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Envidia, ¡la ilusión de la comparación!


por Gisela Campiglia

Traducción de Teresa - [email protected]

Los conceptos de envidia y codicia se acercan mucho, en ambos casos existe el deseo de poseer algo que pertenece a otra persona. Sin embargo, en la codicia puede haber cierto desdoblamiento, negativo o positivo. Cuando alguien anhela tener aquello que es de otro, existe la posibilidad de que este deseo sea empleado positivamente como motivación; el resultado es el empeño en desarrollar y alcanzar tales atributos. La forma negativa de lidiar con la codicia es intentar apoderarse de lo que no le pertenece.

En cambio la envidia es siempre negativa; con prejuicios y de forma equivocada, algunos gustan de usar el término envidia blanca, pero pese a todo, no existe envidia positiva. La envidia es la ira vengadora del “impotente” que, o en vez de, luchar por sus anhelos, prefiere eliminar a quien le hace la competencia. En la envidia, aparte de la codicia, existe cierta tristeza acompañada de rebelión, que resultan en el deseo de fracaso del otro. Más que desear lo que es del otro, en la envidia lo que realmente incomoda es la felicidad ajena.

La envidia puede manifestarse de forma consciente o inconsciente; ella revela el rencor que habita el individuo; esa profunda insatisfacción tiene sus bases en la inmadurez, la represión, o la frustración. Mediante un proceso de transferencia, esas emociones son enviadas contra personas que poseen algo que ellos desean y no pueden alcanzar, o que no tienen el valor de conquistar.

El origen de la palabra envidia, que proviene del latín, es invidia, y significa “no ver”; el envidioso es ciego respecto de sí mismo, es alguien que necesita trabajar el autoconocimiento. Somos todos hermanos en humanidad, aunque diferentes y únicos en talentos. Si no existiese comparación no habría envidia; ésta nace de la diferencia humana. Utilizar la comparación entre el desempeño de los hijos como método educativo para reprimir conductas indeseadas es una práctica nada saludable, que puede estimular la envidia entre hermanos. Vinculada a la comparación, la envidia se dirige contra alguien cercano, un familiar, un vecino, un amigo, o un compañero de trabajo. La envidia suele ser parte de muchos trastornos psicológicos y de personalidad; cuando en otros se observan capacidades superiores a las propias, algunas personas acaban por considerarse perjudicadas por la vida.

Siendo uno de los siete pecados capitales en el catolicismo, la envidia fue retratada en el segundo escalón del purgatorio por Dante Alighieri en su obra La Divina Comedia. Los envidiosos aparecen con los ojos cosidos con alambre, pues éstos habían sentido placer al ver el fracaso y el sufrimiento de otros. Toda envidia viene por los ojos, existe coherencia en la utilización de la expresión ‘mirada-de-seca-pimentero’ o también, fui víctima de mal de ojo. Incluso los amuletos usados como protección contra la envidia llevan ese símbolo, el ojo griego y el ojo de buey.

El semblante de rabia disimulada que enmarca la mirada de envidia suele venir acompañado de un falso elogio, seguido por una crítica encubierta. Un ejemplo bastante frecuente de envidia entre mujeres es: “-Fulana es guapa, rica e inteligente, pero ¿te has dado cuenta de su insoportable mal aliento? ¡Pobrecita!”. En realidad, la persona que envidia no tolera al envidiado. Está claro que a la envidiosa no se le pasa siquiera por la cabeza tener en cuenta todos los trabajos que “Fulana” ha tenido que pasar para conseguir su buena apariencia, sus recursos financieros y sus conocimientos. Considera que todo le ha venido por un golpe de suerte de la vida, cosa que no le ocurre a la “víctima de injusticia” envidiosa.

La envidia es la ceguera para con las propias habilidades; el envidioso pierde tiempo deseando mala suerte a aquel que identifica y disfruta de su potencial de esa forma, viabilizando el triunfo en su vida como resultado. A fin de cuentas, es mucho más fácil mirar lo que el otro tiene, que mirarse uno mismo, asumiendo y procurando desarrollar las propias capacidades.

La luz de la vida en su perfección ha creado a cada ser humano como único, luego, somos incomparables. Todos aquellos que reconocen sus talentos y los practican con excelencia, tienen su espacio para brillar. La envidia es una ilusión que nace de la comparación; al encontrar y desarrollar los propios talentos naturales, cada cual puede ocupar su espacio de éxito en la vida.


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