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¿Eres compasivo?


Traducción de Teresa - teresa_0001@hotmail.com

Esta semana he recibido un e-mail de una apreciada amiga, en el cual me reenviaba ese mensaje que describe un breve diálogo entre el teólogo Leonardo Boff y el Dalai Lama.
Leonardo Boff explica:
“Durante una pausa en una mesa redonda sobre religión y paz entre los pueblos, en que ambos participábamos, yo, maliciosamente, pero también con interés teológico, le pregunté en mi inglés cojitranco: ‘Santidad, ¿cuál es la mejor religión? Esperaba que él dijese: ‘Es el budismo tibetano’ o ‘Son las religiones orientales, mucho más antiguas que el Cristianismo.’ El Dalai Lama hizo una pequeña pausa, echó una sonrisa, me miró bien a los ojos – lo cual me desconcertó un poco, porque yo sabía de la malicia contenida en la pregunta – y afirmó: ‘La mejor religión es la que más te acerca a Dios. Es aquella que te hace mejor.’ Para salir de la perplejidad ante tan sabia respuesta, volví a preguntar: ‘¿Qué es lo que me hace mejor?’ Respondió él: ‘Aquello que te hace más compasivo (y en esto sentí la resonancia tibetana, budista, taoísta de su respuesta), aquello que te hace más sensible, más desapegado, más amoroso, más humanitario, más responsable... La religión que consiga hacer eso de ti es la mejor religión...’
Me callé, maravillado, y hasta el día de hoy estoy rumiando su respuesta sabia e irrefutable.”

He reflexionado mucho esta semana sobre esas sabias palabras, además porque con el tema de Neptuno en mi cabeza y aún muchas indagaciones y dudas enviadas por los internautas, tenía realmente la intención de escribir algo más acerca de ‘lo mejor de Neptuno’.

Vamos a analizar entonces qué quiere decir ser ‘compasivo’.
El Diccionario Houassis describe:
-adjetivo: que tiene o revela compasión; que se compadece; que se conduele. La etimología de la palabra: proviene del latín: compasivus, a, um. El sustantivo es femenino: la compasión (¿será que las mujeres son más compasivas que los hombres? ¿Será ese un atributo del lado ‘femenino’?) Indica: sentimiento piadoso de simpatía para con la tragedia personal de otro, acompañado del deseo de minorarla; participación espiritual en la infelicidad ajena que suscita un impulso altruista de ternura para con el que sufre. La etimología proviene siempre del latín y quiere decir: ‘com-pasión’ del verbo compadecer, etc. Indica un sufrimiento común, comunidad de sufrimientos, opiniones comunes, simpatía por el sufrimiento ajeno. Recordemos que por pasión entendemos no solamente aquello que confundimos con amor, sino también la pasión-sufrimiento, como la Pasión de Cristo, o sea, el indescriptible padecimiento del Cristo bajo los golpes de sus verdugos según se describe en la Biblia.

¡Entonces, al preguntarme si soy compasiva, me vino a la mente la tragedia reciente del avión de la TAM y recordé las lágrimas que derramé al sentir (sin sentirlo) dentro de mí el dolor de aquellos que perdieron a sus allegados! Soy del tipo de los que no pueden ver a un difunto sin llorar, pero ¿me hace esto compasiva? Soy nativa de Piscis y tengo una inclinación innata a fundirme con los demás, y a compadecerme del sufrimiento ajeno, sea éste humano o animal ¡e incluso vegetal! Todo es creación de Dios y yo percibo esa creación como siendo parte integrante de mí misma. Neptuno es denominado ‘solvente universal’ en astrología, pues proporciona esa energía que borra las fronteras y los límites entre nosotros y los demás, y nos hace comprender que ¡SOMOS TODOS UNO! Neptuno provoca en nosotros una necesidad de integración y realización en un impulso colectivo, no individual. ¡Bajo su acción no pensamos en nosotros mismos, sino que pensamos en todos nosotros! Neptuno enfatiza el deseo de trascender nuestro separatismo y por ello estimula la experiencia mística y religiosa. Bajo la acción de Neptuno, la percepción y la intuición se afinan con el universo y percibimos entonces que no podemos separarnos del sentimiento de unión con Dios. Por eso nos volvemos ‘buenos’.

Neptuno puede forzarnos a abrir mano de algo que queremos mucho, algo a que nos apegamos: una casa, una persona, un lugar, un empleo. Neptuno nos fuerza a encarar las pérdidas que requieren un sacrificio personal y por ello puede llevarnos a la depresión, al desánimo. En muchos casos, una sensación de impotencia nos invade, y entonces comprendemos que debemos ‘seguir el flujo’ y dejar todo en manos de Dios. La sensación de totalidad que la influencia neptuniana produce no puede ser encontrada externamente, sino que ha de buscarse dentro de nosotros, allá en el fondo del corazón donde reside el Yo superior que nos guía y encamina hacia la evolución espiritual. ¡No obstante, esa es una energía muy peligrosa, pues puede también inducirnos a la fuga, fuga que podemos encontrar a través del misticismo exagerado, del fanatismo religioso, o incluso del escapismo por medio de las drogas y los vicios de todo tipo! Esa misma necesidad de fuga puede ser causa de depresión y conducir al suicidio cuando es extremada, exagerada. ¡Volver a Dios, volver a la Casa del Padre, puede ser una tentación muy fuerte para quien está cansado de las mancillas y dificultades de la vida terrena! Bajo la influencia de Neptuno podemos sentirnos atraídos por propuestas ilusorias y fantásticas de todo tipo, podemos entrar en esquemas fantasiosos sin realismo alguno, invariablemente destinados al fracaso. Podemos ser conducidos a la quiebra financiera, simplemente porque tendremos tendencia a pasar por alto el lado más material de la vida, viviendo de sueños y fantasías o porque preferiremos jugar a la lotería en lugar de invertir en un trabajar duro para conseguir aquello que queremos.Neptuno también nos hace enamorarnos al modo más romántico: nos envolvemos en relaciones víctima / salvador, deseando salvar al ‘otro’ (sufriente) de su desgracia. Así, acabaremos enamorándonos y compadeciéndonos del sufrimiento del ‘otro’ considerando que nosotros, ángeles salvadores, podremos salvarlo. Entonces, cuando el ‘otro’ esté de pie, sanado y curado, seremos invariablemente descartados y nos sentiremos como arrojados a las polillas, cayendo en estado de desánimo y depresión. El amor neptuniano es un amor altruista y no debería querer nada a cambio. Es el amor puro, como aquel que dedicamos a Dios. Pero ¿seremos capaces de ese tipo de amor que renuncia al placer personal, sin pedir nada de vuelta? En teoría esto parece fácil, pero sabemos que no lo es tanto. Un día estaremos en éxtasis, fundidos y completados por el amor del ‘otro’, y al siguiente, cuando nos sintamos inseguros acerca del amor correspondido, o peor todavía, cuando nos consideremos descartados y abandonados, estaremos en la más profunda depresión. Por ello el amor neptuniano es causante de decepciones y tristezas, y es siempre un amor de ilusiones, un amor complicado. El amor ideal es el amor místico, aquel que nos une a Dios y que induce a una paz interior indescriptible. Es el amor del éxtasis. Cuando ayudamos a otros, cuando nos compadecemos de su sufrimiento o nos encajamos en actividades de voluntariado para ayudar a los excluidos, a los desvalidos, a los pobres y maltratados, estamos también bajo la influencia de este amor altruista denominado ‘neptuniano’.

Tal como ya he explicado en un anterior artículo, Neptuno es el planeta atribuido a Sephirot de Dahat, que es aquella esfera que encontramos trazada en el triángulo superior del Árbol de la Vida, más abajo de Malkuth. Algunos autores la colocan allá arriba, o sea, en el propio lugar de Malkuth, pero a mi modo de ver, ese sería el lugar más indicado para Plutón. A Sefiroth de Dahat se atribuye la palabra: Conocimiento, con ‘C’ mayúscula, indicando ser éste el conocimiento espiritual, y no el material que nos llega a través de nuestros cinco sentidos físicos. Por tanto, si queremos canalizar de la mejor manera toda la energía de este planeta, es imprescindible que enveredemos por el camino de la espiritualidad y del conocimiento de lo esotérico y lo religioso, o sea, por el camino de la fe.

Con esta reflexión termino los artículos sobre las influencias de Neptuno en nuestra vida. ¡Si deseáis compartir experiencias o dirimir dudas, escribid y procuraré contestar a todos! Un abrazo y buena semana a todos.

Sao Paulo, Agosto de 2007.


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Graziella Marraccini é astróloga, taróloga, cabalista e estudiosa de ciências ocultas e dirige a Sirius Astrology. grabnn Atende em seu consultório em SP com hora marcada no horário comercial.
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