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EL BONITO MONSTRUO DEL SÍNDROME DEL PÁNICO


por Claudia Isadora Fernandes de Oliveira - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Voy a escribir un texto catártico. Tras un año desde la última vez que ocurrió, he decidido exponer el monstruo:
Año de 2013. Marzo. Después de varios acontecimientos estresantes en el trabajo y en la vida personal, ¡he aquí que se me aparece el monstruo!

Con los cabellos desgreñados y sebosos, tiesos por la falta de aseo, rostro pálido y consumido, más alto que yo, y, aunque algo gordito, no parecía sano ni bien alimentado.
Empezó a atemorizarme. Pensé que me iba a matar. Llamé al SAMU. Ellos se acercaron a socorrerme. Me llevaron a Urgencias. Clínicamente no tenía nada, todo estaba perfectamente. Regresé a casa.

El monstruo me rodeaba. Tenía miedo de salir de casa por culpa de él, pero logré ir a trabajar. Allí, como en una bola de nieve, el monstruo me acometió y no pude reunir fuerzas para luchar contra él.
Con una situación así de insostenible, fui al médico. Diagnóstico: Síndrome del Pánico, su retorno. Ya se me había aparecido en 2008. ¡Estabas hibernando, guapo!

No me lo podía creer. Estaba indignada. "¡Ah, otra vez, no! ¡No voy a pasar por todo lo que he pasado!" ¡Mandé todo a la porra y fui a cuidar de mí y de mi monstruo!
Lo encaré y le dije: "¡Monstruo, nosotros, conviviendo los dos de esa forma no puede ser!" Nunca antes lo había mirado ni hablado directamente con él. Se extrañó. Me di cuenta de que empezaba a disminuir de tamaño.

Empecé a alimentarlo de 3 en 3 horas. El monstruo fue tomando color. Le enseñé a jugar, pues él no sabía. Cuando tomó el balón para jugar, su altura ya me daba por el talón. Lo saqué a pasear, para que entrase en contacto con la naturaleza, con el yoga, con la danza, con la terapia. Por cierto, un añadido: la terapeuta para mí, en aquella época, fue un ancla, un puerto seguro en medio de la tempestad; ¡mi maestra, la que hizo que mi autoestima no fuese a parar a los suelos! ¡Le debo muchísimo y sólo tengo agradecimientos por la excelente profesional que es!

Aparte de todas esas cosas, al monstruo le mostré el Espiritismo. A estas alturas, él ya se había puesto de color verde y se estaba haciendo un hacha con el balón. Le entusiasmó tanto que salió por ahí a jugar y nunca más lo he visto desde entonces.
Yo bendigo el Síndrome del Pánico por haber pasado por mi vida. Analizando fríamente, he aprendido mucho y me he convertido en otra persona. Sin él, yo no sería esta persona de hoy, más fuerte, con más confianza en mí misma, más sensible, más decidida, ¡y mucho más feliz!

Claudia Isadora Fernandes de Oliveira
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