El efecto zombi de los psicofármacos
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 24/04/2011 10:27:27
Traducción de Teresa - [email protected]
La ganancia o pérdida de peso, la disminución de la libido, la mengua de la función eréctil, nauseas, sensación de inquietud, son las quejas más corrientes, entre otras, que la mayoría de mis pacientes me relata sobre los efectos colaterales, (así como la ineficacia de tales medicamentos), que los lleva a desistir del tratamiento psiquiátrico y a acudir a la (Terapia Regresiva Evolutiva, La Terapia del Mentor Espiritual, (ser desencarnado de elevada evolución espiritual, responsable directamente por nuestro perfeccionamiento espiritual) abordaje psicológico y espiritual breve, creado por mí) TRE(*).
Se trata, por lo tanto, de síntomas nefastos que tienen gran impacto sobre la calidad de vida de esos pacientes.
En estudio llevado a cabo en los EUA con 300 voluntarios que padecían depresión, los psiquiatras subestimaron las quejas de los pacientes; es lo que indica una encuesta publicada en el Journal of Clinical Psychiatry (Revista de Psiquiatría Clínica). Las quejas de esos pacientes sobre los efectos colaterales de los medicamentos fueron 20 veces más frecuentes que las observadas por sus psiquiatras.
En Brasil nuestra realidad médica no es muy diferente; el número de prescripciones solo aumenta y, consiguientemente, sus efectos colaterales, sin que las causas sean tratadas.
Según la Anvisa (Agencia de Vigilancia Sanitaria) la venta de antidepresivos en las farmacias del país ha aumentado un 42% entre 2003 y 2007 (14,6 millones fueron los antidepresivos vendidos en 2008).
Sin embargo quiero destacar que los psicofármacos – antidepresivos, antipsicóticos y ansiolíticos – cuando correctamente prescritos por los médicos, ayudan y son necesarios en muchos casos de trastornos del humor (depresión, trastorno afectivo bipolar), de ansiedad (fobias, síndrome del pánico, trastorno de ansiedad generalizada, insomnio, estrés postraumático) y en los casos de esquizofrenia, depresión psicótica, trastornos graves de la personalidad (impulsividad, agitación) y trastorno delirante (hipocondría, celos, paranoia, etc.).
Así, el consumo indiscriminado y la facilidad excesiva en la prescripción por parte de muchos psiquiatras son, sin duda alguna, una grave equivocación, bastante perjudicial para el paciente.
Según mi experiencia clínica, los psicotrópicos deberían ser empleados solamente en los casos agudos, en los crónicos, en los que comportan peligro para el enfermo y/o sus familiares, o bien en los casos en que los tratamientos psicoterápicos y/o espirituales no hayan surtido efecto, pero no como primera opción de tratamiento como se viene haciendo.
Es frecuente que vengan a mi consulta pacientes que más parecen zombis que seres humanos, con temblores, mirada fija, lentitud motora, fallos de memoria, lentitud en el razonamiento, dificultades de concentración, etc.
Para que el lector se haga una idea de la gravedad de la administración de esos medicamentos, detallaré algunos de los efectos colaterales que muchos pacientes me relatan, tras el uso prolongado de psicofármacos:
1) Antidepresivos: somnolencia, temblores, torpeza mental, boca seca, estreñimiento, bajada de tensión, sensación de pérdida del control;
2) Antipsicóticos: temblores, rigidez muscular, mirada fija, voz temblorosa, lentitud de movimientos;
3) Tranquilizantes: sedación, trastornos de la memoria, riesgo de accidentes.
Siendo la psiquiatría una rama de la medicina orgánica, considera que la causa de los trastornos mentales se halla en el cerebro, o sea, en las alteraciones bioquímicas de los neurotransmisores, o bien en la anatomía del cerebro, sin que todavía tenga en consideración al ser humano en su totalidad: mente, cuerpo y espíritu.
Debido a eso, entre los patrones de pensamientos, sentimientos y actitudes inadecuadas de ira, temor, tristeza, deseo de venganza, etc., que producen alteraciones bioquímicas en el cerebro – características de los cuadros psiquiátricos – son considerados válidos únicamente los que se refieren a esta vida, pues la psiquiatría no reconoce que la causa primaria, o sea, la experiencia traumática causante de los problemas emocionales pueda provenir también de otras vidas, sin ahondar más en el psiquismo de profundidad.
Es importante aclarar a los lectores que los psicofármacos actúan solamente sobre las sustancias químicas cerebrales (neurotransmisores), pero no logran mejorar los pensamientos y sentimientos negativos del ser humano.
Por lo tanto, aumentar o disminuir la dosis de serotonina o dopamina del cerebro es únicamente paliativo y no curativo. Lo que cura efectivamente es tratar la mente, el espíritu, modificando los patrones de pensamientos, sentimientos y actitudes (reforma interior), las experiencias traumáticas del pasado del paciente, ya sean de esta vida – infancia, nacimiento, útero materno – o de otras vidas, así como la acción nefasta y perjudicial de los seres espirituales obsesores – seres desencarnados, desafectos de los pacientes – que se han sentido damnificados por ellos en el pasado.
Pero el hecho de que la psiquiatría esté estructurada en base puramente materialista, organicista, cerebrocéntrica y no tenga en cuenta la existencia del alma y del espíritu, dificulta el reconocimiento de una realidad distinta – aparte de la externa que es palpable, mensurable y observable – la realidad extra-física, la espiritual.
Siendo así, la obsesión espiritual, pese a su gravedad, por causar al paciente innumerables problemas psíquicos y orgánicos (aquellos cuya causa resulta desconocida para la medicina oficial), de relación interpersonal, así como financieros y profesionales, lamentablemente, todavía es ignorada por la gran mayoría de los psiquiatras. Obviamente, quienes salen perjudicados, a fin de cuentas, son los que padecen esa enfermedad del alma. Y lo peor, es muy raro que el enfermo se dé cuenta de que está siendo acosado espiritualmente, pues el ser espiritual obsesor se aprovecha de su condición de invisibilidad, de su inteligencia como ser desencarnado que es, para perjudicarlo.
Por eso la obsesión espiritual es una de las enfermedades de más difícil tratamiento, por ser una enfermedad invisible, por pasar inadvertida a ojos del paciente y del médico. Nunca es por demás recordar, principalmente a los desavisados, la sabia enseñanza de Jesús, el gran Maestro de Galilea: Estad sobre aviso, orad y vigilad.
Caso Clínico:
Medicamentos ControladosAcudió a mi consultorio una mujer de 38 años, casada, que me relató:
“Tomo varios tipos de medicamentos controlados, tengo miedo a todo, principalmente a salir a la calle; los medicamentos alteran mi estado de humor, me siento extremadamente irritada, nerviosa y muy hinchada; tengo fortísimos dolores en el estómago y en las piernas; además tomo calmantes, pues no consigo dormir, y tengo muchas pesadillas.
Dr. Osvaldo, ya no soporto más, parezco un zombi, no hago nada de lo que hace una persona normal: no salgo sola, no conduzco, he dejado de trabajar y de estudiar, me quedo en casa aislada en mi habitación, no tengo amigos, y mi marido ya no soporta más. Tomo medicamentos desde los 25 años; estaba en la facultad de arquitectura cuando me sobrevino la primera crisis de pánico y desde entonces he vivido así”.
En la primera sesión la paciente notó mucho frío, veía todo oscuro, no conseguía concentrarse (supongo que los medicamentos le hacían estar confusa).
En la segunda sesión ella estaba menos ansiosa, más tranquila, decía que deseaba terminar con su tormento, y creía que lograría curarse (cuando pensaba así, lo hacía ella por sí misma, sin la interferencia de los medicamentos).
Así me lo relató: “Veo una mujer toda cubierta… No puedo verla muy bien. Va de un lado para otro sin cesar, parece desequilibrada… Siento frío nuevamente (la paciente sentía frío porque percibía el campo vibracional de esa mujer que era un ser de las tinieblas – una región gélida)”.
- Pregunta a esa mujer quién es y qué quiere – Ruego a la paciente.
“Esa mujer alza un velo negro, me pide que la mire, que mire lo que hice con ella… Me da miedo mirar, Dr. Osvaldo ¡no quiero! (la paciente empieza a llorar cubriendo el rostro con las manos)”. (Pausa).
Ruego a la paciente que no tenga miedo, ya que cuenta con la protección y el amparo de la espiritualidad y que es necesario saber la verdad, pues conociendo la verdad va a liberarse y a vivir una vida mejor. La paciente se calma y pregunta: - Muchacha, ¿quién eres? ¿Qué te hice yo? Sea lo que fuere que te haya hecho, ¡perdóname, por favor! (Pausa). Dr. Osvaldo, la mujer se está marchando, ya no quiere hablar conmigo” (habla llorando).
- Tranquila, todavía tenemos otra sesión – le contesto.
Al final de esa sesión pedí a la paciente que de corazón hiciese la oración del perdón, irradiando la luz dorada de Cristo hacia aquella mujer.
En la tercera y última sesión, vino mucho más segura y decidida:
“Veo nuevamente a aquella mujer del velo, ya no va de un lado para otro, está más serena… Me pide la mano y dice que quiere que yo vea algo… Me da miedo ir, pero es preciso acabar con esto. Le doy la mano… Ahora me veo en una casa – en una vida pasada – con algunos críos, unos tres críos, y una de ellos no es hija mía, sino de mi marido con su esposa que ha muerto; al casarme con él tuve que aceptar a aquella niña.
Yo la maltrataba mucho, no la quería y tenía muchos celos de ella, pues mi marido le daba mucha atención a fin de compensar la falta de la madre. Yo pensaba: ¿Por qué ella no se ha muerto también? Entonces empecé a envenenarla, dándole medicamentos fuertes para dormir. Mi marido era médico, y por eso yo tenía acceso a tales medicamentos; la niña se pasaba todo el día dormida, hacía todas sus necesidades en la cama, y no comía. El padre acabó por llevarla al hospital, de donde ya no salió, pues la cantidad de medicamentos que yo le di le dejaron secuelas. Dios mío, ¿cómo he podido hacer algo tan monstruoso? ¡Qué horrible, Dios mío! (habla llorando). (Pausa).
La mujer del velo me dice que ella era la madre de aquella niña. Me dice que está haciendo conmigo lo mismo que hice yo con su hija en aquella vida pasada.
Ella me habla llorando: - ¡¿Cómo has podido ser tan cruel?!
Pido perdón desde lo más hondo de mi corazón a las dos, y esta vez, si yo pudiese tener nuevamente la ocasión de tenerla en mis brazos como hija, la aceptaré, pues será una forma de demostrar cuán arrepentida estoy, y de reparar el daño que le hice (habla llorando copiosamente). (Pausa).
La madre de la niña ya no está en la oscuridad y ya no noto aquel frío… Ella se encamina hacia una luz clara, enorme. (Pausa).
Dr. Osvaldo, veo a un señor que lleva una túnica blanca… Dice que es mi mentor espiritual. Me dice que aquella niña a quien perjudiqué en el pasado aún ha de venir como hija mía, y que solo así mi vida cambiará.
Ahora dice que debe irse, me ruega que me quede en paz, que no me preocupe, pues todo irá bien, pero a su debido tiempo.
Se va…”
Dos años después del término de la terapia la paciente me envió un e-mail diciendo lo siguiente:
“Dr. Osvaldo, no sé si se acuerda de mi caso, ya que estuve en su consulta hace dos años, pero mi mentor espiritual me había dicho en nuestra última sesión que la niña a quien hice daño en la vida pasada vendría como hija mía.
Pues bien, él se ha comunicado conmigo en sueños diciendo que yo tenía que adoptar a una niña, porque ella no vendría como mi hija biológica. No lo dudé, lo comenté con mi marido y acabamos adoptando a una niñita muy linda; estamos muy felices. Por increíble que parezca, después de la adopción mis miedos han desaparecido, ya no tuve necesidad de tomar todos aquellos medicamentos, duermo muy bien y ya no tengo pesadillas. Quiero agradecer de corazón a Dios, a mi mentor espiritual y a usted por esa bendición que he obtenido en ese tratamiento. Muchas gracias, que Dios ilumine su camino, y que pueda todavía ayudar a muchas personas necesitadas”.








in memoriam