El Poder de la Oración como factor de Cura
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 16/01/2009 16:48:42
Traducción de Teresa - [email protected]
“En todos los casos de obsesión, la plegaria es el más poderoso medio de que se dispone para disuadir de sus propósitos maléficos al obsesor.”
(El Génesis, Allan Kardec, cap. XIV, apartado 46)
Médicos norteamericanos han venido dedicándose a investigar el valor de la fe y el papel ejercido por la oración en el auxilio de la cura de los pacientes.
La acción terapéutica de la oración en la cura del enfermo –respetada la formación religiosa del individuo-, ha pasado a ser observada de forma sistemática por los médicos al constatar éstos que los pacientes que se valían de plegarias diarias, de la fe, de visualizaciones mentales positivas y de la certidumbre de la mejoría, se recuperaban más rápidamente que los que no adoptaban las plegarias diarias, no teniendo la fe y el optimismo como apoyos.
En la antigüedad había una estrecha relación entre la medicina y la religión. Tiempo más tarde, se produjo una ruptura de esos dos segmentos, pues la medicina se estructuró en conceptos puramente organicistas, materialistas, rehusando tener en cuenta la realidad espiritual del ser humano.
No obstante, contra hechos no hay argumentos. En mi práctica clínica en mi consultorio, en la T.R.E. (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los espíritus superiores del Astra l-, es frecuente que el paciente se cure de la enfermedad de su alma (obsesión espiritual) tras hacer la oración del perdón para el desafecto de su pasado (obsesor).
En verdad, obsesor y obsedido tienen que rendirse a la terapéutica del perdón, única alternativa de cura definitiva para ambos. Es importante aclararle al lector que la medicina cuida del cuerpo y la T.R.E. trata el alma, el espíritu. De esta forma, como terapeuta del alma, prescribo siempre al paciente obsedido la oración del perdón para reconciliarse con su desafecto. No obstante, muchos se juzgan incapaces de orar o consideran que sus plegarias no tendrán la eficacia necesaria para liberarse de sus obsesores espirituales. Resalto siempre a mis pacientes que no se ha de descalificar ni subestimar la fuerza de la plegaria como instrumento de cura, pues el obsedido solo se libertará de su desafecto si se dispone a promover su propia desobsesión. En este aspecto, aclaro al paciente lo fundamental que es su participación para el éxito del tratamiento.
Debido a eso, cuando en la sesión de regresión el obsesor del paciente se manifiesta, acusándole del perjuicio que le causó en una vida pasada, prescribo siempre la oración del perdón, explicando la necesidad de orar regularmente en su cotidiano, asumiendo la parte que le compete en el tratamiento, pues él es el agente de su propia cura. Para mejor comprensión de este artículo, véase el caso de una paciente que estaba siendo acosada por varios obsesores espirituales – sin saberlo –, que venían creando varios problemas en su vida.
Caso Clínico: Acoso Espiritual.
Mujer de 50 años, casada, 2 hijas.
La paciente acudió a mi consultorio con varios problemas de salud: constantes dolores de cabeza, mioma uterino (tumor), oscilación constante de su tensión arterial. Sentía también mucho frío, dolores en el cuerpo, en la nuca, en la espalda, pesadez en la cabeza, fiebres y mal humor. Había llevado a cabo todas las pruebas médicas necesarias y éstas no acusaban nada. Tenía problemas de insomnio (tardaba en dormirse y despertaba muy de madrugada), pues el movimiento financiero de su comercio era muy flojo y estaba pensando en cerrar sus actividades. Era reservada, tímida, insegura, tenía miedo a tomar decisiones y equivocarse. Quería comprender también por qué se llevaba muy bien con su hija más joven, pero con la mayor no tenía afinidad, reñían constantemente, vivían estresadas y nerviosas.
- Al hacer regresión me relató:
“Han venido en un flash, muy rápido, dos sombras, una pequeña, de un crío, y la otra, grande, de una mujer. Creo que son madre e hija (en las sesiones de regresión es común que el paciente traiga recuerdos de una vida pasada o de seres espirituales, como es el caso de la paciente, en forma de flashes, destellos, escenas fugaces).
Las dos sombras (seres de las tinieblas) estaban una al lado de la otra (pausa).
Veo ahora a dos siluetas oscuras, enfiladas aquí en el consultorio (la paciente lo relata tendida en el diván). Todas forman una hilera en torno al diván. Tengo miedo, me siento acorralada (la paciente habla llorando). Siento tristeza y estoy agobiada, mis manos y mi cuerpo (la parte superior) están hormigueando mucho (la paciente estaba siendo acosada por los espíritus superiores de las tinieblas). Es una total oscuridad (el umbral, reino de las tinieblas, es muy oscuro y frío). Presiento (la paciente lo intuye) que ellos no quieren que yo vea nada en esta sesión de regresión y así llegue a curarme, están saboteando este tratamiento. Quieren venir imágenes, pero hay una niebla gris, que me impide ver (pausa). Ahora ya no viene nada.”
- Al final de esa sesión, prescribí la oración del perdón para que ella se reconciliase con esos seres de las tinieblas, enviándoles luz y vibraciones positivas.
- En la sesión siguiente, la 4ª sesión de regresión, la paciente me relató:
“Veo una luz en lo alto de mi cabeza, muy clara, presiento que es una presencia espiritual femenina.”
- Mira a ver quién es ese ser espiritual – pido a la paciente.
“Es mi mentora espiritual (ser desencarnado, directamente responsable por nuestra evolución espiritual).
Ella irradia una luz blanca, es muy linda, joven, cabellos claros, lleva un vestido vaporoso, ligero”.
- Pregúntale en pensamiento si tiene algo que decirte – ruego a la paciente.
“Ella dice: “Es preciso que confíes más en ti misma.”
¡Dios mío! La luz de mi mentora espiritual es tan fuerte que no consigo abrir los ojos.”
- Pregúntale si ella tiene algo que decir de esos seres de las tinieblas – pido a la paciente.
“Ella me dice que aún queda una presencia espiritual de las tinieblas, que he de continuar orando. Creo que ese ser es aquella sombra, la madre, que vi en aquel flash, al lado de aquella sombra menor, la niña. Mi mentora explica que los otros seres han sido rescatados de la oscuridad y sólo ha quedado esa mujer.”
- Pregunta a tu mentora qué es lo que está provocando tu inseguridad, el miedo a equivocarte - Ruego a la paciente.
“Noto un peso en mi cuerpo, no consigo comunicarme con ella”… - Mira a ver qué es lo que te está provocando ese peso en el cuerpo – pido a la paciente.
“Ha vuelto aquella luz intensa y mi cuerpo también está volviendo a lo normal. Mi mentora dice que es aquella mujer la que está provocando ese peso, que resiste, pues la perjudiqué, y también a aquellos seres que han sido rescatados”.
- ¿De qué forma los has perjudicado en la vida pasada? - Pregúntale.
“Veo las palabras ‘he matado’ en mi mente (la paciente intuye lo que su mentora dice). Ella dice que me ha encaminado a su consultorio para poder liberarlos”.
- Pregunta a tu mentora qué es lo que está provocando tus síntomas físicos - dolores de cabeza, en la nuca, espalda, pesadez en la cabeza, fiebres.
“Dice que son aquellos seres, que querían que yo pagase por lo que les hice. Estaban acosándome, agrediéndome a través de esos síntomas físicos. Ella revela también que mi hija mayor fue una de las personas a las que he perjudicado también en la vida pasada. Esto explica por qué no hay afinidad entre nosotras. Revela además que mi hija es aquella sombra menor, la niña, que he visto al lado de su madre, esa obsesora que aún tiene que ser rescatada de las tinieblas.”
- Pregunta a tu mentora qué es necesario para que tú te lleves bien con tu hija mayor.
“Dice que es preciso aceptarla como hija, y que esa obsesora (la sombra) se resiste en liberarse, porque todavía está ligada a mi hija, que fue hija suya en la vida pasada.
Dice además que, cuando logre ayudarla a encaminarse hacia la luz, mi relación con mi hija mayor mejorará. Aclara que la oscilación de mi tensión arterial así como el mioma uterino, han sido creados por esos seres de las sombras para debilitarme.
Dice también que soy insegura, tengo miedo a equivocarme, a tomar decisiones, por haber hecho cosas malas, al haberme equivocado en una vida pasada y, con eso, en la vida actual vengo con ese miedo de equivocarme nuevamente (pausa).
Noto un calor muy grande en el bajo vientre, parece que hay un ser espiritual, de luz. No es mi mentora, es un hombre todo de blanco, es un médico del astral; él pasa la mano por mi vientre, irradiando luz, tratándome el mioma. Mi mentora dice que mi misión en esta jornada era libertar esos seres espirituales a quienes he perjudicado.
Ella está agradeciendo e irradiando luz hacia usted (en esta terapia, la TRE, mi papel como terapeuta es procurar abrir el canal de comunicación entre el paciente y su mentor espiritual para que éste pueda orientar al paciente acerca de sus problemas y la solución de éstos).
Pide nuevamente que yo continúe haciendo la oración del perdón para aquella mujer y dice que podemos dar por terminado nuestro trabajo. Dice que ya no hay necesidad de seguir con esta terapia. En la T.R.E. es siempre el mentor espiritual del paciente quien evalúa si debemos o no seguir con el tratamiento. El mentor espiritual, por ser responsable por la evolución espiritual del paciente – viene acompañándolo en varias encarnaciones –, lo conoce profundamente y, por eso, sabe lo que necesita mostrarle respecto de su pasado y de sus problemas. Por tanto, es la persona más autorizada, más capacitada para descortinar el “velo del olvido” del paciente.
Al final de esta sesión, la paciente me dijo que desde que comenzó el tratamiento, ha aumentado bastante la clientela de su comercio; estaba sintiéndose bien, más dispuesta, alegre. Su inseguridad, el miedo a equivocarse, a tomar decisiones, habían disminuido bastante, ya no sentía dolores musculares y de cabeza, ni tampoco las oscilaciones de la tensión arterial (su tensión arterial estaba normal).








in memoriam