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Esclavitud y Libertad

por WebMaster em STUM WORLD
Atualizado em 11/09/2012 11:33:40


por Renato Mayol - [email protected]

Traducción de Teresa - [email protected]

Al adentrarse en la materia, la chispa que todo lo podía se ha vuelto presa en el cuerpo físico, ha perdido su universalidad, y es víctima de las ilusiones que la mantienen prisionera. En el choque entre el espíritu y la materia, aprender a morir en vida es el difícil camino de la redención, que ha de ser recorrido mediante la práctica del desapego – primer paso hacia la libertad.

Desapegarse de las cosas materiales es no ser capaz siquiera de imaginar algo que pueda ser objeto del deseo. Es no estar interesado en el resultado de lo que se ha plantado. Es estar exento de toda necesidad. El desapego es una virtud de aquellas raras personas que han nacido para traer al mundo la Luz mayor, para iluminar e indicar la vía de salida a los buscadores. Para aquellos que aún tienen muchas hambres, víctimas del consumismo y de las marcas exclusivas, solo queda intentar hartarse hasta que algún día despierten para el encuentro consigo mismos. O hasta cuando, ayudados por los cambios que se verifican con el avanzar de los años, empiecen a percibir que la materia, como todo lo que tiene comienzo, tendrá inexorablemente un fin, y nada restará de lo que fue motivo de atracción, deseo o placer.
Más difícil que el desapego de cosas es desapegarse de aquellos que nos esclavizan por medio del chantaje emocional. Son los grilletes representados por los fardos de los intercambios de favores y de las obligaciones sociales y familiares que embotan el pensar y entorpecen la acción.

De esa forma, hasta llegar al grillete final que aprisiona al hombre, muchas son las luchas por la libertad en la búsqueda de la vía de salida. Es la lucha de los oprimidos contra los opresores. De los pobres contra los egoístas. De los humillados. De los enviciados. Es la lucha contra la angustia y el dolor. Es la lucha para liberarse de los deseos. Deseos que oscilan entre la incesante búsqueda de la liberación y la tolerancia a la propia hipnótica esclavitud. Es la lucha para liberarse de los miedos. Miedos que sostienen el imperio de la tiranía, del despotismo y de la crueldad, donde poder, ambición, dinero y gloria se convierten en fines en sí mismos. Miedos que son muy eficaces en la construcción de una moralidad hipócrita. Moralidad en que el corrupto y el deshonesto se justifican y se enaltecen bajo piel de cordero.

Es la esclavitud social. Esclavitud que nos envuelve por medio de referentes, haciendo más grandes y más fuertes los grilletes que nos someten, pues en este mundo, las aparentes realidades son tan variadas como los referentes donde alguien es capaz de situarse, adaptarse y conformarse. Referentes que solo sirven para atribuir importancia a cosas que no tienen ni importancia, ni sentido ni valor alguno, a no ser el de impedir el despertar de la percepción de aquello que se encuentra detrás de los velos.

Mientras el hombre pueda localizarse mediante algunas coordenadas espaciales y temporales, se sentirá seguro y feliz incluso dentro de su miseria. Con la falta de referentes, lo que parecía real puede deshacerse en un instante dejando al hombre perdido y con miedo. Miedo que ha de ser superado por quienes quieran encontrar una libertad exenta de parámetros.

Cuando, por la constante práctica del desapego, nos hallemos libres de la esclavitud de las preocupaciones y de los miedos de la desvirtuada vida en sociedad, será cuando percibamos que nuestro mayor carcelero es aquel que tiene nuestra propia cara, nuestro propio cuerpo y nuestra propia mente. En ese instante, el hombre se dará cuenta de que la salida de la prisión en que se encuentra se verificará cuando se produzca el cambio intrínseco de su ser. Únicamente por la propia transubstanciación puede el hombre hacerse capaz de aprehender la existencia de lo ilimitado y de lo atemporal, dejando entonces libre el espíritu para seguir su viaje al encuentro de lo Indescriptible.

Mientras esto no sucede, en el intermedio entre la salida de una celda y la entrada en otra, es dado al espíritu percibir aquello que lo mantuvo cautivo. En ese momento va entonces a programar nuevamente su próxima estancia en la prisión corporal, desde donde intentará una vez más y siempre, buscar la vía de salida hacia la eterna Libertad.


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