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En la sauna con humildad

por Jaime Benedetti em STUM WORLD
Atualizado em 12/06/2008 15:13:03


Traducción de Teresa - [email protected]

Todos los viernes, mis amigos y yo frecuentábamos la sauna en mi pueblo. Un pueblo del interior de São Paulo, con aproximadamente 45 mil habitantes. Por esa época yo tenía unos 28 años.
En la recepción de la sauna había un empleado, cuya figura me recordaba mucho a Gandhi, sólo que con cabello. Todas las veces que yo llegaba, tras haber tomado unas y otras, él me preguntaba siempre lo mismo y yo siempre respondía: ¡Claro que son secas y limpias!
Yo me sentía molesto y lo trataba con desprecio y desconsideración, pues me creía el “Rey de la Cocada Negra” y pensaba: “¿Quién es este tío mediocre, pobre y despreciable que me joroba todos los viernes con la misma pregunta: “¿Toallas secas y limpias?”
¡Dios mío! ¡Qué vergüenza!

Un buen día, un profesor de la facultad local llegó en el momento en que yo desairaba a esta figura, a este Ser; al “Gandhi con cabello”. Con mucha calma y sabiduría, incluso por respeto a mi familia, considerada muy importante en el pueblo, y que colaboraba con la facultad, donando productos elaborados por la empresa, él me llamó aparte y con mucho cariño me dijo:
“Querido amigo, ¿sabes que Zé es enfermo? Padece epilepsia y constantemente tiene convulsiones fortísimas, cae en el cuarto de baño y permanece allí hasta que alguien lo encuentra. No tiene dinero para los medicamentos, pues gana tan sólo medio salario mínimo al mes por servir toallas a los usuarios de la sauna. Tú, que eres una persona de posibles, inteligente, estudiada y culta, ¿crees que si él tuviese otras alternativas estaría en este trabajo?
Él se sujeta a cobrar ese salario y a ser tratado así porque sus oportunidades de estudio y de cuidados con la salud han sido extremadamente limitadas y restrictas. Si él está en esa posición es porque no ha tenido las mismas posibilidades y condición socioeconómica que a ti te ha dado tu familia. En las condiciones actuales, él no tiene otra opción a no ser continuar ofreciendo toallas limpias y secas.”


Aquella frase fue peor que el puñetazo en la cara que seguramente yo hubiera merecido llevar. Fue mucho peor. Fue humillante oír aquellas verdades.
A partir de ese día, he procurado no más desairar a nadie, he pasado a sentir compasión por las personas, con independencia de su cargo, posición social, situación económica, raza o credo y he empezado a buscarlas con cariño, nutriendo interés por sus vidas. He pasado a admirarlas más, procurando conquistar amistades, comprendiendo, por mi propia actitud, por qué tantas personas desairan a otras menos afortunadas.

Hoy pienso, analizo, observo con atención y percibo que en lo cotidiano las personas más sencillas generalmente tienen una mayor capacidad para aceptar la condición en que viven, exteriorizando más alegría y paz. Por otra parte, observo que las personas con más posibles están, generalmente, más insatisfechas con la propia vida.

Es hora de que tengamos más amor en nuestros corazones, más cariño hacia los más necesitados, más comprensión hacia el otro, más conciencia de que no somos mejores que nadie.

Hemos de recordar siempre que la Vida nos enseña a través de muchas formas y nadie es inmune o está libre de que ella pueda colocarnos un día en la misma situación de Zé. ¡Yo sé! ¡Tengamos más Humildad en nuestras vidas!


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jaime
Jaime Benedetti é uma pessoa comum como você e esta foi a maneira
que ele encontrou de falar a todo mundo
daquilo que considera muito importante. A Vida!
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