Epilepsia
Autor Osvaldo Shimoda
Assunto STUM WORLDAtualizado em 22/12/2008 21:03:58
Traducción de Teresa - [email protected]
La epilepsia puede originarse por una lesión neurológica proveniente de un parto con fórceps, por hipoxia (falta de oxigenación cerebral) a causa de asfixia por el cordón umbilical, o incluso por una fiebre altísima. El uso abusivo de alcohol y drogas, además de otras enfermedades neurológicas, también puede generar la dolencia. Pero en muchos casos, su causa es desconocida, puede ocurrir también que el paciente sufra convulsiones y al hacerle las pruebas los resultados salgan normales.
Desde el punto de vista psicológico, las crisis epilépticas producen secuelas en el niño, haciéndole inseguro, a causa de la discriminación que sufre, y a la excesiva protección que dan los padres al hijo por el temor de que se haga daño con las crisis convulsivas. Esa superprotección de los progenitores puede convertirlo en un adulto inseguro, aislado y recluso.
En la T.R.E. (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor Espiritual – Abordaje psicológico y espiritual breve, canalizado por mí por los Espíritus Superiores del Astral, he constatado que existen tres factores que llevan a un paciente a tener un determinado problema:
a) Interno (Psicológico): El problema es resultado de experiencias traumáticas ocasionadas en la vida actual (infancia, nacimiento, útero materno) o en vidas pasadas;
b) Externo (influencia espiritual obsesora): En este caso el problema está ocasionado por la acción perniciosa de un obsesor – ser desencarnado, desafecto del pasado del paciente;
c) Mixto (Interno + externo): Está provocado por la experiencia traumática del paciente y agravado por un ser espiritual obsesor (popularmente conocido como “encosto” (“pegote”). El término fue así denominado por la sabiduría popular por el hecho de que ese ser espiritual permanece “encostado” (“pegado”) al paciente. De ahí que sea frecuente que el paciente sienta constantemente pesados, trabados y doloridos la nuca, los hombros y la espalda).
De esta forma, en mi experiencia con pacientes que padecen epilepsia, los factores psicológicos y/o espirituales siempre deben ser tratados.
Por tanto, en algunos casos, la dolencia es kármica, fruto de errores cometidos por el paciente en el pasado. En otros, está provocada por la acción nefasta de un obsesor espiritual que, movido por el odio, o por el deseo de venganza al haber sido perjudicado por el paciente en el pasado – sea de esta o de otras vidas – ocasiona sus crisis convulsivas.
Véase el caso de una paciente, que desde los 15 años perdía súbitamente la consciencia, o sea, se quedaba “fuera del aire” y, a continuación, se quedaba depresiva, angustiada, notando una opresión en el pecho, un malestar en el plexo solar, pérdida de apetito y de las ganas de vivir.
Caso Clínico:
Pérdida súbita de la consciencia.
Mujer de 40 años, soltera.
La paciente acudió a mi consultorio a fin de comprender por qué desde los 15 años perdía súbitamente el sentido (fracción de segundo) y, después, se quedaba trastornada, angustiada, quería morir.
Después de dos o tres días, esas sensaciones físicas y esos sentimientos pasaban y la paciente volvía a su estado normal.
Hubo épocas en que la paciente se desmayaba constantemente (se desmayaba en la calle, en el metro y acababa yendo a parar a urgencias).
Cuando tenía crisis convulsivas se caía y salivaba (llegaba a morder la lengua).
Su madre había tenido un parto complicado y la paciente nació amoratada, con dificultad para respirar.
Se le hicieron todas las pruebas médicas necesarias (resonancia magnética, electroencefalografía, electrocardiograma, etc.) y todas arrojaron resultados negativos.
Al hacer regresión me relató:
“Veo un lago y, en torno a él, flores, mucho verde. Soy blanca y mis cabellos son negros, ensortijados. Estoy vestida de novia, pero la ropa tiene mucho vuelo, es de una época antigua. Soy joven, tendré unos 20 años. Camino por el césped, en torno al lago. Al fondo, del otro lado del lago, veo un castillo con varias ventanas.
Estoy parada en el borde del césped, contemplando el castillo y veo también luces espirituales reflejándose en el agua del lago.
Aquella sensación de malestar, angustia, opresión en el pecho están empezando a surgir… Son las mismas sensaciones que siento hoy tras perder momentáneamente la consciencia.
La impresión es que estoy siempre vestida de novia y el agua del lago es oscura, pero no sucia, o sea, el fondo es oscuro, pero la superficie es clara, es muy limpia.
Ahora me arrojé, me sumergí en el lago. Desde el fondo consigo ver el castillo reflejado en el agua. No sé por qué me he arrojado al lago (pausa).
Veo a una mujer al otro lado del lago, cerca del castillo. Ella me mira, parada, sin decir nada. Lleva ropa estampada, cabellos largos, atados.
Me extiende la mano, quiere que yo atraviese. Está oscuro, es por la noche, pero aquellas luces espirituales están iluminando el lago (pausa).
Ahora he salido del lago y me he sentado en el césped, he vuelto al mismo lugar en que estaba, no logré atravesar. Tengo la impresión (la paciente lo intuye) de que si atravesase ese lago me curaría, me libraría de mi problema.”
En la sesión siguiente la paciente me relató:
“Veo nuevamente aquel lago, y la mujer al otro lado. El lago nos separa.”
- Pregúntale quién es ella… - Pido a la paciente.
“Ella me dice que es mi mentora espiritual (ser desencarnado directamente responsable por nuestra evolución espiritual, también llamada ángel de la guarda en la nomenclatura católica, y guía espiritual en la umbanda y candomblé)”.
- Pregúntale si ella tiene algo que decirte en relación a tu problema, esa pérdida súbita de consciencia… - Pido nuevamente a la paciente.
“Ella dice que la causa viene de esa vida pasada en que quise suicidarme, pero al momento desistí. El malestar que hoy siento en el estómago (plexo solar) viene de esa vida pasada en que quise matarme, tirándome desde lo alto de aquel castillo que vi al otro lado del lago.”- Pregunta a tu mentora espiritual por qué has pensado en matarte – Pido a la paciente.
“Ella dice que fui abandonada por mi novio el día de la boda. Él me dejó por otra mujer, estuve esperándolo en el altar y él no se presentó. Desesperada, subí a lo alto del castillo, permanecí en el parapeto de la ventana mirando hacia abajo, quería tirarme al lago. Mi mentora dice que traigo esas sensaciones desagradables en mi periespíritu (envoltorio semi-material del espíritu).
La angustia, la falta de ganas de vivir, la opresión en el pecho, la pérdida de sentido súbita que me acometen en la vida actual son reminiscencias de lo que sentí en el momento en que iba a tirarme desde lo alto del castillo. Ella me aclara también que no me suicidé en esa vida pasada porque no soy un espíritu suicida.
Tras desistir de suicidarme, me quedé angustiada y sin ganas de vivir, y eso continúa hasta hoy en la vida actual. He vivido en soledad, ya no me interesé por ningún hombre.”
A la sesión siguiente la paciente me relató:
“Mi mentora espiritual está extendiéndome la mano desde el otro lado del lago, dice que necesito atravesarlo para liberarme de mi pasado, yendo al encuentro de ella. Resalta que, si yo atravieso el lago, voy a liberarme de esa experiencia traumática (pausa).
Ahora estoy dentro del lago con el mismo vestido de novia, todo mojado. Estoy atravesando… (La paciente habla llorando).
Salgo algo curvada debido al peso del vestido, mi cabello está todo mojado, suelto… Voy andando muy despacio… Ahora me arrimé al paredón del castillo, éste es muy alto, escarpado, y mi mentora espiritual me mira desde allá arriba. Ella me ha arrojado una flor blanca, que se “transforma” en un árbol. Estoy “subiendo” por las ramas del árbol y llego a lo alto del castillo. Desde arriba, contemplo ahora el lago, me siento aliviada porque he logrado salir de él.”
- Pregunta en pensamiento a tu mentora por qué has tenido que atravesar ese lago – pido a la paciente.
“Mi mentora espiritual me aclara que cuando iba a suicidarme, yo iba a caer en aquel lago. Entonces, mi espíritu quedó preso a él. Pero afirma que ahora estoy libre, me he liberado de mi pasado.”
Al final del tratamiento la paciente me dijo que ya no sentía aquella angustia, la opresión en el pecho, la depresión, los deseos de morir, pues la pérdida súbita de consciencia había desaparecido.








in memoriam