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El cuerpo es el último en perdonar

por WebMaster
Publicado dia 04/10/2008 10:41:35 em STUM WORLD

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por Wilson Francisco - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Rod Streiger, en una entrevista con Oprah Winfrey, relató que tuvo depresión durante décadas, iniciada tras someterse a una operación quirúrgica. Él la describe así: Empecé a entrar lentamente en una niebla grasienta, amarilla y espesa que se infiltró en mi cuerpo, mi corazón, mi espíritu y mi alma. Ella me tomó, robándome la vida.

Siempre que te encuentres en una situación que puede causarte la muerte, puede suceder en tu psiquismo la configuración de un trauma, porque hay algo así como una memoria genética en el ser humano que denuncia cierta fragilidad ante la muerte. Con el desarrollo de otras partes más nobles del cerebro, la parte instintiva ha quedado como muy inactiva. Entonces, cuando llega la inminencia de la muerte (puede ser cualquier situación, incluso una extracción dentaria, un vestido roto en la fiesta de los quince años), el cerebro humano se siente confuso, inhibe nuestro impulso instintivo y retiene la energía creada por aquel suceso.
No obstante, el trauma no está en el acontecimiento en sí, sino en el residuo congelado de energía que no fue resuelto y descargado. Este residuo permanecerá retenido en el sistema nervioso donde podrá causar daños al cuerpo y al Espíritu.

Nancy, en la sala de clase de la facultad tuvo una grave crisis de pánico y desarrolló el síndrome de agorafobia (miedo a los lugares abiertos, públicos). Fue a una clínica, estaba en pésimas condiciones emocionales. Frente a ella, y sin tener ninguna pista, el terapeuta, intuitivamente, le sugirió que imaginase en aquel momento la presencia de un tigre y que ella tenía que correr, esconderse y subirse a un árbol, para librarse de aquel animal. De pronto, se quedó atónita, las piernas le temblaron y dio un grito lancinante. Quedó postrada, inmovilizada y de allí en adelante pasó a hablar de una situación que había vivido cuando aún era una cría, había sido inmovilizada con truculencia en una mesa quirúrgica, para extracción de las amígdalas. Como se ve, ese suceso acaecido cuando era niña, tuvo repercusión en su cuerpo y se manifestó veinte años más tarde. Al salir del consultorio, dijo que “se sentía ella misma nuevamente.”

No siempre se hace necesario el proceso catártico y el recuerdo o sensación de suceso causante del trauma, basta apenas llevar a cabo un proceso que pueda desalojar el “quantum” de energía que se ha quedado retenido, guardado en el sistema nervioso de la persona. Una simple charla, relatar lo que ocurrió o lo que sientes, puede ser suficiente para destrabar la energía bloqueada. Y a partir de ahí surge la cura.

Otras veces, es preciso elaborar un camino perceptivo, en que los órganos del cuerpo humano funcionan como portales, a través de los cuales podremos encontrar la fuente de energía represada. En ese caso, podría ser interesante realizar un ejercicio en que logres percibir cada parte de tu cuerpo, en ese paso, basta apenas sentir, evita intentar comprender, tan sólo hay que sentir, respirar y observar tus partes corporales.

Elabora imágenes de pájaros cantando en tu ventana; la risa de chiquillos jugando en el patio; una fina corriente de agua, que golpea en las piedras lanzando gotitas frescas a tu rostro; estás viendo la puesta de Sol por entre dos montañas, que deja en el cielo un rastro colorido. Siente las imágenes, abre espacio en tu Universo para que esos sonidos, imágenes y sensaciones recorran cada parte de tu cuerpo.

No, el trauma no es un monstruo que haya de ser destruido. No ha sido creado por alguien, no hay punición, descuido, desatención, desastre. Ha sido tan sólo una actitud de tu cuerpo protegiéndose; tu cerebro ha buscado un camino para que tú no sufrieses tanto. Ten paciencia, aguarda, deja que todo ocurra naturalmente. Paso a paso podrás soltar esa energía.

Toma fotos antiguas de la familia, de paseos, de personas que forman parte de tu historia, tanto en casa como en el trabajo. Observa la fotografía, con atención, examina cada detalle de quien está allí. Recuerda todo lo que venga a tu mente, buscando detalles, colores, formas y tiempo. Respira naturalmente, relájate. Siente el efecto de la energía que proviene de esos recuerdos, de esas personas. Observa todo y deja que la energía circule en tu cuerpo y mente, como si estuvieses en un río y el agua rozase tu cuerpo, subiendo y bajando sobre ti, mojando tus piernas y pies... Observa todo y siente.

Una internauta me dice que “cuando alguien me decía que yo podría curarme si buscase dentro de mí, yo me enfadaba y decía que los problemas musculares estaban causados por un desvío en la columna. He aprendido que el cuerpo físico es el último en perdonar. Me acordé de una experiencia ocurrida conmigo. Tengo un hermano que es más joven que yo, 14 años (somos 9 hermanos, yo soy la nº 4). Siempre que nos acercábamos yo notaba una opresión en el corazón y, al no identificar el motivo, consideraba que él no me apreciaba. Por esa causa me he ido alejando sin nunca haber comentado el caso con nadie. Un día, haciendo ejercicios de perdón, dije: “yo me perdono y pido perdón a todos cuantos un día disgusté”. La imagen de mi hermano apareció ante mi, cuando era niño. Me acordé de haber oído decir a una persona que se decía vidente que yo perdería uno de los dos hermanos más pequeños. En mi interior deseé entonces que fuese este hermano. Afortunadamente nada sucedió y yo lo había olvidado todo, hasta el momento de esta plegaria. Al recordar, sentí la misma opresión en el corazón y comprendí lo que me sucedía con relación a él. Hice una plegaria, me perdoné, realmente, por esto y abracé el espíritu de él, rogando que también me perdonase, por este pensamiento tan triste del pasado. Esto él nunca lo ha sabido, pero hoy, cuando nos encontramos, mi corazón se siente feliz y nos abrazamos alegres. Él vive en el piso de arriba del mío y antes de esto, nos veíamos esporádicamente. Hoy nos vemos todos los días, intercambiamos confidencias, viajamos juntos. Incluso sin saber nada, su forma de dirigirse a mí ha cambiado totalmente. Aquella frialdad del pasado ya no existe.”

Una experiencia increíble. Y una prueba extraordinaria de que somos, sí, la criatura divina, la excelencia de Dios. Es esto, tú eres la excelencia divina, la obra prima de la creación y la mano de Dios está día a día modelando tu cuerpo y alma, para convertirte en el Ángel que ha de en la Tierra rescatar el Cielo, perdido en eras remotas.


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