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EL MITO DE LILITH - PRIMERA PARTE

por WebMaster
Publicado dia 24/01/2012 14:37:28 em STUM WORLD

por Academia Mental - academiamental@yahoo.com.br

Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Lilith nace con Adán, formados del polvo por Jehová-Dios”. Pero el amor entre ambos empieza a verse perturbado casi inmediatamente. No había paz entre ellos, porque cuando se unían en la carne, evidentemente en la postura más natural – la mujer por debajo y el hombre por arriba – Lilith mostraba impaciencia. Así, preguntaba a Adán: ‘¿Por qué debo acostarme debajo de ti? ¿Por qué debo abrirme bajo tu cuerpo?’ Quizá aquí hubiese una respuesta hecha de silencio o de perplejidad por parte del compañero. Pero Lilith insiste: ‘¿Por qué he de ser dominada por ti? También fui formada del polvo, y por eso soy tu igual’. Ella pide que se inviertan las posiciones sexuales a fin de establecer una paridad, una armonía que debe significar la igualdad entre los dos cuerpos y las dos almas. Pese a este ruego, aún húmedo de calor suplicante, Adán contesta con una negativa seca: Lilith está sometida a él, ella debe estar simbólicamente debajo de él, soportar su cuerpo. Por tanto: hay una orden que no es lícito transgredir. Ella no acepta esta imposición y se rebela contra Adán. Es la ruptura del equilibrio. ¿Cuál es la regla del equilibrio? ‘Está escrito: el hombre está obligado a la reproducción, la mujer, no’.

Ante la negativa de Adán, Lilith pronuncia irritada el nombre de Dios, y, acusando a Adán, se aleja.
Mientras esto sucede, Adán se ve tomado por una sensación angustiosa de abandono. Es la hora en que el sol se pone y descienden las primeras tinieblas de la noche de sábado. Lilith se alejó. El hombre le había dicho un no a su mujer. Y vienen las tinieblas.

Adán tiene miedo, siente que la oscuridad lo oprime. Siente que todas las cosas buenas se han estropeado.
Despierta, mira en torno a sí, y no halla a Lilith. Adán piensa que la compañera ha desobedecido una vez más a su mandato. Se dirige a Jehová-Dios, como hijo que confía en la experiencia y en la autoridad paterna: ‘Busqué en mi lecho a la que es el amor de mi alma; la busqué y no la encontré’.

Ahora hay desesperación, el amargor por haber perdido a Lilith. Pregunta al Padre y el Padre quiere saber la causa del litigio y comprenden que la mujer ha desafiado al hombre y, por tanto, a lo divino.
Lilith voló lejos, hacia los márgenes del Mar Rojo, después de haber profanado el nombre de Dios Padre.
Jehová-Dios profiere su orden: ‘El deseo de la mujer es para el marido: vuelve a él’.
Lilith no responde con obediencia, sino con negativa: ‘Yo ya no quiero tener nada que ver con mi marido’. Jehová-Dios insiste: ‘Vuelve al deseo, vuelve a desear a tu marido’.

Pero la naturaleza de Lilith cambió en el momento en que blasfemó contra Dios, y ya no existe obediencia.

Entonces Jehová-Dios envía hacia el Mar Rojo a una formación de Ángeles. Ellos alcanzan a Lilith: la encuentran en las charnecas desiertas del Mar Arábigo, donde la tradición hebraica dice que las aguas llaman, atrayendo como un imán, a todos los demonios y espíritus malvados. Lilith se transforma: ya no es la compañera de Adán. Es el demonio manifiesto, está rodeada de todas las criaturas perversas que salen de las tinieblas. Está en un lugar maldito, donde se crían espinos y abrojos. Los ángeles, con la llama y la espada fulgurante, gritan a Lilith la orden de volver junto a Adán, pues si no lo hiciese, será ahogada. Pero Lilith, en el fondo, está amarga como la alosna, afilada como la espada de doble filo.

Entonces los ángeles proclaman: ‘Si desobedeces será la muerte para ti’.
Las fuerzas del cielo se miden con las fuerzas de la tierra y de las tinieblas. Por una parte, hay amenaza a la autoridad celeste, y por la otra, la flor venenosa del escarnio y de la afrenta.
La naturaleza de Lilith es astuta como la serpiente. Su sabiduría de demonio es grande, pero por eso mismo, es grande igualmente su sufrimiento. Sumando conocimiento Lilith suma sufrimiento.
Lilith se niega a seguir a los tres ángeles y les dice: ‘Si yo viere vuestros tres nombres o vuestros semblantes sobre un recién nacido como talismán, prometo respetarlo’.
Los ángeles, en cierto modo, aceptan de buen grado la mala suerte y admiten al menos la concesión parcial de Lilith. Regresan al Edén, pero Jehová-Dios había decidido castigar a Lilith exterminando sus hijos.

Los pequeños demonios son muertos por la mano implacable de Jehová-Dios. A este cruento exterminio, verdadera guerra entre el Creador y sus criaturas, se opone una venganza de Lilith: ella misma enfurece a sus propios hijos, o mejor, ayudada por otro demonio hembra, va por todas partes estrangulando por la noche los niños pequeños en las casas, o sorprende a los hombres en el sueño, induciéndoles a mortales abrazos.

Así es representada en la tradición hebraica la historia de Lilith. No hay conclusión: Lilith permanece en su propia libertad, endemoniada, puede que siendo reina en el palacio del Demonio, como su espíritu femenino. Desde el momento en que declara la guerra al Padre, y el Padre la sujeta al papel, desencadena su fuerza destructiva y desde aquel día ya no hay paz para el hombre.

(Texto adaptado de: Lilith. La luna negra).


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