¿Eres prisionero, rehén de la vida?

¿Eres prisionero, rehén de la vida?

Autor Osvaldo Shimoda

Assunto STUM WORLD
Atualizado em 08/10/2009 12:15:43


Traducción de Teresa - [email protected]

¿Por qué mi vida está atascada, bloqueada y no fluye? ¿Por qué siempre viene algo a perjudicarme?
¿Por qué mis relaciones amorosas no salen bien, solo atraigo a hombres casados o comprometidos, no consigo casarme, constituir una familia?
¿Por qué mis relaciones afectivas son siempre conturbadas?
¿Por qué no me encuentro, afectiva y profesionalmente?
¿Por qué soy cerrado, tímido, inseguro, tengo miedo a exponerme en grupo, me siento rechazado, solitario?
¿Por qué ese vacío, esa angustia, por qué mi vida no tiene sentido?
¿Por que no progreso, no prospero financiera y profesionalmente?
Por qué...

Estas son las quejas más frecuentes (entre otras) de pacientes que han pasado por la TRE (Terapia Regresiva Evolutiva) – La Terapia del Mentor espiritual, un abordaje psicológico y espiritual breve, los cuales han sufrido profundos cambios tras conversar con sus mentores espirituales, recibiendo las sabias orientaciones de éstos acerca de su vida y de sus problemas.
La TRE, como nuevo abordaje psicológico y espiritual, creado por mí, ofrece una terapéutica breve, segura y eficaz para curar desarreglos psíquicos, psicosomáticos, orgánicos, principalmente aquellos en que la medicina oficial no encuentra la causa, así como problemas de relaciones interpersonales de toda clase.
En estado hipnótico y de relajación alfa y theta (trance hipnótico de profundidad ligera y media, siempre consciente), muchos pacientes al hacer regresión a sus vidas pasadas, entrando en contacto con la causa verdadera de su(s) problema(s), y esclarecidos – a través de sus mentores espirituales – en cuanto a cómo resolverlo(s), describen además experiencias espirituales profundas e inusitadas. Esas vivencias tienen mucho poder y acaban transformando su vida. Los lectores asiduos de mis artículos, que acompañan los relatos de los casos clínicos que presento desde el 2001 en mi Sitio link, perciben las bendiciones que estos pacientes han alcanzado con esa terapia.

Al pasar por la TRE la visión del paciente sobre la vida y la muerte se modifica sustancialmente, los valores se convierten, incluso entre los que se dicen agnósticos. Sin duda alguna, muchas personas que han pasado por esa terapia han tenido profundos cambios en su vida. En este aspecto, tengo el gusto de afirmar a cualquiera que me pregunte respecto de esa terapia, que ella realmente funciona.
Por eso, estoy inmensamente agradecido y reverencio al Padre Mayor y a las fuerzas espirituales (mentores espirituales) amigas del Astral Superior por los resultados obtenidos en esta terapia.

Caso Clínico:
¿Por qué mi vida está bloqueada, nada sale bien?

Mujer de 35 años, soltera

La paciente acudió a mi consultorio quejándose de que nada salía bien en su vida y si salía, todo llegaba con mucha dificultad, con mucho sacrificio. Quería comprender, por tanto, por qué su vida estaba trabada en el área afectiva, familiar, profesional y financiera.
Tras la terminación de la terapia, ella me envió un e-mail de agradecimiento por los beneficios que dicha terapia aportó a su vida. Transcribo íntegramente su e-mail:

Hola, Dr. Osvaldo,
Es con mucha alegría como vengo a hablar sobre los beneficios que he obtenido tras pasar por esa maravillosa terapia. Como usted ya ha tratado a muchos pacientes, quizá no recuerde con detalles mi caso. Por eso procuraré relatarlo de la forma más breve posible para no ocupar mucho su tiempo, pues sé que usted es persona muy ocupada.

Nací de una familia de clase media, católica, soy la mayor de cuatro hermanos, mi vida siempre ha sido muy difícil, muy sufrida. Pasé por dos grandes inundaciones en São Paulo, en las cuales mi familia perdió todo. Mi padre era bancario y mi madre profesora. Vivíamos (mis hermanos y yo) yendo de casa a la escuela, pero siempre todo ha sido muy complicado: nací por fórceps, contraje todas las enfermedades infantiles posibles e imaginables, siempre me caía y rompía algún hueso, en la adolescencia era el patito feo, hacía todo por agradar, parecía que una nube negra andaba sobre mi cabeza; todo, pero todo de veras, me salía mal. Pasaba de curso siempre con mucha dificultad, me esforzaba tanto, vivía estresada, de ahí aparecían las alergias, era horrible. Me costó mucho terminar la escuela.

Mientras las niñas de mi edad se preocupaban de ligar, yo tenía que cuidar de la casa y de mis hermanos. Intentaba trabajar fuera, pues ya no soportaba hacer de criada. Mandaba currículos, los entrevistadores telefoneaban para fijar día para la entrevista, y cuando llegaba allí parecía que yo era el ‘demonio’, era impresionante, me hacían el vacío o me trataban mal. Esto sucedió varias veces. Entonces, me decidí a quedarme en casa, cuidando de los trabajos domésticos.
Mis padres no comprendían por qué yo no conseguía nada; no era más que salir de casa y algo salía mal. Un día iba a buscar trabajo, y dentro del autobús, sentada en el asiento del pasillo, la persona a mi lado abrió la ventana y de la nada sentí que algo me daba en el rostro: alguien desde fuera del autobús había arrojado algo tan apestoso que tuve que bajarme; siempre pasaba igual. Atracos entonces... he perdido la cuenta. Y novio, nadie me veía, yo era invisible.

Mientras tanto, mis hermanos prosperaban; mi hermano (dos años más joven que yo) ya estaba en la facultad y hacía prácticas en una multinacional; mi hermana mayor había terminado la escuela con alabanzas y estaba de novia con un muchacho muy bueno; la benjamina, la más mimada, tenía todo, era mi opuesto, no hacia esfuerzo para nada y las cosas le venían, sin grandes sacrificios. Mis padres regalaron un coche a mi hermano tan pronto como aprobó en la facultad; mi hermana mayor recibió un coche como regalo de su novio, y yo andaba en el autobús siempre repleto. No logré sacar el carné de conducir, entonces lo dejé. Ya me había acostumbrado a las dificultades de mi vida.

Yo tenía una energía tan mala, era algo tan raro, incluso mi familia se había cansado de mí; yo ya no participaba en nada, pues todo lo que iba a hacer salía mal. Vivía en mi rinconcito, con mi tristeza, un gran vacío, sin perspectiva, sin nada.
A aquellas alturas del campeonato, con 35 años, ya había acudido a todas partes, buscado todas las religiones, todo cuanto me enseñaban lo hacía. Ni siquiera es preciso hablar de mi autoestima, un miedo de todo, ¡un horror! Ah, conseguí hacer terapia, costándome mucho, sin olvidar que el terapeuta faltaba más de lo que iba a las sesiones.Entonces, un buen día, hojeando una revista en el consultorio de mi terapeuta, leí un reportaje suyo que me impresionó. Por primera vez sentí alegría. Al salir del consultorio aún iba con lo que había leído acerca de su terapia. Llamé por teléfono, pero como en mi vida todo siempre venía con dificultad, su secretaria me dijo que la lista de espera era de seis meses; en el momento me quedé decepcionada, pero pensé: Tengo seis meses para levantar el dinero. Dejé mi nombre en la lista y aguardé ansiosa mi entrevista de evaluación. Llegado el día ‘D’ salí de casa bastante antes de la hora, pues sabía que podía ocurrir cualquier cosa mala, lo cual era frecuente. Llegué con antelación, estaba muy ansiosa, nerviosa. Sabía que no era bueno jugar todas las fichas a una misma persona, pero confié, creí. Usted me transmitió tanta confianza, recuerdo que al relatar todos los acontecimientos de mi vida casi acabé con su cajita de pañuelos, ¿se acuerda usted?
Yo solo deseaba comprender por qué mi vida era tan difícil, todo me pasaba a mí, todo truncado, en todos los aspectos: familiar, financiero, relaciones, todo, de veras. Recuerdo que en mi adolescencia no era tan rebelde, pero era triste; entonces, yo pensaba: si tenía que pasar todo aquello en mi vida, que pasase con conciencia y resignación.

Bien, llegó el día de la 1ª sesión, recuerdo que llovía tanto que casi no conseguí llegar, pero ya estaba acostumbrada. Para mi decepción, no logré casi nada en esa primera sesión, me puse triste, muy fastidiada, pero usted me dijo que se debía a mi ansiedad, y que tuviese fe. A la semana siguiente allí estaba yo, y vino entonces la historia de mi vida pasada que ha sido la causa desencadenante de todo el sufrimiento de mi vida actual.

Me vi como una mujer vestida de época, era más o menos por el año 1830, tenía unos 19 años, era morena, muy guapa, pero muy mala. Conocí a un hombre que se llamaba Alfonso, muy rico; viudo y con tres hijos (después los identifiqué como mis tres hermanos de hoy; por eso yo he tenido que dedicarme a ellos).
Ese hombre acabó enamorándose de mí, él consideraba que yo podía cuidar de él, de la casa y también de sus hijos. Yo, particularmente, le había echado el ojo a su dinero. Acepté casarme con él, y de la vida de aquellos niños hice un infierno. Les dificultaba todo cuanto querían hacer, les ponía medicamentos para que les diese dolor de barriga a fin de que no lograsen estudiar, vivían acostados, tenían fiebre... Mi marido no lo entendía, decía: ‘mis hijos siempre han sido saludables, nunca me han dado trabajo, ¿por qué ahora están siempre enfermos?’ Yo respondía: mi amor, creo que será porque yo estoy cuidándolos como la madre que no han tenido. Ya les dije que no quiero ocupar el lugar de ella, pero ellos se empeñan en enfrentarse a mí; no quiero hacer intriga, pero mira como están enfermos.
De esta forma, hice que mi marido se pusiese en contra de sus hijos; este era mi propósito: sacar aquellas pestes de mi vida, ya no soportaba los llantos, las peleas, todo. Logré cambiar todo en aquella casa, no quería que nada recordase a la ‘finada’, que se llamaba Cecilia. Por eso cambié todos los criados; yo era una persona que si no me gustaba alguien o algo, buscaba la forma de cambiar, no quería saber si aquella persona iba a sufrir, si tenía familia; en fin, yo era muy mimada, las cosas tenían que hacerse a mi manera.

Dr. Osvaldo, cuando volví de la regresión, no conseguía dejar de llorar; pensé: ¿cómo he podido ser tan ruin, tan infantil con todos en aquella vida pasada? Yo me sentía la peor de las personas; realmente, merecía pasar todo lo que me estaba pasando en la vida presente.
Llegué a casa, mi hermanita benjamina estaba en el portal, la abracé con tanto amor y cariño, ella no comprendió nada, pero yo sabía lo que había hecho. Le dije: ‘te amo, hermanita querida, tú mereces todo lo mejor, mereces ser feliz, perdóname por todo lo que hice, por favor’. Ella me abrazó y nos pusimos a llorar. De la misma forma hice con mis otros dos hermanos: pedí perdón desde el fondo de mi corazón; por primera vez he visto a mi familia unida, sentí una gran alegría.
Todavía faltaba una sesión más, tenía que saber qué había pasado con mi marido de aquella existencia pasada.

En la última sesión, sentí en el consultorio un calor tan agradable, sentí también un aroma a rosas, vi un hombre y una mujer, estaban de blanco y en las ropas llevaban detalles que parecían de oro. Intuí que eran mi marido Alfonso de aquella vida pasada y su mujer, Cecilia, la que había fallecido; empecé a llorar, no era capaz de mirarlos, sentía vergüenza de lo que había hecho en el pasado, pedí perdón. Alfonso me dijo: ‘Mi querida y amada hermana, cómo has evolucionado, estamos tan felices por tu crecimiento, es a ti misma a quien debes pedir perdón, no a nosotros; somos tan solo compañeros de viaje, tan solo instrumentos para poder alcanzar la perfección, perdónate’. Cecilia tomó mis manos, pero me sentía tan cortada que no la miraba directamente; ella sonrió, pasó las manos por mi cara y me dijo: ¡Estás libre, mi niña; estamos aquí como hinchas por ti, ve y vive!

Dr. Osvaldo, usted me preguntó en aquella sesión si yo quería hacer alguna pregunta a la pareja; en verdad, yo solo agradecía, y un sentimiento de amor se adueñó de mí, pues realmente me sentía libre. Ellos agradecieron y los vi marcharse.
Así logré comprender que todo lo que me salía mal en la vida, en verdad, era mi alma quien lo reclamaba, o sea, era yo quien me lo exigía, me auto-castigaba por haber perjudicado a aquella familia de la vida pasada. Salí de su consultorio ligera, pues había obtenido la respuesta, había comprendido la causa de mi problema. Y ocurrió exactamente como usted me había dicho antes de empezar las sesiones de regresión, que ‘La Verdad Os Hará Libres’, como decía el maestro Jesucristo.

Dr. Osvaldo ya ha pasado un año desde la terminación de la terapia, y hoy mi vida es otra. Ya voy en el primer curso de la facultad de Psicología, he logrado un empleo en la empresa en que trabaja mi hermano, en el área de RH, también tengo novio, es un hombre muy bueno y recto, tenemos planeado casarnos a comienzos de 2010.

En fin, Dr. Osvaldo, estoy tan feliz, que me gustaría que todas las personas supiesen el cambio que esa terapia ha producido en mi vida. Si usted quiere le autorizo a publicar mi caso, pues tal como he sido beneficiada al leer el caso clínico que usted publicó en su Web, haciéndome con ello buscar esa terapia, creo que otras personas serán también beneficiadas al leer mi caso.

Agradezco a Dios, a la pareja Alfonso y Cecilia (mis mentores) y a usted; rezo para que tenga mucha salud y pueda continuar ayudando a un mayor número de personas. ¡Que Dios le bendiga!”

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Shimoda
é terapeuta especializado em Terapia de Regressão TRE, com foco em autoconhecimento, transformação emocional e integração de experiências de vida. Atende em seu consultório em São Paulo.
Site: www.osvaldoshimoda.com.br
Tel.: (11) 99286-4497 (agendamentos)
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