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ESPECIAL STUM: Sin las hojas, no hay nada


Domingo, día de sol y calor fuerte en São Paulo. Todo calmo en derredor; pocos coches por la calle, sus cláxones por fin descansando. Había despertado muy temprano y estaba un poco impaciente, sentía que había algo que hacer y que era importante.
El jueves, invitado por la querida Izabel Telles, había participado en otra preciosa constelación familiar como representante, como coadyuvante de un trabajo amoroso que libera nuestra alma – lastimada de alguna forma – para que vuele cada vez más libre y más alto. Aquel encuentro me había afectado mucho.
Marli, que había coordinado la reunión, estaba todavía en la ciudad y daría por terminado en ese día su ciclo de reuniones.
Bueno, el impulso de volver allí era demasiado fuerte y conseguí fácilmente convencer a Ian, mi hijo de 18 años, para disfrutar conmigo de algo diferente. Llegué muy temprano, pues no tenía informaciones sobre horarios ni si era necesaria la confirmación de asistencia.

Ocurre que he aprendido a confiar en el Universo y sé que cuando estamos escuchando nuestro corazón él está a nuestro lado, conspirando para nuestro beneficio y esta vez no fue diferente. No me asusté al darme cuenta de que la sala poco a poco se hacía pequeña en función del número de personas que llegaban; solamente me extrañó constatar que casi la mitad de los que estaban allí eran hombres, cosa inaudita, visto que normalmente el público está casi siempre formado por mujeres… y este es otro signo importante.

Cuando se inició el trabajo, pregunté a la facilitadora si había la posibilidad de que mi hijo y yo fuésemos atendidos y ella dijo que una persona había anulado su constelación, abriendo así espacio para nosotros.
Ya percibiendo la naturaleza del problema a contemplar, sugirió que observásemos atentamente el primer caso del día, que veía a una terapeuta tratando de resolver un complicado problema personal.
Y llegó nuestro turno…
Y yo… ¡yo que apostaba por tener resuelto casi todo lo que necesitaba!
Creo que las "cosas" suceden según nuestra capacidad para lidiar con ellas y que, cuanto más aptos estemos para absorber los impactos – con la conciencia más despierta –, más y más "plomo grueso", de esta o de otras vidas, surgirá por delante… sí, aún queda para largo.

Las heridas de la infância

Ni siquiera sé cómo explicar, pues al estar en el centro del torbellino, vivenciando nuevamente situaciones aún vivas y activas dentro de mí, en memorias lúcidas o en percepciones fuertes, me sentí completamente invadido, afectado y casi trastornado. Lágrimas, ríos de ellas, se desbordaban, aliviándome en el momento del peso de los descubrimientos, hasta entonces solamente visualizados por los recuerdos de conversaciones sobre aquellos tiempos de desesperación, en que dos críos pequeños (mi hermano mayor y yo, con nuestro padre distante, luchando bravamente en las montañas, en la Resistencia contra los nazis que invadieron el norte de Italia), conseguimos sobrevivir a todo. Llevábamos en nosotros, sin embargo, nuestras profundas cicatrices, carencias, rechazos, faltas u omisiones sufridas; situaciones generadas por la violencia latente, por la escasez de alimentos, de cariño y afecto, en medio de las incomprensibles locuras generadas por la guerra, que habían dejado profundas marcas en nosotros. En mi caso, inconscientemente, había pasado adelante, a mi querido hijo, una enorme carga emocional que no le pertenecía, pero que éste, por amor a mí, insistía en querer cargarla, como para aliviarme de mi pesado fardo…

Y en aquel momento se produjo un suceso mágico, inesperado… nunca antes había abrazado tan tiernamente, durante tanto tiempo y con tanto amor a esa criatura linda que se entregó a mis brazos y yo a los suyos…

Otros problemas que yo no había logrado aún plantear, en la andadura de la vida, salieron también a la superficie de forma clara, sencilla y serena.

El luto

El tiempo no cura las heridas.
Cuando mi padre vino a fallecer, en 1974, no me fue posible volver a Italia para despedirme de él. Recién casado, con un hijo pequeño, sin familiares cerca y con mi esposa que no hablaba portugués, no podía viajar solo, dejándolos aquí.
Tampoco podía pagar los pasajes para todos nosotros, por aquella época demasiado caros.
Y así quedó la cosa.

Sabiendo que mi padre no estaba presente en aquella sepultura en el cementerio de mi ciudad, siempre rehusé ir allí cuando volvía a mis raíces, aunque mi madre siempre me pidiera que fuese a "visitarlo". Mi padre está vivo en mi corazón, decía yo… sí, esto es verdad. No obstante, lo que es bueno para mí puede no serlo para los demás, y desde el domingo, tengo un compromiso con él. Ir a aquel cementerio tan pronto regrese allá y por fin, de forma muy apropiada, "dar por cerrado el luto".

Sí, te amo, querido padre, ahora y siempre.

Más bloqueos menores también fueron reconocidos, agradecidos y desatados de una vez. No es importante narrarlos aquí.

Pero es preciso que cuente de las nostálgicas canciones de cuna de los Indios, o las lindas melodías que, de repente, por la voz de Marli, inundaban la sala como parte del proceso de cura, tocando mi corazón y, creo, el de todos los presentes, haciéndonos vibrar y aportando alivio y confortación. A veces, ni siquiera era preciso comprender las palabras, cuando había palabras… se trataba de algo que, ciertamente, venía de otras esferas, que a todos emocionaba, nutría y abrigaba.
¿Lenguaje estelar?
Fue una catarsis colectiva. Nadie que haya estado allí ese día lo podrá olvidar. Estoy absolutamente seguro. Y yo ya no soy el mismo de antes.Profundo agradecimiento

Este feeling fue lo que manifesté, anteviendo lo que ocurriría después, cuando me fue preguntado (todos manifestaron su sentimiento mayor en aquel momento) qué sentía al comenzar la sesión. Pero no es solamente a Marli, Isabel, Gilce, Nathalie, María Emilia, y tantas otras mujeres maravillosas que abalizan e iluminan nuestro camino, a quienes envío mi profundo agradecimiento. Va también para nuestros antepasados que todo hicieron, dentro de sus posibilidades, para que aquí nosotros pudiésemos hacer nuestra parte… va directo para nuestros hijos e hijas, cada vez más despiertos, libres y asumiendo sus enormes responsabilidades ante la vida, y para todos los familiares y amigos con quienes compartimos nuestras tristezas y alegrías. Para nuestra Madre Tierra y sus reinos, sin los cuales aún estaríamos como polvo de estrellas, volitando en el éter, aguardando nuestro turno de posarnos en un lugar como este, que nos permitiese arrojar Luz sobre nuestras sombras, aliviar nuestras heridas y aprender de una vez a utilizar con suprema habilidad la herramienta mágica que a todo da vida y cura: el Amor.
Amor también por las hojas… ¡cómo me ha quedado grabado! Qué bálsamo, cuando aquella voz suave, encantadora y cautivante que resonaba por la sala, susurraba: "Sin hojas, no hay nada"…

Piensa en eso.
Sí, Somos uno Solo. Con Todo lo que hay, en cualquier tiempo y lugar.

Gracias. Muchas gracias a ti.
Somos uno Solo



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sergio
Sergio Scabia é co-fundador do Site Somos Todos UM
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