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Ego: nuestro real obsesor


por Teresa Cristina Pascotto - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

No hay peor “enemigo” que nuestro proprio Ego. Sin embargo, este no es el tipo de enemigo que tengamos que aniquilar, sino tan solo conducirlo, de forma amorosa, a su debido lugar: compañero entregado de nuestro Yo Real. Mientras que el Ego se resiste a esa idea, nos manipula, sabotea y determina todo cuanto ocurre en nuestra vida, según sus necesidades y deseos mezquinos, ignorantes y arrogantes. Él se cree el único que “sabe lo que realmente necesitamos”, y que nuestro Yo Real es su enemigo y desea destruirlo. Debido a eso, a cada tentativa de nuestro Yo Real de manifestarse, el Ego se arma todavía más tratando de detenerlo. Para ello hace cualquier cosa, aunque sea algo muy dañino para nosotros, lo importante es desviarnos de los caminos que nos llevan a nuestro Yo Real. Por eso vivimos perjudicándonos, mientras estamos ocupados en echar la culpa al mundo de nuestros reveses, solo para que no podamos percibir quien es el verdadero “culpable” de todos nuestros dolores: nuestro Ego.

Cuanto más progresamos y despertamos la conciencia hacia nuestra realidad divina y cuanto más permitimos que nuestro Yo Real actúe con su poderosa presencia en nuestra vida, más se levanta nuestro Ego contra él y más medios halla para manipularnos, con la intención de sabotear toda influencia benéfica del Yo Real. El Ego nos obsede, haciéndonos prisioneros de nuestras creencias en nuestros pecados, errores, culpa y miedos, que tan ignorantemente creemos tener. Cuando nos dejamos manipular por una fuerza tan destructiva como la de nuestro Ego aterrorizado por la posibilidad de llegar a perder el poder sobre nosotros, nuestra frecuencia vibratoria se cae, nuestra energía se hace más densa y acabamos perdiéndonos en pensamientos y sentimientos negativos y destructivos.

Nuestro Ego desea llevarnos a cada vez más desequilibrio, y nos hace creer que somos malos y que merecemos castigo, lo cual nos hace crear mecanismos de autodestrucción. Es incansable en sus intentos. Cuanto más nos aprisionamos en eso, más frágiles y sensibles nos sentimos, abrimos nuestra guardia, nuestra auto-protección, y acabamos por vibrar tan negativamente, que atraemos fuerzas externas, los tales obsesores que tanto tememos. Ellos pasan a influenciarnos, pero quien está al mando, decidiendo y permitiendo esa influencia, es el Ego, todo comienza y termina a partir de él. Cuando se siente muy amenazado por el poder de nuestro Yo Real y muy vulnerable, echa mano de “ayuda externa” y “pide socorro” a los obsesores de turno o da permiso a obsesores “antiguos” (por cuestiones de otras vidas), para que pasen a ayudarle a hacernos entrar en gran desequilibrio, pues dentro de éste nuestro Yo Real es totalmente impotente para ayudarnos a rescatar el equilibrio en que estábamos. Por tanto, es nuestro Ego el que nos atormenta, haciéndonos mantenernos presos en pensamientos obsesivos, es él quien nos hace crear las ilusiones, los miedos, crear dificultades innecesarias o inexistentes, todo ocurre dentro de nosotros y no fuera.

Ningún obsesor puede influenciarnos sin que haya obtenido permiso para eso. Nosotros tenemos nuestro poder personal, que determina la interdicción de cualquier influencia externa. Pero cuando abrimos mano de ese poder y se lo entregamos al Ego, entonces sí, él nos entrega al obsesor. Prefiere vernos en sufrimiento que perder su poder.

Algunas veces esto ni siquiera ocurre, y no estamos influenciados por obsesores, pero como tenemos la creencia en las fuerzas siniestras que intentan atacarnos y como ello también nos ayuda a entrar en un papel de “víctimas de obsesores”, eximiéndonos de nuestra culpa, acabamos por rendirnos a ellos, tan solo porque eso acaba por hacerse más cómodo. Sé que es difícil pensar que hacemos esto, ya que nos parece algo insano, no conseguimos concebir la idea de que hemos permitido que obsesores nos influencien solo para poder librarnos de nuestra culpa, siendo esa influencia tan destructiva y aterradora. Pero desgraciadamente, eso es una verdad.

Vuelvo a reforzar que no siempre estamos obsedidos, el verdadero obsesor es el Ego, que nos atormenta con sus embestidas y nos hace creer que somos víctimas de influencias espirituales, para que desviemos la mirada que podamos echar sobre él y, así, pueda mantenerse en el poder, aunque el coste de ello sea nuestro desequilibrio. Cuando estamos en equilibrio contactamos más fácilmente con nuestro Yo Real, así, mantenernos en desequilibrio es un arma de nuestro Ego contra nuestra libertad.

Por tanto, si nos sentimos obsedidos – con independencia de que esto esté ocurriendo o no – el mejor paso que debemos dar va en el sentido de dirigir nuestra mirada hacia dentro de nosotros, para confrontarnos con nuestro Ego, como diciéndole: sé lo que intentas hacer, sé que solo tú eres el responsable de mi desequilibrio. Te ordeno que te entregues, de forma suave y confiada, a los cuidados de nuestro Yo Real, para que Él nos guíe. Estás haciendo de nuestra vida un infierno, todos los caminos que recorremos guiados por ti solo nos llevan a la destrucción, al fracaso, a la frustración, al dolor, al miedo, a la angustia. Ríndete, sé humilde y observa, nuestra vida está en ruinas gracias a tus embestidas tozudas y obstinadas. Si ya hemos intentado de todo para modificar nuestra realidad y cada vez estamos todavía más desequilibrados e infelices, es preciso que intentemos recorrer nuevos caminos, acéptalo, tus viejos senderos nos han conducido siempre a los mismos resultados: dolor y angustia. No tenemos otra opción a no ser probar a entrar en una actitud de entrega confiada y humilde a nuestro Yo Real. Ha llegado la hora de desapegarnos de nuestras creencias limitantes, que nos hacen creer en el mal y en que nuestro Yo Real es malo. No, él es nuestro mayor y único bien divino y verdadero, solo Él tiene condiciones para llevarnos a conquistar nuestros propósitos de vida, los cuales han sido planificados y determinados por él, al tiempo de nuestra encarnación. Por tanto solamente Él contiene toda la sabiduría, conocimiento, herramientas, dones y todas las condiciones ideales para guiarnos. Sin Él somos tan solo tristes seres arrogantes, mediocres y prepotentes, siempre perjudicándonos, mientras permanecemos en la postura cómoda y tranquila de víctimas de las circunstancias y, en algunos momentos, víctimas de obsesores. Nosotros somos quienes les dejamos pasar, por tanto, somos nosotros quienes tenemos el poder de detenerlos, incluso con reverencia, pues ellos únicamente se han prestado para un servicio que tú mismo, Ego tozudo, has contratado. Por tanto, podemos liberarnos de las influencias de esos seres con gratitud y amor.Ego, yo me libero de tu influencia negativa y me entrego a mi Yo Real, y permito que Él nos conduzca, a partir de ahora. Yo Soy la manifestación única e integral de la voluntad de mi Espíritu Inmortal, mi Yo Real. Solamente Soy a partir de Sus verdades divinas y sabias. ¡Que así sea!


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