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El renglón torcido

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 03/08/2008 09:46:45


por Wilson Francisco - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Abriendo mi baúl de memorias, vuelvo a ver cuando coordinaba el CMA – Círculo de los Misivistas Amigos, con sede central en Volta Redonda, con Denir Lopes. Yo, aquí en São Paulo, tenía unas 30 personas con las cuales mantenía correspondencia, todas esas personas eran reclusos de todo el Brasil y enfermos de varios hospitales. Esa era la actividad del CMA, un impulso extraordinario que el corazón de ese gran amigo mío ideó y llevó a cabo durante muchos años. Y las cartas eran manuscritas, ni máquina Olivetti yo tenía. Era todo a mano sí, o mejor, a corazón. Yo tenía un Apartado en la Central de Correos y empezaba siempre la lectura de las cartas allí en la plaza de Correos, sentado en el banco, los sábados por la mañana.

La Hermana Mónica era una de las más importantes colaboradoras del CMA, vivía en el Paraná y coordinaba un orfanato. Una monja valerosa, un corazón enorme, sin fronteras ni prejuicios. Ella me decía, por carta – ya que no la he conocido personalmente – que los Espíritus siempre rondan mis pasos, indicándome caminos y decisiones. Cuando uno de los misivistas estaba en grandes y graves dificultades, era ella la elegida para escribirle y sobrepasaba los límites de la correspondencia – así era como nosotros los del CMA procedíamos – yendo a visitar al preso o enfermo, allá donde estuviese. Ella nos enseñaba lo que es servir a Dios.

Cierta vez estaba en Belo Horizonte, había ido en busca de una mujer que había salido de prisión y tenía dificultades en su reinserción social y familiar. Sin conocer nada en la ciudad, se sentó en el banco de una plaza y allí permaneció en oración, con su rosario en la mano. En seguida apareció un hombre ante ella diciendo: ¿a quién busca, hermana? Ella abrió una sonrisa para el hombre y otra para Dios. Y allá se fue la monja misionera, acompañada por aquel señor, que “por casualidad” conocía el barrio y la familia que buscaba.

Cuando las agruras de la vida rondaban mis pasos, le confidenciaba mis dificultades, y la respuesta venía siempre alegre y profunda. Un día, ella me envió uno de aquellos mensajes impresos por los evangélicos, en el cual había anotado con cariño: Wilson, tú eres el pincelito de Dios, nunca dejes de escribir, tu corazón ha de desparramarse siempre por los renglones encontrando el corazón de las criaturas para indicar la presencia de Dios en sus vidas. Y yo seguí sus instrucciones, hasta hoy me siento un pincelito de Dios...

Sin embargo, recientemente he adquirido un nuevo cargo: el renglón torcido. Una internauta me escribió rogando orientación. Preparé en casa la respuesta y la coloqué en el disquete para responder por e-mail. Qué buenos tiempos estos, qué facilidad, basta apenas ir tecleando con los dedos y por medio de ese fenómeno extraordinario, denominado Internet, la persona en otro estado o incluso país, en aquel momento, lee lo que yo escribo. Esa modernidad me encanta y enternece.

Pues bien, envié la respuesta, pero en vez de mandarla a la persona que me había hecho aquella consulta, equivocadamente la remití a otra dirección. La persona que recibió la respuesta escribió pronto, diciendo que estaba feliz por recibir mi recado, pero no era para ella. Me contrarió el error cometido, pero siempre tengo la seguridad de que esos errores tienen siempre un objetivo. No estoy simplemente justificándome, lo que pasa es que sé que está el Dedo de Dios en estas historias complicadas que envuelven mi vida.

Preparé un nuevo e-mail para explicarme y pedir disculpas, pero, de repente, me vino un “deseo” enorme de hablar con ella acerca de la Ronda de la Compasión.
Le escribí, entonces, que ella podría aprovechar aquella oportunidad y colaborar con nosotros y por intuición le dije: mira, amiga mía, hagamos una experiencia, tú participas de la Ronda de la Compasión haciendo una meditación e irradiando mentalmente las ideas contenidas en el proceso Obesidad y Compulsión Alimentaria, tal como si estuvieses conversando con personas que tengan esa dificultad. Y afirmé, con certeza: alguien va a recibir ese mensaje de tu corazón y llevará a cabo ese proceso, creyendo que es Dios quien sopla a su oído esa inspiración.

Ella contestó emocionada, diciendo: Wilson, es maravilloso este Universo. Estos días he pensado mucho en mi problema de obesidad y me faltaba el valor para iniciar algo en mi propio beneficio. Nada me estimulaba a hacer un régimen, ni siquiera a leer algo al respecto. Pero esto me incomodaba, mi autoestima estaba a la baja. Y ahora, así como de la nada, o mejor, de esa equivocación, tú vienes con ese proceso y tu propuesta de experiencia. Esto es lo que yo necesitaba oír y realizar, amigo mío. Y decretó, con esa afirmación, mi nueva función: Dios escribe derecho por renglones torcidos. Comprendí el recado. Soy un renglón torcido.

Es eso, a veces yo soy el renglón torcido. Dios escribe derecho y yo o tú que ahí estás leyendo este artículo también puedes ser un renglón torcido o un mensajero, como aquella persona que apareció ante la hermana Mónica, para acompañar a la monja hasta la persona que necesitaba su presencia de amor.

En la Penitenciaría de São Paulo, cuando yo hacía allí apoyo religioso, un recluso me confidenció que estaba creyendo en Dios después de que el CMA había surgido en su vida. Tuve curiosidad, él me lo aclaró. “Es que cada vez que me dispongo a hacer alguna tontería aquí, debido a la añoranza de la familia o a la culpa que siento por los errores cometidos, el carcelero llama en la reja y me dice: ha llegado carta de Denir.” Era la señal de la presencia de Dios en mi vida. Leía de una sentada, con el corazón dando tumbos de alegría, aquellas palabras amigas y cariñosas de esa persona que él nunca había conocido.

Me siento honrado por ser este renglón torcido que escribe y se hace instrumento divino, para dar aliento a los corazones. Y muy agradecido por ti, que lees estas líneas, con el corazón.


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