¿Dónde está tu familia espiritual?

¿Dónde está tu familia espiritual?

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 30/10/2010 13:54:08


Traducción de Teresa - [email protected]

En cierta ocasión una paciente se desahogó conmigo diciendo que pese a apreciar a sus padres y hermanos, no sentía amor ni afinidad alguna hacia ellos. Un día tuvo un sueño, en el cual aparecían sus verdaderos padres, quienes le aconsejaron tener más paciencia con su familia terrena, pues tanto ella como ellos se reencarnaron juntos para aprender entre todos sus respectivas lecciones de vida. En el sueño ella lloraba mucho diciendo sentir mucha añoranza por echarlos de menos en esta vida terrena.

Otra paciente me dijo que desde pequeña decía a sus padres que no eran sus verdaderos padres. Estupefactos con esa afirmación de su hija, llegaron a llevarla a un psiquiatra infantil, quien no constató ningún trastorno psiquiátrico en la niña.
Estos dos casos ilustran claramente que hay dos tipos de familia, la carnal y la espiritual.

La familia carnal (consanguínea) es aquella cuyos miembros solo están juntos por lazos carnales, pudiendo existir poca o ninguna afinidad, debido a karmas pendientes y no por afinidad espiritual. En su mayoría, fueron enemigos, desafectos de vidas pasadas.

En esos casos, no tenían ningún grado de parentesco en la existencia pasada. Y, esta vez, en la encarnación actual, han venido juntos en la misma familia como padres e hijos, hermanos, abuelos, tíos, etc.
Esto explica por qué muchos pacientes me dicen que se sienten como extraños en el nido, que no hay ninguna afinidad, ni identificación con sus familiares.

En cambio, en la familia espiritual, los miembros se profesan un profundo afecto, tienen afinidad en gustos, costumbres, valores morales, religiosos, espirituales, creencias, pensamientos y sentimientos porque han estado juntos durante varias encarnaciones.

Nuestra familia espiritual puede estar en el astral superior, que es nuestro verdadero hogar, a donde retornaremos tras la desencarnación en esta vida terrena; o bien, algunos miembros pueden estar encarnados, desperdigados en sus respectivas familias terrenas.

Mi fallecida madre de esta vida terrena, por ejemplo, era mi hermana espiritual. Esto explica el por qué de ese profundo vínculo y afinidad que teníamos a nivel espiritual, creencias, pensamientos y sentimientos. En cambio, mi padre espiritual está en el astral superior y mi madre espiritual también está encarnada, pero en otra familia carnal.

Considero que el distinguir entre la familia consanguínea y la espiritual nos ayuda a comprender mejor el motivo de que los miembros de una determinada familia se lleven bien, mientras que en otras se producen las disfunciones familiares, es decir, el estar todos en pie de guerra, en un verdadero barril de pólvora, listo para estallar en cualquier momento.

Caso Clínico:
Familia espiritual
Mujer de 40 años, casada, un hijo.


La paciente acudió a la entrevista de evaluación y me relató: “Vengo de una familia de 4 hermanos, y yo soy la mayor. Nunca, en ningún momento, sentí por parte de mis padres el amor verdadero. Se me exigía mucho: a los 7 años cuidaba de mis dos hermanos, uno de 5 años y el otro de 9 meses; las otras dos aún no habían nacido. Mi madre nos dejaba en casa para salir con las amigas, y mi padre trabajaba todo el día. Entonces, yo era el ‘ama’ de casa. Fregaba los cacharros, cuidaba de la casa, hacía la comida, bañaba a mis hermanos, en fin, todo cuanto debía hacer una madre, pero que ella no hacía.

Mis padres tenían cierta preferencia por mi hermano; por eso siempre me sentía muy sola. Hasta hoy, nunca nadie estuvo a mi lado; lo cierto es que siempre me he sentido desprotegida. Yo creía que los padres estaban para proteger, para cuidar de los hijos. Pero en mi caso, cuando tenía 7 años, ellos me trataban como a una persona adulta, pues era yo quien llevaba a mi hermanito de 5 años a la escuela en autobús. Bajaba en la parada de la escuela, lo dejaba dentro de la sala de clase, después tenía que andar unas cuatro manzanas enormes para ir a mi escuela. A la vuelta, tenía que hacer lo mismo.

Empecé a trabajar pronto, a los 14 años; fui a trabajar a un banco, en el turno de madrugada. Trabajaba desde la media noche hasta las 6 de la mañana, en tareas de mecanografía. Llegaba a casa sobre las 7 de la mañana, me bañaba, comía algo y volvía al trabajo, a otro empleo, en la contabilidad de una tienda.
Salía corriendo del 2º empleo, volvía a casa y me echaba a dormir un poco, pues tenía que ir a la escuela desde las 19 hasta las 22 horas, y nuevamente, a media noche, me iba al banco. Así era mi rutina a los 14 años, y nunca, en momento alguno, me dijeron mis padres: - ¡Hija, no necesitas de eso, estudia, es mejor! Mi padre tenía un buen sueldo, pero pese a ello, yo tenía que darle todo mi dinero a la “guapita” de mi madre para que fuese al salón de belleza, a hacerse la manicura, arreglarse el cabello, pasear con las amigas. ¡Eso me sublevaba!

Hoy estoy casada, tengo un hijo maravilloso y un compañero, pero traigo dentro de mí mucha amargura y resentimiento, incluso porque todavía hoy mis padres me exigen, principalmente mi madre. Dice: - Yo te amo, hija mía, ya no vienes por aquí, ¡¿no vas a darme más dinero?! Pero no me pregunta cómo estoy, si necesito algo. Los regalos por sus cumpleaños, los quieren, y también por navidades, pero ¿sabe usted qué me dicen cuando pregunto por qué ellos a mí no me dan nada?

- ¡Tú tienes de todo, hija mía, no sabría qué darte!
El amor de verdad lo sería todo para mí (la paciente lo relata llorando).
Quería saber, Dr. Osvaldo, por qué no siento amor hacia mis padres y sé que ellos tampoco lo sienten hacia mí; puede que me aprecien, pero amor verdadero, de cuidarme, de estar a mi lado, apoyarme, eso nunca lo sentí por parte de ellos, como hago yo con mi hijo.
Yo siento que amo a mi hijo, estoy feliz con lo que consigue, quiero lo mejor para él, pero no siento lo mismo por parte de mi madre. Deseo mucho sentir verdaderamente el amor de una madre”.

En la sesión de regresión la paciente me relató: - Veo una luz dorada… Hay una silueta humana. (Pausa).

- Dr. Osvaldo, es un hombre, su nombre es César Luís, dice que es mi mentor espiritual, y que me llevará a un lugar; dice que no tenga miedo. Le digo que iré, que confío en él. (Pausa).
Parece que estoy en el astral, no me pregunte por qué, eso es lo que percibo… Veo ahora un mar de girasoles, un campo muy grande y en medio de ese mar de girasoles, veo un árbol enorme. Mi mentor espiritual y yo vamos en dirección a este árbol, y de allí salen un hombre y una mujer, me dan ganas de correr a su encuentro. Inmediatamente, como en un abrir y cerrar de ojos, ya estoy muy cerquita de ellos… Es mucha la emoción, no necesitamos hablar unos con otros, la mirada lo dice todo… Son mis padres espirituales, Francisco y Clara, me doy cuenta de que son mis verdaderos padres, lo sé, Dios mío, ¡qué lindo! (la paciente habla llorando).Dr. Osvaldo, ahora se acerca mi padre, me abraza y dice: - Estoy realmente muy orgulloso de ti, mi niña, eres una guerrera, una vencedora. Te amamos mucho, quiero que sepas que en ningún momento te hemos abandonado, y cuando llegue la hora de que vuelvas acá, tu madre y yo estaremos a tu lado, iremos a buscarte, y volverás a ser nuestra princesa. Él me abraza muy fuerte, dice que es hora de que yo regrese, pero afirma que ahora ellos se me aparecerán con más frecuencia y que, muy pronto, me traerán a mi hija en espíritu para que yo la conozca.
No quiero irme, quería quedarme con ellos en ese lugar, pues era todo lo que deseaba. Ellos me dan cariño, protección, amor, como siempre he querido.
Dr. Osvaldo, mi mentor espiritual me dice que él es también mi hermano espiritual. ¡Dios mío, qué alegría!
Ahora… Me despido de ellos ¡qué lindos son!
¡Es un amor que no se puede describir, la sensación es maravillosa!
Miro hacia atrás, y ellos están todavía allí abrazados mirándome.
Mi hermano espiritual me da un beso, se despide también, dice que yo tengo mucha protección, que soy una persona de muy buen corazón, por eso a veces sufro con lo que ocurre en mi vida, pero aclara que en la Tierra tiene que ser así, dice que todo es un aprendizaje.
Él me abraza y dice - ¡Hasta la próxima, nena!
Dr. Osvaldo, no imaginaba que mi madre y mi padre espiritual hubiesen estado conmigo todo ese tiempo.
Dios mío, qué alegría, me siento reconfortada ahora. Las cosas están claras. Ciertamente, mi madre y mi padre biológicos me dieron las condiciones para venir, o sea, me dieron la vida, y tengo que enseñarles a ser independientes, a no esperar por nada, ni por nadie, y además no es preciso que me sienta culpable. ¡Ahora me siento libre!

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Shimoda
é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
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