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Descubrir nuestro plan, nuestro pre-destino


por Bernardino Nilton Nascimento - bn.nascimento@uol.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Para cada uno de nosotros hay una expresión personal perfecta, un sitio que nadie puede ocupar. Algo que debemos hacer y que nadie puede ejecutar en nuestro lugar.

El nombre de eso es pre-destino, la verdadera razón de nuestras venidas a la Tierra, un plan que trazamos antes de la llegada, cuando somos elegidos para retornar, para otro merecido perfeccionamiento. Es preciso hacer que este plan se cumpla dentro de la más lúcida honradez. Muy posiblemente hemos optado por lo difícil a fin de alcanzar con mayor rapidez nuestro nivel divino. No obstante, nada que no pueda ser cumplido.

Siendo la imaginación nuestra facultad creadora, es preciso zambullirnos en nuestro interior, a la búsqueda de lo prometido. De ahí surgirán las ideas, que se manifestarán en nuestro favor. Y la más elevada petición que podemos hacer es la de tener conocimiento de nuestro plan, de nuestro pre-destino, anteriormente trazado.
Podemos no tener actualmente la menor conciencia de lo que pueda ser, ya que estará oculto en nuestro mundo interior, donde también se encuentran nuestros maravillosos talentos y un gran número de posibilidades.

Descubrir nuestros talentos es más fácil que descubrir nuestro plan, nuestro pre-destino, pues una cosa aflora antes que la otra. Siendo así, cuando menos se espera aparecen las sorpresas desagradables y el batacazo es inevitable. Ciertamente, cada uno de nosotros ya ha vivido una experiencia así. Eso ocurre, por lo regular, cuando no buscamos con anterioridad el conocimiento del plan que habíamos trazado.

Es corriente que, para adelantar, tracemos planes aparentemente difíciles, como si fuésemos a entrar en una universidad, donde ya al principio, de entrada, necesitamos pagar todas las disciplinas, para que no haya tiempo perdido. No obstante, cuando no somos capaces de cumplir con una de ellas, en los años siguientes ya pensamos en rebajar el número de asignaturas, a fin de no sacrificarnos tanto. Así ocurre con nuestros planes divinos. Elegimos siempre lo máximo y, en medio de nuestra existencia terrestre vemos que no es posible cumplir lo establecido. Y es entonces cuando vienen las lecciones, para advertir que hemos tomado el camino contrario a nuestro plan. Hay que dar algunos pasos atrás.
Queriendo o no, hemos de retornar y pagar la asignatura perdida.

Nuestro verdadero plan divino trazado por Dios incluye: salud perfecta, prosperidad, progreso, amor y una expresión perfecta de nosotros mismos. Ese es el plan, el pre y el destino de todos nosotros, hacia la verdadera felicidad.

Aunque parezca un poco terrorífico, hay alumnos que prefieren pagar todas las asignaturas. Saben que tendrán que dar lo máximo de sí mismos e ir más allá de sus imaginarios límites hasta llegar a su destino final, alcanzando sus objetivos satisfactoriamente, esparciendo alegría y contaminando a todos en su entorno. Así es como debemos proceder. Tenemos que descubrir nuestro plan y alinearlo a nuestros talentos, a nuestro don. Es cierto que con un poco de sacrificio y bastante lucha llegaremos al final. Y entonces lograremos la tan soñada vida de alegrías y de éxito.

Quienes no logran descubrir su pre-destino pueden encontrarlo en la intuición, en las señales, en los ángeles materializados, en los pequeños detalles del día a día siempre aparece una pista. Hacer una regresión también podrá ser de gran ayuda. Descubriendo el pasado podemos comprender el presente. Así las piezas se unen y el pre-destino queda revelado. ¿Podemos modificarlo? No, pero sí administrarlo y así buscar alternativas, haciendo modificaciones en nuestro destino. La regresión también podrá revelar antiguos dones y hacerlos aflorar nuevamente. Si fuiste un buen artesano en otras vidas, tus habilidades manuales podrán llevarte a ser un excelente cirujano, por la firmeza y habilidad provenientes del pasado, y así sucesivamente. Claro que si fuiste un soldado y cometiste muchos crímenes, esto no significa que vayas a salir por ahí matando, pero podrías encontrar a alguien a quien has causado mucho dolor y, encontrándolo, sentir un profundo deseo de ayudarle. Esa persona, a menudo, estará cerca para perfeccionarte. Así es como funciona, y las lecciones aprendidas jamás serán repetidas.

Por medio de las varias situaciones que tenemos que pasar y en las lecciones que tenemos que aprender llegaremos a un simple y único objetivo final: “el amor al prójimo”. No podemos alejarnos de ese primordial sentimiento. Estaba bastante aflorado en los primeros tiempos, en la era primitiva, sin embargo, la Edad Media vino como época de conquistas, con muchas guerras y muertes por motivos banales. El precio por ello está enraizado en el ADN de la colectividad hasta hoy.

Cada uno tiene su ADN, pero también hay un ADN colectivo, y la verdadera felicidad está en la colectividad. Podemos, incluso siendo felices, depararnos con situaciones que nos traen sorpresas y tristezas, hasta el punto de causarnos mucha indignación y de trabar nuestra felicidad, que hasta entonces creíamos completa.

No podemos olvidar que el enemigo del ser humano está en su propia naturaleza, en sus propios pensamientos.

Toda persona es como David, que mato a Goliat con un pensamiento mortal, con una piedrecita blanca: la fe. Por eso debemos tener el cuidado de no ser como el “siervo perezoso”, que enterró su talento. Como él, pagamos una terrible penalidad por no emplear nuestra capacidad de amar.

A menudo el miedo nos impide tener una expresión perfecta de nosotros mismos. El temor de la vida colectiva fue la ruina de muchas personas inteligentes. Pero podemos vencer ese miedo por medio de la meditación o de la regresión, buscando el conocimiento de nuestra personalidad. De esa forma sentiremos que somos capaces de reaccionar frente a todo de forma equilibrada, seguros de que somos infinitamente inteligentes.

Cuando adquirimos total confianza en nuestras capacidades y en nuestro conocimiento personal, sabremos descubrir nuestro pre-destino con alegría. Así fue como muchas personas sabias han pasado por la vida. Han demostrado que, incluso aunque aparentemente hayan tenido una vida de dolor y sufrimiento, no perdieron la capacidad de ofrecer sus talentos, dejándonos una herencia de amor a sus creencias, a su arte, al prójimo.

Debemos practicar la presencia y saber conocer nuestro plan. Nuestros ángeles espirituales y terrestres nos ayudarán a encontrar nuestras habilidades, nuestro don. Al alejarnos de ellos estamos dejando atrás dos de las más importantes lecciones: la gratitud y la compasión, que son el pilar de todas las otras. Alejándonos de esas lecciones podríamos dejar pasar la denominada suerte y, sin querer, volver a las antiguas lecciones.

BNN


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