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¿Está en crisis la masculinidad?


por Flávio Bastos

Traducción de Teresa - [email protected]

​“Si un día tuvieses que elegir entre el mundo y el amor, recuerda: si eliges el mundo te quedarás sin el amor, pero si eliges el amor, con él conquistarás el mundo”. (Albert Einstein)​

Todos los diccionarios definen la masculinidad como la virilidad, una cualidad del hombre, o sea, que da idea de fuerza y energía propia del hombre másculo, viril. No obstante, en los últimos “veloces” años, esta condición heredada de los ancestros, que define el perfil masculino en la especie humana, parece pasar por una fase de alteración del paradigma conductual que acompaña desde hace milenios al individuo masculino.

¿Estaría pasando el hombre por una lenta mutación genética del género masculino, con efecto directo en su química hormonal? Considero no ser esta la situación que envuelve al hombre del siglo XXI, sino que es una alteración gradual en la forma de percibir, a partir de sí mismo, el mundo y su realidad circundante. Es una nueva mirada, en la cual la sensibilidad empieza a sustituir la antigua imagen del individuo masculino fuerte, agresivo, preparado para la lucha, pero insensible y brutalizado.

El cambio estaría sucediendo en la facultad de captar o transmitir impresiones capaces de producir emociones. Cosa que está, lentamente, aproximando lo masculino a lo femenino, es decir, el hombre a la mujer. Es decir: a partir del milenio en curso, la fase de transmutación del planeta Tierra da inicio a la Nueva Era, también denominada por estudiosos, holísticos y espiritualistas, Era de Cristal o Era de la Sensibilidad.

Por tanto, el hombre comienza a desarrollar y a manifestar una sensibilidad que era propia del sexo femenino y su larga historia de experiencia maternal. Y la energía del amor y del bien común, que acompaña la alteración energética del planeta, comienza a tener efecto sobre el individuo que, desde tiempos inmemoriales, presenta bloqueos en su forma de expresar sentimientos y emociones.

En la estela de la Nueva Era, el hombre moderno está llevando a cabo una lectura nueva respecto de su inserción en el universo, o sea, a partir de una mirada más profunda sobre sí mismo, sobre el otro y sobre el mundo que le rodea, él está percibiendo la inutilidad de la violencia implícita, de las guerras y de la brutalidad como herramientas de conquista personal y de evolución de la especie humana.

En esa dirección, recordemos el mensaje del gran educador Paulo Freire cuando registró en uno de sus libros que “la caricia nace del centro y confiere reposo, integración y confianza. Como la ternura, la caricia exige total altruismo, respeto y renuncia a cualquier otra intención que no sea la de la experiencia de querer bien y amar”. Pues la ternura, el cariño y otros atributos de la persona sensible, amorosa, empieza a formar parte del día a día del individuo del sexo masculino, si bien de forma un tanto tímida o puntual en las relaciones afectivas, y todavía menos en las relaciones sociales o profesionales.

Tal aprendizaje pasa por la práctica del “acto de dar” de la mujer: dar cariño, afecto y amor al hijo que ha engendrado en su vientre. Experiencia que el hombre, hasta entonces, percibía como “acto de recibir” de la mujer-madre, esposa o amante. En esta andadura, el hombre está aprendiendo con el sexo opuesto a también dar cariño, amor, y a elegir proteger, ser menos egoísta y abrirse a la vida.

El hombre moderno no está en crisis de identidad sexual, sino aprendiendo a conectarse de una forma directa con su propia esencia, con su alma en sintonía con la energía vital. Aprendiendo a compartir la vida de una forma más sensible y virtuosa con el semejante, y menos auto-afirmativa en el sentido de demostrar su masculinidad o poder, a partir del núcleo familiar.

La alteración del patrón mental y conductual del individuo masculino viene a remolque de la Era de la Sensibilidad. Es un proceso inexorable que independe de su voluntad, pues envuelve dimensiones aún desconocidas para el ser humano. Al hombre sólo le queda dejarse orientar por el foco de luz de la Nueva Era de transformaciones para el planeta Tierra y su gente.

La fase que experimentamos en este amanecer de milenio nos estimula al despertar de la consciencia interior, de la lucidez ante muchas situaciones de la vida, de revisar con inteligencia y sabiduría el poder de creer, de transformar realidades y de percibir el verdadero sentido de la existencia.

La era del predominio de sentimientos de amor acerca el hombre a la luz emitida por el sentimiento de compasión y de ternura de la mujer. Es el renacimiento del nuevo hombre a través del simbolismo de la madre-mujer, lo que aproxima los polos humanos a la Creación divina y restablece el equilibrio natural y la armonía en el planeta Tierra. Situación que contemplaría las expectativas de Charles Chaplin, una de las sensibilidades masculinas más exponentes del siglo XX: ​​“Pensamos demasiado. Sentimos muy poco. Necesitamos más la humildad que las máquinas. Más la bondad y la ternura que la inteligencia. Sin esto la vida se hará violenta y todo se perderá”.​


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