Dolencias Espirituales
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 03/04/2006 12:20:46
Traducción de Teresa - [email protected]
“Los materialistas de hoy, por una cuestión de lógica, serán forzosamente los espiritualistas de mañana. Todo se reduce a una cuestión de tiempo”.
-Allan Kardec.
Antes de crear mi propia manera de abordar la psicoterapia – la Terapia Regresiva Evolutiva (TRE) – que se sirve de la regresión de la memoria a vivencias pasadas (de esta o de vidas pasadas) con el propósito de hacer que el paciente reviva experiencias traumáticas, causantes de sus miedos, traumas, psicosis, neurosis, dificultades emocionales al tratar con determinadas personas, o dolencias orgánicas cuya causa no ha sido identificada por la medicina oficial y, de esta manera, liberarse de su pasado, yo era un psicoterapeuta, un psicólogo que no creía en las vidas pasadas, en la existencia de espíritus, en la vida después de la muerte y tampoco en la existencia de un plano mayor (Astral Superior), cuyos Espíritus de elevado esclarecimiento y sabiduría tienen influencia sobre nuestras vidas para nuestra evolución espiritual, a través de nuestras sucesivas reencarnaciones.
Reconozco que era bastante ignorante y obtuso acerca de la Espiritualidad, de las leyes espirituales – ley de causa y efecto, ley de Palingenesia o Reencarnación, ley de olvido de lo pasado (amnesia) que nos impide recordar nuestras vidas pasadas para que tengamos una nueva oportunidad de aprendizaje en cada jornada de reencarnación en esta vida terrena.
De esta manera, ejercía la Psicoterapia en los modos tradicionales como psicoanalista freudiano, mirando al ser humano como mente y cuerpo, y no en su totalidad: Mente – Cuerpo – Espíritu.
Evidentemente, por no evaluar al ser humano como un ser espiritual, dejaba de considerar, por tanto, las enfermedades del alma, las perturbaciones de orden espiritual. En vista de eso, los resultados terapéuticos eran parcos, también.
Por tanto, esa visión materialista, organicista, del ser, en la que había sido entrenado en la Universidad de Psicología, me ha privado de un mejor entendimiento de las perturbaciones mentales. Desconocía los fundamentos de la realidad espiritual, lo cual me ha dificultado cualquier tipo de acercamiento más profundo al Ser. No había sido entrenado, en mi formación académica como psicólogo, para lidiar con manifestaciones mediúmnicas del paciente, con las obsesiones espirituales (interferencias de entidades espirituales de las tinieblas, que quieren vengarse del paciente por el daño que éste les ha causado en una vida pasada), como causa de los más variados desórdenes patológicos en la vida del paciente.
Desconocía que los problemas de orden espiritual se reflejan en el cuerpo físico del paciente, pudiendo evolucionar como fiebre, inflamaciones, dolores y demás síntomas orgánicos, lo cual, evidentemente, confunde en el diagnóstico aún a clínicos con experiencia.
Aquí se explica por qué, en la mayoría de los casos, los médicos no consiguen diagnosticar la causa real del problema del paciente, a pesar de que éste se somete a los más sofisticados exámenes médicos y de laboratorio.
Desconocía también que existen las enfermedades orgánicas ocasionales, que son tratadas por la medicina terrena, y, por tanto, son curadas. Pero, por otro lado, existen las enfermedades de cuño espiritual (del alma), las denominadas enfermedades cármicas, más complejas, porque son resultado de errores cometidos en vidas pasadas por el paciente.
En este aspecto, la dolencia aparece como un instrumento de aprendizaje del paciente, por cuenta de las deudas morales adquiridas al infringir las leyes Espirituales (ley de causa y efecto). De este modo, en tratándose de dolencias cármicas, el profesional del área de la salud no puede jamás prometer cura definitiva. La delicada cuestión de la cura en los casos de dolencias del alma, en la mayoría de los casos, depende mucho más del enfermo, de su aprendizaje con la enfermedad, que del profesional que intenta ayudarlo.
Para mejor comprensión de este texto, he aquí el caso de una paciente que padecía una dolencia cármica – el Síndrome Tuberoso (callos, es decir, tumores en las extremidades de los dedos de las manos y de los pies).
Caso Clínico: Dolencia Cármica
Mujer de 40 años, viuda.
Acudió a mi consultorio por padecer Síndrome Tuberoso, que son tumores (varios callos grandes) que nacen principalmente en los dedos (pies y manos).
En el rostro, los tumores también habían aparecido, aunque superficialmente.
Visitó a varios dermatólogos, pero no consiguió obtener éxito en los tratamientos.
Visitó también a un médico homeópata, que tampoco resolvió su problema. Por culpa de esos tumores, principalmente en las extremidades de los dedos, se sentía acobardada socialmente, y con los hombres.
Al ir a la playa, cubría con esparadrapo los dedos de las manos y de los pies.
Después de pasar por cuatro sesiones de regresión, en la quinta sesión, la paciente me relató:
“Veo a mi mentor espiritual, que sonríe. Tiene cabellos canosos, lleva un albornoz blanco, luce una sonrisa muy agradable”. (Pausa).
- Pregúntale qué tiene él que decirte acerca de tu enfermedad – pido a la paciente.
- “Dice que mi dolencia es cármica, resultado de mis actos practicados en una vida pasada (pausa). Me veo como hombre, torturando a hombres y mujeres, arrancando las uñas de sus manos y pies. Mi mentor dice que la práctica de esas torturas hizo que yo desarrollase el Síndrome Tuberoso en las extremidades de mis manos y dedos de los pies. Pero dice que mi rescate cármico se ha cumplido, porque lo que yo tenía que aprender con esa enfermedad, ya lo he aprendido. Dice también que esa dolencia ya no evolucionará más”.
- Pregunta a tu mentor si es posible la cura de esa enfermedad – pido a la paciente.
“Dice que sí, pero que la cura será lenta. Comenta también que, como los médicos desconocen que esa enfermedad es espiritual, cármica, consideran que no tiene cura, que no se puede hacer mucho. Pero como he cumplido mi rescate cármico, mi aprendizaje, ahora esa enfermedad irá a menos gradualmente”.
- Pregúntale si ahora el medicamento te ayudará en el proceso de cura – pido a la paciente.
“Mi mentor espiritual dice que los medicamentos alopáticos (bioquímicos) no van a solucionarlo, pero los homeopáticos, sí. Dice que yo continúe tomando estos medicamentos y que unte los dedos de las manos y de los pies con aceite de clavel amarillo. Dice también que posteriormente será necesario tomar otros medicamentos homeopáticos para “marchitar” los tumores (callos). Insiste en afirmar que el tratamiento homeopático es también espiritual. Pero resalta que, con sólo la medicación homeopática, no iba a solucionarse mi problema, porque necesitaba pasar por mi rescate cármico. En ese sentido, dice que la Terapia Regresiva Evolutiva) ha salido a mi encuentro para permitirme comprender mejor el origen de mi problema. (Pausa)
Mi mentor se está aproximando a mí, y trae a un hombre.
Dice que ese hombre está en tratamiento en el plano espiritual.
¡¡¡Dios mío, yo lo reconozco!!!
¡¡¡Es mi marido!!! (Pausa).
Me está pidiendo perdón por haberme hecho sufrir. Dice que me ha amado mucho, que estaba obcecado por mí, y que yo casi lo he llevado a la locura. (Pausa).
Mi mentor me aclara que en el plano espiritual mi marido repasó todo lo que había hecho mal, y ahora quiere reparar sus errores. Dice que a pesar de todo el mal que me hizo, siempre me ha amado y que yo he sido la mujer de su vida. Me pide nuevamente perdón. Le digo que yo también lo he amado mucho mientras estábamos juntos. Pero que, aunque haya quedado lastimada y triste, no le guardo rencor ni odio, y le perdono.
… Él ahora está llorando…
Mi mentor me dice que está ayudándolo porque se está convirtiendo en un espíritu bueno. (Pausa).
Ahora mi marido se está marchando. Mi mentor dice que él tiene tareas que cumplir, pero que se va feliz. Dice que volveré a ser aquella persona alegre, juguetona, que voy a recobrar la alegría de vivir.
Dice aún que un hombre se cruzará en mi camino y que este encuentro se producirá muy pronto. Dice que no me sienta acomplejada por culpa de mi enfermedad. Vuelve a afirmar que ésta irá a menos, y que ese hombre no le dará importancia a este problema.
Dice que estará siempre ayudándome, orientándome. Dice todavía que ese tratamiento (TRE), ha sido muy provechoso y que además de haberme ayudado a entender la enfermedad, me ayudará también a tener más fuerza y motivación para vivir.
Dice que está muy contento por el hecho de que usted (refiriéndose a mí), haya sido el que ha facilitado nuestro encuentro. Ahora se está despidiendo, me ha dado un abrazo cariñoso y se está distanciando en un foco de luz azul, muy clarito.








in memoriam