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El Renacimiento


por Mauro Kwitko - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

No es preciso esperar a morirnos y nacer nuevamente para establecer una meta de cambio en nuestra manera de ser. Podemos decidirlo aquí, en la Tierra, mientras aún estamos vivos. No es necesario morir, subir al Mundo Espiritual, volver aquí, elegir el próximo útero, instalarse dentro de él durante nueve meses, nacer pasar por todo aquello que pasa un nene recién nacido, mamar, llevar pañales, hacerse pis y caca, aprender a sostener la cabeza, a sentarse, a andar, a hablar, ir al cole, ir a los columpios, que nos pongan a mirar los programas infantiles en la tele, ir al pediatra, poner vacunas, ir creciendo, mirando alrededor cómo es ese mundo de los mayores, toda aquella agitación, gente bebiendo, gente fumando, haciéndonos grandes, convirtiéndonos en un muchachito o muchachita, entrando en el Instituto, tratando de ser igual a los demás, vistiendo ropa de moda, escuchando la música de moda, considerando que todo está bien, o que todo está mal, buscando la propia identidad, haciéndonos mayores, tratando de ser igual a los demás, o de ser distinto, la vida que va pasando, y uno tratando de comprenderse, parece que todo se hace de nuevo, nuestra personalidad aflorando, las virtudes, los defectos, los traumas van surgiendo, las alegrías, las tristezas, los encantos, los desencantos, las victorias, las derrotas.

Nos vamos haciendo mayores, adolescentes, más tarde adultos, nos casamos o no, tenemos hijos o no, nos hacemos viejos si no nos morimos antes, nos sentimos bien o no, parece que falta algo, no sabemos muy bien qué, nos parece todo bien o todo mal, y así vamos, después morimos, subimos al Mundo Espiritual, llegamos allí, entonces vamos recordando que solo ha sido un viaje más, y que su finalidad, y la de todos los otros, es el encuentro con nosotros mismos, saber lo que ya está bien, lo que todavía ha de ser mejorado, lo que necesita de veras un cambio, una transformación.
Nos vamos haciendo mejores, más tranquilos, más lúcidos, como si despertásemos de un sueño, preparando nuestro entorno para bajar nuevamente aquí, elegir un nuevo útero, aquella madre que necesitamos, el padre que Dios nos da, la familia adecuada para nuestros intereses (evolutivos), la clase social, el color de piel, el país, todo lo cual nos ayudará a aflorar lo que es positivo dentro de nosotros y lo que todavía no lo es, y un día vamos haciéndonos más pequeñitos e instalándonos dentro de la nueva casita, y todo vuelve a empezar.

Sin embargo, no hace falta esperar a nacer de nuevo para intentar mejorar más que lo que hemos venido mejorando en estos últimos siglos o milenios. No es preciso hacer todo eso para, durante el próximo descenso, pasar por un nuevo test, para despertar, percibir lo que somos y dónde estamos, quiénes somos y qué parecemos ser, ya no hace falta perder tiempo, pese a que el tiempo ni siquiera exista, no es preciso sufrir más que lo necesario, no hace falta continuar dejándonos dominar por las palabras convincentes de nuestro yo temporal.

La Psicoterapia Reencarnacionista ha venido a la Tierra, es la misma Terapia que se emplea en el Mundo Espiritual, en el período entre-vidas, cuando estamos allá, liberándonos de nosotros mismos, percibiendo que somos todos iguales, comprendiendo lo que es estar encarnados, qué función tiene todo eso, qué es bajar para encontrar la liberación, qué es subir para darnos cuenta de que aún no ha sido esta vez. Podemos hacer un renacimiento aquí, ahora, a partir de este momento, sin necesidad de morir y de volver para intentarlo de nuevo.

No obstante, para promover un renacimiento durante la vida encarnada, hay que llevar a cabo un análisis profundo de lo que somos y de lo que hasta ahora nos parecía que éramos. Es preciso el valor de admitir que hemos estado equivocados todo ese tiempo, y que mientras permanecen en la Tierra, todavía lo están la mayoría de las personas. Es forzoso disponerse a desapegarse de uno mismo, de sus rótulos establecidos, es imprescindible dejar de sentirse un alguien y empezar a percibirse uno en el todo.

Al morir la cáscara y volver en nueva cáscara, hay gran posibilidad de caer nuevamente en la Gran Trampa, en los próximos rótulos, en las próximas aparentes verdades. Podemos empezar el Renacimiento ahora, viendo lo que antes no veíamos, recordando que somos eternos, somos Luz, y que podemos liberarnos, salir de dentro de esta cáscara sin que sea preciso morir para ello.

La Psicoterapia Reencarnacionista, que es la Terapia de la Liberación, nos ayuda a librarnos de nuestras ilusiones, de lo que siempre hemos creído, de lo que siempre nos ha aislado de los demás, nos ha alejado de los "otros", de lo que nos ha segregado, de lo que nos ha hecho creer que somos más o menos que los otros yo, más o menos que "ellos", más guapos o más feos, más fuertes o más flacos, más ricos o más pobres, blancos o negros, de este país o de algún otro, de una familia o de "otra", siempre el "yo" y el "otro", siempre el "nosotros" y el "ellos", siempre viviendo en la ilusión.

Cuando muere nuestra cáscara, nuestra Conciencia sale de dentro de ella y vemos que hemos estado todo ese tiempo creyendo que ese era nuestro lugar y empezamos a percibir que solo era nuestra prisión, sin puertas, sin ventanas, sin rejas, la auto-prisión de vivir en la ilusión de ser uno solo, cuando somos todos y Todo.

Con la Psicoterapia Reencarnacionista y el Telón, aquí en la Tierra podemos recordar encarnaciones pasadas, podemos recordar nuestros ascensos al Mundo Espiritual, cómo fuimos mientras estábamos aquí, cómo nos sentimos al volver allá, qué hemos evaluado de nuestros pasos por la corteza, de qué nos sentimos satisfechos, en qué nos hemos frustrado, qué hemos descubierto (en el sentido real de des/cubrir), de qué nos avergonzamos, qué hemos decidido, cómo sería la próxima vez, y la próxima vez, y la próxima vez. y esta vez.

El Renacimiento es posible, pero exige una disposición, y esa disposición requiere liberación y esto es lo que más nos amedrenta. Todos queremos ser libres, sin que nada nos someta, pero todos optamos por la incierta seguridad de lo establecido. Queremos volar pero todavía no sabemos siquiera caminar.
Anhelamos ver pero no hemos abierto los ojos. Queremos escuchar pero tapamos los oídos con la gritería y la batahola del mundo externo y, principalmente, del nuestro interno. Queremos sentir paz, pero no nos permitimos dejar de pensar y sentirla.Es posible renacer ahora, o mejor dicho, empezar a renacer. Sin embargo, tal como una lámpara que desde hace mucho tiempo está allí, encendida, en medio de la vida, que se ha llenado de hollín y cuya luz está debilucha, es necesario que tomemos un pañito muy suave, delicadamente, y empecemos a retirar el hollín, y cuanto más limpia, más luz viene resurgiendo, se va limpiando, viene más luz, quitando el hollín, más luz. No es preciso buscar luz fuera de nosotros, solo hay que quitar el hollín. Y eso ahora, cuando nuestros Mentores Espirituales nos han dado este regalo: la Psicoterapia Reencarnacionista. Si no se lo agradecemos, si no nos decidimos a aceptar ese obsequio y no pasamos el pañito, ¿cuándo lo recibiremos nuevamente?


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