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¡En busca de una relación sana!


por Flávio Bastos - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Si la belleza física fuese fundamental para la felicidad, los actores y modelos famosos por su privilegiada estética serían felices para siempre. Con todo, sabemos que no es eso lo que ocurre en la vida de esas personas, puesto que arrastran consigo las mismas insatisfacciones que la gran mayoría de los "mortales".

El hombre occidental, basado en una cultura que estimula la competitividad a partir de la belleza física como atributo indispensable para el éxito, tiene una perspectiva unilateral de la vida y una percepción lineal de la estética humana. Esa influencia cultural, asociada a la genética, selecciona perfiles o biotipos como modelos de estética, y los medios de comunicación establecen la moda que dicta normas para el éxito en las relaciones profesionales e interpersonales.

La cabeza hecha, sin una reflexión crítica de la realidad mediática que construye mitos basados en valores superficiales del materialismo, convierte a aquellos individuos que persiguen obstinadamente ese ideal de belleza, en personas insatisfechas consigo mismas, porque la satisfacción forma parte del principio de que no hay prototipos de belleza que hayan de ser obstinadamente perseguidos, y sí una orientación natural donde lo sano en primer lugar, asociado a una estética sin ideas preconcebidas, abocan al individuo - de cualquier biotipo que sea - a disfrutar una vida sin neurosis.

La satisfacción con uno mismo sigue la intuición natural que está ligada al instinto de preservación de la especie humana. Por tanto, la persona sedentaria sabe que para garantizar una vida de mayor calidad en la salud y en la relación amorosa debe seguir, equilibradamente, una dieta alimentaria y (o) hacer ejercicio físico. En tal sentido, la percepción de equilibrio, inherente al ser humano - y no la moda - es lo que orienta al individuo en su búsqueda de un mayor nivel de satisfacción en su vida.

No obstante, en los días actuales, se percibe un caminar a contramano de la orientación natural de equilibrio. Revistas que se auto-titulan "especializadas" en estética venden fórmulas milagrosas que transforman mujeres en princesas y hombres en príncipes encantados, sin, con todo, darse cuenta de que todavía hay "sapos hechizados" y "bellas durmientes" en el contexto de las relaciones humanas.

El despertar de la consciencia hacia otros valores de la vida, que van mucho más allá de los estandarizados valores estéticos de belleza física, forma el contrapunto de la tendencia actual que llega a los límites de la exageración, de la patología y de la alienación en lo que respecta a la idolatría del cuerpo.

"Mens sana in corpore sano" (mente sana en cuerpo sano), pensamiento filosófico adaptado de un mensaje crístico relativo al cuerpo como templo del espíritu, todavía refleja el ideal de equilibrio saludable que independe del biotipo o de patrones de belleza física.

Los valores del espíritu pasan por la responsabilidad respecto del cuerpo físico que nos ha sido confiado. Sin él no habría vida humana en la dimensión en que, transitoriamente, existimos. Como refirió Jesús en su mensaje original, el cuerpo es nuestro templo que debe ser cuidado y jamás desatendido o deliberadamente maltratado.

Por tanto, la línea natural que estimula el individuo a percibirse como cuerpo, mente y espíritu, es la filosofía que más se aproxima a la estética del amor en una relación sana con uno mismo y con cualquier otra persona.

Los desequilibrios bío-psíquico-espirituales emanan de la percepción lineal de la vida, fruto de la cultura materialista fundamentada en una visión unilateral de la existencia humana, sin reflexiones, cuestionamientos o búsquedas.

El despertar hacia la perspectiva interdimensional exige del individuo una revisión de valores y, según el caso, ayuda psicoterapéutica para (re)encontrar el punto de partida del equilibrio vital.

Comprender que estética no es sinónimo de amor, y que una relación sana no depende de patrones de belleza sino de la percepción - o noción - del equilibrio vital, es el primer paso que hay que dar rumbo a la salud en nosotros mismos.

Hacer de las relaciones afectivas una consciente asociación entre amor, estética y vida, nos fortalece en el sentido de nuevos valores adquiridos. Valores que pasan por la percepción de la interdimensionalidad de nuestra existencia, donde la belleza adquiere una dimensión nunca antes imaginada.

La búsqueda de una relación sana con uno mismo y con los demás es el mayor desafío para el espíritu encarnado. Sin este vital estímulo, el individuo, como si fuese una marioneta que expresa la voluntad de quien la manipula, permanece en el "sueño" de la inconsciencia por tiempo indeterminado.

Despertar para la luz de la consciencia de uno mismo, inserido en una realidad interdimensional, es estar preparado para una mejor relación con el mundo en que vivimos, donde el amor y la estética son valores inseparables e imperecederos.
www.flaviobastos.com


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