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¡El peor consejero!

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 19/02/2015 18:25:50


por Paulo Salvio Antolini - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

La charla era entre dos. Él me narraba los últimos acontecimientos y sus desenlaces, aunque temporales. Mi expresión de sorpresa lo llevó a este comentario: “Ella hizo caso al peor de los consejeros: ¡el miedo!”

Sí, realmente este es el peor consejero. Tomar decisiones basadas en el miedo es hacer que todo lo que venga después de la decisión sea distorsionado, forzado y con resultados dañosos. A veces ese miedo es consciente, otras veces se manifiesta de otras maneras, oculto en acciones que el que las practica considera como “hice lo que tenía que hacer”.

Ese sentimiento distorsiona las acciones, hace que los resultados sean completamente diferentes de lo que deberían ser en el caso de que las decisiones hubiesen sido tomadas basándose en los hechos y reflexiones de lo que realmente sería necesario hacer.

No significa desconsiderar nuestros temores, pero sí no actuar impulsados por ellos. El aspecto positivo de este sentimiento es el despertar de la cautela, del cuidado. Cuando lo miramos a través ese prisma, reflexionamos con más conciencia sobre el tema en cuestión y consideramos todo lo que una acción podría impactar. Ese cuidado genera una acción, que si bien es algo más lenta, es mucho más consistente.

Ya hemos dicho que el miedo es el sentimiento que alimenta todas las emociones consideradas negativas. Ira, odio, rencor, en fin, emociones que, más que construir, destruyen. Gran error cometen aquellos que buscan despertar miedo en los demás, ya sean hijos, empleados, compañeros, etc. El miedo nada tiene con el respeto. Cuando alguien obedece y se somete a las órdenes por miedo, en cuanto advierta que puede librarse de ese yugo lo hará, dejando entonces el mandante “a la luna de Valencia”.

Muchos intentan la imposición para tratar de chantajear a los demás y cuando perciben que no va a funcionar, revierten inmediatamente la decisión, y lo que es peor, en esos casos acaban quedando a merced de las situaciones, sujetándose a consecuencias que no les hubieran gustado. Frases como “salir el tiro por la culata”, “ir por lana y salir trasquilado”, expresan bien lo que ocurre en esos casos.

Cuantas veces, al depararse con determinada situación, la persona sabe exactamente lo que tiene que hacer, pero el miedo al resultado la lleva a proceder de modo diferente, perjudicándose. A veces no es siquiera el miedo al resultado, sino el querer dos cosas antagónicas al mismo tiempo. Ella no quiere estar ya con su novio, pero tampoco quiere dejarle libre para que busque nuevo romance. Con el temor de que él encuentre a alguien antes que ella, vive un verdadero infierno, pero no hace lo que tendría que hacer. Esa tozudez, ese orgullo, no son más que herramientas del miedo.

El empleado que sólo genera problemas, conflictos e incluso perjuicios, y sin embargo, el gerente lo aguanta todo por temor a cómo sería quedarse sin él, como si ya no hubiese nadie más para sustituirlo. La acción está motivada por el miedo al período de inestabilidad hasta que todo esté resuelto nuevamente. Olvida que, peores que esa posible difícil transición, son las complicaciones vividas en el día a día que resultan de la permanencia del empleado en la empresa, el comercio, etc.

Están asimismo los “consejos” dados por los miedos no asumidos, que generan el falso coraje. Pueden ser identificados en actitudes agresivas, imposiciones absurdas, cambios sin sentido alguno, ahora es una cosa, dentro de poco será otra. Todas son acciones que están enmascarando el miedo.

Otro ejemplo donde el miedo está produciendo daños cada vez mayores es el miedo a las pérdidas, que hace aplazar la verificación de las condiciones de los débitos en bancos, débitos de impuestos, y uno muy corriente: no ir al médico por miedo a tener una enfermedad grave. Mientras que los miedos referentes a las pendencias financieras pueden originar una “quiebra en la caja”, a veces incluso irreversible, he aquí que las pérdidas, los miedos referentes a una enfermedad aplazan el comienzo del tratamiento y esto podría llevar a la muerte. Es decir, a la pérdida del bien más precioso: la vida.

Muchos se determinan a la infelicidad únicamente porque no se permiten convivir con sus miedos y dar pequeños pasos hacia donde saben que los tendrían que dar.


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