto, que una familia que se lleva bien y cuyo ambiente en general es armonioso, eso se debe a que sus miembros son personas sensatas, equilibradas y civilizadas; ahora bien, si el ambiente familiar está cargado de conflictos, riñas constantes, pautadas la mayor parte del tiempo sobre agresiones, falta de respeto y desentendimientos, es porque esa familia es inmadura y desequilibrada. Tales explicaciones en parte tienen sentido; pero aun así, es una forma de pensar reduccionista y simplista. Por ello es preciso ensanchar la visión de la familia bajo una óptica reencarnacionista.
No por casualidad afirmó el gran médium Chico Xavier: “En las familias es donde suelen reunirse los enemigos del pasado”. Al emplear la expresión “enemigos del pasado”, se refería a los desafectos de otras encarnaciones, a quienes hemos perjudicado.
En este aspecto, la familia no es el resultado de un mero encuentro fortuito, donde todos están juntos por casualidad. Y tampoco son por casualidad los conflictos, la discordia en el hogar.
A decir verdad, todos están juntos por afinidades kármicas, o sea, por haberse perjudicado en una existencia pasada. De esta forma, la familia atiende a una finalidad clara que es proporcionar a todos un aprendizaje, una gran oportunidad – a través de la convivencia – de transformar lazos de odio en amor. Esto es lo que he constatado en mi consultorio, después de haber conducido más de 8.000 sesiones de regresión con la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual, abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral.
En esta terapia, es habitual que el mentor espiritual del paciente (ser desencarnado de elevada evolución espiritual, responsable directamente por nuestro perfeccionamiento espiritual) le revele que él y su familia están presos, atados por un lazo antiguo de riñas, discordias, odio, desamor y desunión, que se repite en varias encarnaciones; por tanto, hay que deshacer ese lazo, ya que en caso contrario ninguno podrá salir adelante en su vida. Y para deshacerlo, la clave de la liberación es la reconciliación, el perdón de todos los implicados.
Pero entre todas las relaciones familiares hay una que es la más fuerte, la más visceral, y es la relación de madre e hijo. Explica el motivo por el cual la divina providencia ha dispuesto que dos enemigos de una vida pasada se reencarnen justamente como madre e hijo.
En la maternidad la mujer genera de su vientre, de sus entrañas, a un pequeño ser y, en esa relación, las condiciones tienden a ser más propicias para que ambos – otrora desafectos del pasado – se amen y se reconcilien.
Ya tuve ocasión de ver a una paciente hacer regresión al útero materno e identificar a su madre como una enemiga que le había quitado la vida en una existencia pasada y a causa de eso rehusaba su propio nacimiento y lo dificultaba al máximo. Al ser orientada por su mentor espiritual y enterarse de que ella había venido a la vida actual para reconciliarse con su desafecto (madre), la relación con su madre mejoró considerablemente. A través del amor, de la reconciliación, el lazo de odio que las ligaba se rompió.
Caso Clínico:
DESAVENENCIA FAMILIAR
Mujer de 42 años, casada, tres hijos.
Acudió a mi consultorio una mujer desesperada, quejándose de que ya no soportaba su vida, y que había buscado todo tipo de ayuda.
Así me lo relató en la entrevista de evaluación: “Conocí a mi marido en la Facultad de Medicina, él era profesor y yo residente, fue un enamoramiento a primera vista; en 3 meses estábamos viviendo juntos, y a los 6 meses nos casamos. No queríamos hijos en aquel momento, pues solamente pensábamos en nuestras profesiones.
Al cabo de un año vino el primer hijo, pero fue muy bienvenido. Compramos una casa nueva, el embarazo fue maravilloso. Nació un niño, lindo y sano. Y dos años más tarde, vino una niña; todo iba muy bien, incluso tenía miedo de que fuese un sueño. Entonces vino la tercera hija. Todo estaba completo: un matrimonio maravilloso, todavía estábamos enamorados, 3 hijos lindos, perfectos, inteligentes. Teníamos una clínica, dábamos clases en la Universidad, y hacíamos todo para que nuestros hijos tuviesen de lo bueno lo mejor.
Pero no me había fijado en que había algo que no cuadraba: mi sirvienta me puso en alerta, diciéndome que mi hijo era muy quieto, demostraba mucha rabia contra su padre, principalmente cuando yo no estaba. Mi marido nunca había notado nada, le parecía que eran cosas de la edad.Mi hijo trajo a su primera novia a casa para cenar. Estuvimos muy felices, era una muchacha muy guapa, de buena familia, pero ese día mi hijo dijo algo que nos chocó mucho. Le dijo a mi marido: - ¡No mires para mi mujer, viejo!
Mi marido y yo nos quedamos horrorizados, no era nuestro hijo. Él insistía en traerla a casa y se ponían en la piscina. Mi marido no podía siquiera pasar por el jardín que mi hijo se le echaba encima. De ahí comenzaron las agresiones físicas, hubo varias denuncias en comisaría; él estaba irreconocible. Nuestra vida se convirtió en un infierno, me fui de la Universidad para estar más tiempo en casa, pues él estaba agresivo con todos, era cínico, inventaba mentiras, formaba follones. Bebía mucho, traía mujeres a casa, hasta que mi marido no pudo soportarlo más y acabó golpeando a mi hijo hasta que éste desfalleció. Seguidamente llamó al casero y lo expulsó de casa. En este punto ya no teníamos vida, mis hijas estaban estresadas, reñíamos, gritábamos por nada, en fin, todo era motivo para las acusaciones.
Mi hija más joven también empezó a beber y a fumar marihuana con el novio; la del medio estaba embarazada, no sabemos quién es el padre. Para empeorar nuestra situación, mi marido y yo ya no nos miramos a los ojos, pues ya no lo veo como mi esposo. ¡Por favor Dr. Osvaldo, ayúdeme! (La paciente lo pide llorando copiosamente).
Esperé a que ella se calmase y le dije que toda su familia tendría que pasar por el tratamiento, pero solo el marido y la esposa acudieron.
Las sesiones de regresión de la esposa fueron tranquilas, sin mucho que desvendar, pero las sesiones del marido tuvieron muchas revelaciones.
Ya en la primera sesión él vio, en una vida pasada, una villa con varias cabañas, casas hechas de paja, y así me lo relató:
Dr. Osvaldo, veo esa villa, parece que soy el jefe de ese lugar, mi casa está en el centro de la villa, es grande, hay varias mujeres alrededor. Veo un muchacho que me mira con rabia.
- Mira a ver por qué es esa rabia – Pido al paciente.
Yo violé a su madre y, de esa violación, nació él. Me tiene rabia porque la mujer que violé no formaba parte del grupo de mis mujeres y, con eso ella se quedó desamparada, no conseguía casarse. Ella no podía decir a nadie que había sido yo, pero acabó por contarle a su hijo que yo había cometido tal monstruosidad, que yo la había violado.
Veo en sus ojos mucho odio, desea matarme. Demuestra ser muy fuerte, excelente cazador, y yo mismo le ordeno ir a por las piezas de caza, siempre pensando que él no regresaría jamás; no obstante, pasaron 20 días, él volvió con la caza, y lo peor ocurrió: nuevamente violé a una muchacha, que él pretendía, estando a punto de casarse. Lo hice a propósito, para que él viese quién era el amo en aquella villa. Fui muy cobarde y acabé por quitarle también la vida, lo maté por la espalda, disparándole.
Después de esa existencia pasada, nos encontramos en el Astral e hicimos el pacto de venir como familia. Él decía tener mucho resentimiento contra mí, pero aceptó venir nuevamente como hijo mío en la encarnación actual.
Dr. Osvaldo ¿¡cómo he podido hacer eso?! En ese momento, su esposa que estaba acompañando la sesión de regresión, llora copiosamente, me revela que tiene una pesadilla recurrente de ser violada, que la persigue desde pequeña.
Empezamos entonces a montar el rompecabezas, comprendiendo el por qué de todo aquello. La vida es realmente un gran juego de rompecabezas, pues tenemos muchas preguntas y pocas respuestas, debido al velo del olvido del pasado. Él, el marido, había hecho una cosa horrible, perjudicando a varias personas en esa vida pasada; ella, la esposa, fue la primera joven violada por él; el muchacho, el hijo bastardo, fruto de aquella violencia, también sintió en propia piel que su novia fuese violada por su propio padre; después, éste acabó matándolo por la espalda. (Pausa).
Dr. Osvaldo, se ven algunas luces aquí en el consultorio, afirmó el paciente.
- Pídeles que se identifiquen – ruego al paciente.
Dicen que son nuestros mentores espirituales: el mío, el de mi esposa y los de mis hijos. Están todos aquí para ayudarnos. Me ruegan que pida perdón a mi hijo, a mi esposa e hijas, pero que lo haga de corazón, totalmente arrepentido.
Cuatro meses después del tratamiento, su hijo acudió a mi consultorio para hacer la terapia también, pues dijo que tenía que perdonar a su padre.








in memoriam