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El miedo de ser traicionado lo hace sofocar al otro y perderse a si mismo...


Traducción: marta Susana Pacho
martaspar927@yahoo.com.ar

He oído a muchas personas reclamando, y, por lo tanto, esquivando relaciones duraderas y compromisos “serios”. Alegan que se sienten sofocadas, presas, como si ya no pudiesen vivir sus propias vidas, o peor, como si ya no supiesen quienes son realmente...

Cuando intentamos controlar al otro por miedo de ser traicionados (o por cualquier otro motivo) ocasionamos un doble aprisionamiento: el del otro y el nuestro. Porque la ilusión de que el compañero deba estar bajo nuestra supervisión nos dá una sensación equivocada de seguridad... pero en cuanto intentamos vigilarlo, nos perdemos nosotros mismos, nos desviamos de nuestro propio camino para seguir un camino que no existe, que no es el nuestro ni tampoco es el de la persona amada.

Extrañas elecciones... que nos remiten inevitablemente al sufrimiento, a la decepción y el deseo -consciente o no - de liberarnos de esa tediosa prisión. Feminismos y machismos aparte, creo que son generalmente las mujeres, las que intentan aprisionar a los hombres... y son los hombres, los que generalmente se pierden entre el deseo de vivir un relacionamiento, y, al mismo tiempo, una rutina sin compromisos, de soltero.
La verdad sea dicha: ninguno de estos comportamientos ayuda en nada. Lo ideal sería que las mujeres se relajasen e intentasen respetar un poco más la libertad de los hombres. De la misma forma, que los hombres hiciesen elecciones más adultas y conscientes, sabiendo que los compromisos - en cualquier área de la vida - necesitan de actitudes coherentes.
Reitero que esta es apenas una tendencia, pues existen también muchos hombres que sofocan a sus mujeres y muchas mujeres que actúan en forma dubitativa, dejando una inseguridad constante fluctuar sobre el relacionamiento.
El propósito aquí, no es rotular a hombres y mujeres, sino esclarecer que quien sofoca o quien genera inseguridad, está más para defenderse de sus propios miedos que para contribuir a que la relación sea un encuentro que sume en lugar de restar.
Después de tantos testimonios dejados por los lectores en los BLOGS sobre traición, es evidente que la mayoría de las personas, después de romper una relación larga y llena de reclamos, críticas y desentendimientos, terminan descubriendo que se habían perdido a sí mismas, que dejaron de hacer lo que les gustaba, de sonreír, de sentirse felices, de respetar sus verdaderos deseos, para intentar, solamente, obtener una garantía de seguridad, y, especialmente para evitar una traición.
Entretanto, parece que las relaciones castradoras y maquinadas, que podan la individualidad y la actuación del otro, terminan justamente por causa de un diagnóstico que trae a la superficie frustraciones, presiones, exigencias y muy pocas ocasiones de satisfacción, de plenitud, de respeto del uno por el otro y por la propia relación, que es una institución formada en nombre del amor.
Entonces, por más que parezca contrario a lo que oímos durante toda la vida sobre relaciones perfectas, creo que deberíamos entender con urgencia, que noviazgo y casamiento no pueden considerarse como una prisión para el alma y la personalidad de nadie.

Salir con los amigos, hacer programas que no incluyan necesariamente al otro y sobretodo preservar la “soledad” estrictamente necesaria para el crecimiento de cada uno, pueden ser medidas esenciales en pro de la preservación de esta especie en extinción: relacionamientos felices y que ofrezcan la sensación de ganancia y no de pérdida a los involucrados.
Y tal vez usted se pregunte: pero tanta “permisividad” no terminaría induciendo al otro a la traición?!? Y yo respondería: no será hora de comprender que le cabe solo a cada uno la responsabilidad por sus propias elecciones?
Más aún: no será hora de que vivamos nuestras propias vidas y dejemos que el otro decida si quiere irse o quedarse? Al final de cuentas, en lugar de imponer al otro una vigilancia insana y destructiva, cada pareja debería conversar sobre lo que realmente significa traición y sobre que cosas podrían en riesgo la confianza, el respeto y la relación propiamente dicha.
Porque, definitivamente, presiones y exigencias no son garantía de fidelidad. Nunca lo fueron, pero actualmente, actitudes de este tipo parecen más bien garantizar lo opuesto, o sea, una menor tolerancia y menor disposición para llevar a buen término una relación, la que puede por el contrario acabar rápidamente o convertirse en una relación enfermiza.
Infelizmente, en la mayoría de los casos, solo cuando se malogra un gran amor, notamos cuan perdidos estábamos dentro de un relacionamiento o cuanto de nuestras neurosis e inseguridades transferíamos.

Sinceramente, creo que este sería un momento muy precioso para la transformación del afecto, para la revisión de lo que significa compañerismo, confianza y libertad. Quizás así podamos experimentar menos dolor y mucho más amor...


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Rosana Braga é Especialista em Relacionamento e Autoestima, Autora de 9 livros sobre o tema. Psicóloga e Coach. Busca através de seus artigos, ajudar pessoas a se sentirem verdadeiramente mais seguras e atraentes, além de mostrar que é possível viver relacionamentos maduros, saudáveis e prazerosos.
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