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¡El eterno deudor!


Autor Paulo Salvio Antolini
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Traducción de Teresa
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¿Te despiertas y ya te sientes presionado por algo o alguien? Por mucho que hagas ¿tienes siempre la sensación de que estás olvidando algo importante y que dentro de poco alguien te lo reprochará? Pues bien, he aquí a una persona que tuvo poco reconocimiento de sus acciones cuando era pequeño, mucha exigencia incluso respecto de lo que no era importante hacer y exceso de críticas en su desarrollo. Se asocia a esto un sentimiento de rebeldía que en sus manifestaciones era el único momento en que se veía notado.

Cuando un niño sólo recibe atención si hace trastadas, así es como crecerá: inicialmente haciendo travesuras y a medida que crece, haciendo cosas equivocadas para llamar la atención sobre sí.
En la época de los estudios dejarlo todo para última hora era la tónica. Así esas personas fijaron ese comportamiento y, al ser adultas, tendrán dentro de sí la constante expectativa de que están dejando mucho que desear.

Teniendo una auto-imagen negativa se ha formado un “vacuo” entre el sentimiento y la razón. Está generada la ansiedad crónica, estado que mantiene intensa inquietud interior y alimenta una gran dificultad para mantener el foco en las actividades que se propone hacer, o que es necesario hacer.
Ese estado interior favorece el vivir en constantes quejas y reclamaciones, aparte de arrastrar fuerte sentimiento de estar siempre siendo víctima de injusticia. Mantiene también encendida una rebeldía incluso infantil. Sabe lo que tiene que hacer, sabe cómo ha de actuar, pero crea inconscientemente impedimentos que van a dificultar la realización, los resultados siempre dejan mucho que desear, si no en el resultado propiamente dicho, en la correría y agobio originados por la manera en cómo transcurrieron en sus ejecuciones. Puedes creerlo: eres tú mismo saboteándote. Tú te has convertido en tu principal enemigo.

El auto-sabotaje es el cierre del círculo vicioso. Es mantener un estado no absorbido ni superado, cuyas raíces se encuentran en tiempos idos. Si al comienzo eran otros los que les exigían, ahora esas personas empezaron a auto-exigirse. Todo el tiempo.
Romper ese círculo es romper el condicionamiento instalado y reforzado por tantos años. Exige un gran esfuerzo, pero es plenamente posible y extremadamente satisfactorio y compensador, en la medida en que nuevos sentimientos comienzan a ser experimentados. Hay que percibir los puntos principales y trazar un plan de acción.

Un gerente comercial de una gran empresa tenía una lista de cosas pendientes que no se movía; por cierto, ni siquiera estaba actualizada. Al percibir lo que estaba haciendo consigo mismo, pasó a actualizarla diariamente, a definir las prioridades y a concentrarse en hacerlas, una a una, de principio al fin. Necesitó un gran ahínco, pero en poquísimo tiempo, menos de treinta días, empezó a cosechar los frutos de sus esfuerzos. Su directiva pasó a elogiarlo por tener las informaciones a mano en el momento de solicitárselas, por haber reducido el número de quejas de clientes debidas a demoras, y a continuación se empezó a notar una mejora en los números de las ventas mensuales.

Un ama de casa atosigada por las exigencias de su marido e hijos, que planchaba las ropas en el momento de ponerlas, con las comidas siempre retrasadas, originando correrías a todos para llegar a tiempo a sus trabajos y estudios, con la casa sin arreglar. Cuando llegaba alguna visita era un tal de recoger ropas y objetos que a todos incomodaba. Al percibir su círculo vicioso, se dio cuenta también de que todo lo hacía a deshora. Empezó su cambio de comportamiento haciendo un listado de actividades y siguiéndolo a rajatabla. En dos semanas rehízo ese listado varias veces y encontró la forma más adecuada de realizar sus tareas y además encontró tiempo para sí misma, algo que antes no tenía.
Repito en este texto: el mayor obstáculo para las transformaciones necesarias es la dificultad de aceptar lo que se está haciendo. Es el vicio de tener siempre explicación y justificativa. Es mantener el “¡pero también...”! ¿Qué es lo que pretendes hacer contigo mismo (a)?


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