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¿Eres un sensitivo?


por Gisela Campiglia - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Ser sensitivo no es una cosa rara como muchos piensan, algunos prefieren usar la palabra médium y a otros les gusta denominar paranormales a tales personas. Pese a todo, el médium, aparte de poseer una sensibilidad aguzada, actúa como intermediario en la comunicación entre la dimensión espiritual y la material. Lo que diferencia a esos individuos es la profunda capacidad de percepción referente a la captación de energías.
Son personas que tienen facilidad para sentir la vibración contenida en objetos, lugares, situaciones y también en otras personas. Dependiendo del grado de sensibilidad, así como de la personalidad de esos sensitivos, es posible que sufran influencia de las energías captadas en su campo mental, emocional y físico.
Cuando el paranormal no tiene conciencia de su sensibilidad, fácilmente puede tornarse víctima de su propia naturaleza. Por ejemplo, al estar próximo a alguien que siente dolor de cabeza, el sensitivo asimila el dolor como si fuese suyo, acabando por ingerir analgésicos innecesariamente. Esa absorción no necesita la cercanía física para producirse, una simple conversación al teléfono, o una charla informal vía internet, también puede dar como resultado la influencia de las emociones de otra persona en su campo energético. Saber lidiar con esa habilidad natural define la calidad de vida del sensitivo, ya que, a fin de cuentas, ser afectado por la energía de las emociones y pensamientos ajenos puede llegar a convertirse en un verdadero tormento.

Una de las características comunes a ese tipo de personas es la dificultad para asistir a los trágicos noticieros vehiculados por la televisión, pues sienten los dolores del mundo con mayor intensidad, siendo invadidos por un verdadero tsunami psicoemocional. Frecuentar lugares atestados, como partidos de fútbol, centros comerciales y conciertos de rock puede ser muy desagradable, ya que la gran mezcolanza de energías les causa malestar. Comprar objetos usados en sitios como traperías y baratillos no es de su preferencia, pues sienten la energía del antiguo dueño. El desbarajuste en el hogar les molesta, pues causa sensación de peso y bloquea su energía que también queda en desorden. Muchos sensitivos no comen carne, no porque consideren desagradable su sabor, sino que esa preferencia se debe a la capacidad de sentir la energía de los alimentos, pues captan el sufrimiento del animal abatido que permanece impregnado en la carne.
En la tentativa de anestesiar el malestar causado por su hipersensibilidad, algunos de esos paranormales acaban entregándose a vicios, consumiendo drogas e ingiriendo bebidas alcohólicas en exceso; se trata de una forma inconsciente de autoprotección frente a las desagradables sensaciones captadas.
Esas personas necesitan momentos de soledad para interiorizarse, quedando así libres de influencias externas y reencontrando su centro. Los sitios en la naturaleza también son valorados por ellos, pues incluso de forma inconsciente, se limpian en esos lugares, sintiéndose revigorizados.

Pero los sensitivos no conviven únicamente con los aspectos negativos de su naturaleza. Esa sensibilidad tiene el poder de conducirlos por entre las falsedades del mundo hacia la verdad. Una ventaja inigualable es conseguir ver más allá de las apariencias ya a primera vista, es imposible mentirles. Identifican cuáles son las personas peligrosas, e igualmente las de buen corazón, seleccionando con calidad sus relaciones cercanas. Saben cosas que nunca les fueron dichas, ni tampoco estudiadas. Siempre que están en equilibrio, utilizan intuitivamente su capacidad optando por las mejores decisiones de vida. Perciben con facilidad la presencia de su ángel de la guarda y las vibraciones divinas, absorbiéndolas intensamente. Bien utilizado, ese don funciona como un verdadero guía de vida, una protección constante.

La personalidad del sensitivo encamina sus captaciones energéticas; ciertas personas que tienen por costumbre entrometerse en la vida ajena, o sea, personas que viven la mayor parte del tiempo interesadas en lo que está fuera de ellas, suelen funcionar como esponjas energéticas. Lo mismo ocurre con personas que viven centradas en sí, pero no saben decir no a los demás. La falta de práctica en fijar límites permite la constante invasión ajena en su vida; esa característica de su personalidad se refleja en que son fácilmente invadidas por interferencias energéticas externas.
La educación de esta sensibilidad aguzada es la solución para el sufrimiento de los sensitivos.
Estar enfocado en sí atrae esa sensibilidad hacia dentro, evitando las interferencias indeseadas. Estar enfocado en el exterior encamina la captación hacia fuera. Es el foco de su atención lo que guía la conexión. Aprendiendo a controlar cómo y cuándo usar esa habilidad, el sensitivo vivirá en paz, cosechando solamente los buenos frutos de su percepción aguzada.


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